26-12-2024, 12:02 AM
(Última modificación: 26-12-2024, 12:03 AM por Yojimbo.
Razón: Restar la energía. Al ser el primer post no deja hacerlo antes de enviarlo.
)
Los acontecimientos recientes que había vivido mi banda parecían el preludio de algo que nos iba a perseguir durante toda nuestra travesía. Era normal, éramos piratas y teníamos recompensas por nuestras cabezas, y los Marines y el Gobierno buscarían cazarnos cada vez que tuvieran oportunidad. Y yo apenas había sido capaz de derrotar a un conejo en traje y estando acompañado de Tobías, quien salió con vida por los pelos... además, Aspros había decidido quedarse en Momoiro y éramos uno menos. Por suerte Sasha sabía manejar bien el barco, pero mi tripulación se tenía que hacer más fuerte y eso era algo obvio. Así mismo yo debía conseguir lo propio: ser mucho más fuerte.
Pasaba los días con un nubarrón negro sobre mi cabeza con la responsabilidad y la preocupación de ese dilema, su seguridad, nuestro rumbo y nuestros perseguidores, y había llegado a una conclusión: Tenía que atajar el problema y arrancarlo de raíz.
Sabía, por lo que había comentado la tripulación, que una división de Marines había sido la responsable de dar el reporte de nuestra situación y ubicación y eso había traído ante nosotros al grupo que nos había masacrado, y según lo que Garnet había comentado estos estaban a las órdenes de un tal Comodoro Joe. Por lo que me había dicho Triana, era un hombre que había estado con nosotros en los Cabos Gemelos y posteriormente en Skypiea, así que parecía alguien que nos iba siguiendo la pista y esperando el momento perfecto para tendernos una emboscada. Pero no lo lograría si yo lo hacía antes. Debía interceptarlo y acabar con él para que su división estuvieran sin líder y sin capacidad de perseguirnos, y darles esquinazo en la siguiente isla. Una vez arrancada la cabeza de la serpiente, el resto del cuerpo se agitaría y sacudiría erráticamente.
Me pasé unos cuantos días tratando de averiguar algo más sobre este hombre y esta gente en esta isla, y llegué a un único punto: El Comodoro estaba aislado del resto del grupo en la biblioteca del suburbio subterráneo. Mejor, así la tumba estaría ya cavada.
Aquel día abandoné la compañía de mi tripulación sin advertir nada a nadie, sólo dejando una nota con las palabras "Os encontraré" entre mis pertenencias, o eso creía yo pues al no saber leer ni escribir, quizá hice un dibujo. Algo que retiraría cuando volviese, pero que estaba ahí por prevenir y por precaución, por si tenía que escapar y llevarme conmigo a aquel tipo para que dejasen de perseguir a mis nakamas.
Tras recorrer la distancia pertinente, con las llamas de mis hombros retraídas en mi interior para no hacer ruido y una gran capa negra con capucha cubriéndome por completo, me dirigí hacia la biblioteca, ignorando al hombre mayor de la entrada y deslizándome con tranquilidad entre las estanterías, más grandes que yo mismo, hasta que pude ver a aquel hombre, de espaldas a mi, golpeándose con la mano abierta la cara, y caminando hacia una pequeña mesa más adelante. Estaba tranquilo y relajado pero, a cuenta de su uniforme y su barba, deduje haciendo todo el uso que podía de mi sesera reseca, esforzándome por razonarlo, que era el hombre que buscaba, así que seguí sus pasos tratando de encajarlos con los míos y para cuando quiso girar y virar su dirección, mirando de reojo aquel periódico, chocó con mi torso frente a su cara.
-Marine- dije mientras levantaba las manos para quitarme la capucha y dejar caer hacia atrás la capa, estirando mis alas de lado a lado para aumentar mi envergadura y emitir una imagen más aterradora, moviendo un poco el hombro derecho a tiempo que las llamas de mis hombros salían de mi cuerpo de súbito y con fuerza -¿Sabes quien soy?- pregunté mirando hacia abajo, hacia su cabeza, bajando mis manos y apretando mis puños, de los que brotó una llamarada idéntica y los envolvió en tal elemento. El crepitar de las flamas rompía el silencio de la biblioteca. Mi pregunta, aunque en un tono tranquilo, resonó con un ligero eco y se perdió entre los pasillos de sabiduría de aquel lugar, esperando su respuesta.
Pasaba los días con un nubarrón negro sobre mi cabeza con la responsabilidad y la preocupación de ese dilema, su seguridad, nuestro rumbo y nuestros perseguidores, y había llegado a una conclusión: Tenía que atajar el problema y arrancarlo de raíz.
Sabía, por lo que había comentado la tripulación, que una división de Marines había sido la responsable de dar el reporte de nuestra situación y ubicación y eso había traído ante nosotros al grupo que nos había masacrado, y según lo que Garnet había comentado estos estaban a las órdenes de un tal Comodoro Joe. Por lo que me había dicho Triana, era un hombre que había estado con nosotros en los Cabos Gemelos y posteriormente en Skypiea, así que parecía alguien que nos iba siguiendo la pista y esperando el momento perfecto para tendernos una emboscada. Pero no lo lograría si yo lo hacía antes. Debía interceptarlo y acabar con él para que su división estuvieran sin líder y sin capacidad de perseguirnos, y darles esquinazo en la siguiente isla. Una vez arrancada la cabeza de la serpiente, el resto del cuerpo se agitaría y sacudiría erráticamente.
Me pasé unos cuantos días tratando de averiguar algo más sobre este hombre y esta gente en esta isla, y llegué a un único punto: El Comodoro estaba aislado del resto del grupo en la biblioteca del suburbio subterráneo. Mejor, así la tumba estaría ya cavada.
Aquel día abandoné la compañía de mi tripulación sin advertir nada a nadie, sólo dejando una nota con las palabras "Os encontraré" entre mis pertenencias, o eso creía yo pues al no saber leer ni escribir, quizá hice un dibujo. Algo que retiraría cuando volviese, pero que estaba ahí por prevenir y por precaución, por si tenía que escapar y llevarme conmigo a aquel tipo para que dejasen de perseguir a mis nakamas.
Tras recorrer la distancia pertinente, con las llamas de mis hombros retraídas en mi interior para no hacer ruido y una gran capa negra con capucha cubriéndome por completo, me dirigí hacia la biblioteca, ignorando al hombre mayor de la entrada y deslizándome con tranquilidad entre las estanterías, más grandes que yo mismo, hasta que pude ver a aquel hombre, de espaldas a mi, golpeándose con la mano abierta la cara, y caminando hacia una pequeña mesa más adelante. Estaba tranquilo y relajado pero, a cuenta de su uniforme y su barba, deduje haciendo todo el uso que podía de mi sesera reseca, esforzándome por razonarlo, que era el hombre que buscaba, así que seguí sus pasos tratando de encajarlos con los míos y para cuando quiso girar y virar su dirección, mirando de reojo aquel periódico, chocó con mi torso frente a su cara.
-Marine- dije mientras levantaba las manos para quitarme la capucha y dejar caer hacia atrás la capa, estirando mis alas de lado a lado para aumentar mi envergadura y emitir una imagen más aterradora, moviendo un poco el hombro derecho a tiempo que las llamas de mis hombros salían de mi cuerpo de súbito y con fuerza -¿Sabes quien soy?- pregunté mirando hacia abajo, hacia su cabeza, bajando mis manos y apretando mis puños, de los que brotó una llamarada idéntica y los envolvió en tal elemento. El crepitar de las flamas rompía el silencio de la biblioteca. Mi pregunta, aunque en un tono tranquilo, resonó con un ligero eco y se perdió entre los pasillos de sabiduría de aquel lugar, esperando su respuesta.
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