27-12-2024, 12:09 AM
(Última modificación: 08-01-2025, 10:37 PM por Charlotte Lyra.)
El sueño de Charel fue profundo, soñó con su casa, con su familia, era un sueño reconfortante, del que le costó salir, hasta que oyó a la lejanía los pasos de un semigigante, que hizo temblar el suelo, y con ello el árbol en el que ella descansaba.
Con ojos somnolientos levantó la mitad superior del cuerpo y miró al cielo para saber qué hora sería. Era tremendamente tarde, bajó de un salto del árbol. ¿Por qué le habían dejado dormir tanto? Un momento les había pedido acaso que la despertaran? Bueno siendo justos suponía que si Pralder se levantaba ella al menos se enteraría.
Entonces se dio cuenta de que Pralder venía a lo lejos, y se acercó corriendo a él. Jadeando por el esfuerzo y el sobresalto de despertarse le preguntó:
- Pralder, ¿Por qué no me habéis despertado? ¿Dónde has estado? ¿Y Casca?
Pralder se rió, no sabía si por su repentina prisa o por el desorden en su pelo, la bajada del árbol quizás había sido un poco más accidentada de lo que pretendía.
Le dijo que se tranquilizara, que Casca había madrugado, pero que estaría en su lugar cuando comenzara la función, también le contó su conversación con la dueña de la taberna.
Charel empezó a sudar frío, solo se podía imaginar a sus compañeros y a ella misma nadando en pescado no demasiado fresco, esta noche debería dar todo de sí. No le preocupaba tanto la parte del baile, ni siquiera la de acercarse al pirata, eso se le daba bien, había ensayado y cultivado una amplia experiencia en ambas tareas a lo largo de su vida.
Pero había una parte que sí le preocupaba, para que el plan tuviera éxito debería hacer que el pirata bebiera mucho, pero con una importante limitación, ella no debía beber, y es que el alcohol le hacía efecto demasiado rápido, solo lo había probado una vez, y el resto del día, varios años después seguía siendo un misterio.
La única solución que se le ocurría, era además de ensayar todas las frases educadas para rehusar una bebida, hablar con Rona y que no le sirviera algo demasiado fuerte. De todas formas sería inteligente acercarse a la posada, ver un poco la disposición del salón, así como las posibles vías de escape del pirata, y aún estaba pendiente determinar dónde le esperaría Pralder, ya que Casca parecía tener su lugar claro.
Así que le dijo a Pralder de ir a la posada y que le presentara a su amiga Rona, para así poder tratar con ella esos detalles. Pralder aceptó de buena gana, aún riendo entre dientes por el aspecto de su amiga, algo que Charel arreglaría en el camino a “El Vigía”.
Una vez en la posada Pralder saludó a Rona, y presentó a Charel:
- Que chica más tierna, pero cómo vas a ser tú la bailarina muchacha, los hombres de aquí te van a comer
.
- Por desgracia a eso estoy ya acostumbrada- mintió- Pero hay algo a lo que no me acostumbro. Cuando termino la actuación me suelo quedar por la taberna, y muchos clientes me invitan a copas, pero no se me da bien beber.
- Eso es sin duda un problema, pero no sé que quieres que haga una tabernera honrada como yo.
- Nada deshonesto sin duda, solo que si algún cliente tiene la amabilidad de invitarme a alguna copa con alcohol... bueno podrías servirme algo suave, no alcohólico, y cobrarle la copa que ha pedido. De esa forma no eres deshonesta con el cliente, y solo estás protegiendo a una joven bailarina, pocas cosas me imagino más justas y honestas.
- ¡Nahahahaha! Me caes bien pequeña pilla, sin duda es un trato que me beneficia, ya veo que tienes la astucia necesaria que hacen falta para sobrevivir en este mundo, sólo por eso te haré caso.
- Muchas gracias Rona, es un placer hacer negocios con alguien tan magnánimo
Se estrecharon la mano y Charel y Pralder salieron a la calle, tocaba inspeccionar la zona, el sol ya empezaba a ponerse, en pocas horas tendría que comenzar a bailar y aún no estaba claro dónde debería ponerse Pralder.
Como si su amigo hubiera escuchado sus dudas, Charel escuchó el sonido de una teja deslizándose levemente, miró al tejado de la posada y allí lo vio, era Casca tomando posición, de no ser por su oído fino no habría reparado en él, como les sucedía al resto de viandantes.
Entonces entendió lo que pretendía su amigo, había un tragaluz en el tejado, así la tendría vigilada, a la vez que con su rifle, que Charel acababa de ver por primera vez, podría disparar al pirata si intentaba escapar.
“Pero desde ese ángulo, solo podrá dispararle si huye en dirección al puerto...” Ahí lo tenía, el punto débil del plan, había una dirección que no estaba cubierta, las callejuelas paralelas de la taberna, si no fuera al puerta.
No podía colocar a Pradler ahí eran muchas calles estrechas, no podría cubrirlas todas.
- Tenemos un problema.
Le explicó su línea de pensamiento a Pradler, sin ver ninguna solución, si el pirata escapaba en la dirección no prevista, todo se acababa.
- ¡Keehkekeke! Eso no es ningún problema Charel, conozco un poco este pueblo, esas callejuelas acaban en una pequeña plaza a dos manzanas, si quieres que les impida huir, creo que ese puede ser es el mejor sitio para hacerlo.
Eso era lo que los hacía un equipo, no solo se preocupaban los unos por los otros, aún cuando llevaban poco tiempo juntos, si no que además cada uno cubría las debilidades de los demás, la esperanza inundó el corazón de Charel y abrazó la pierna de Pralder, el plan podría funcionar, y todos podrían cumplir sus objetivos.
Con esa esperanza, cada uno se dirigió a sus puestos, Pralder a la pequeña plaza, Casca ya estaba en su tejado, solo quedaba que ella se cambiara y comenzara su actuación, y así lo hizo, se dirigió al interior de la taberna, donde pudo peinar un poco más su melena rosa, ponerse su traje de bailarina y coger su cinta, dejando su látigo a mano por si le hiciera falta.
Se encaminó al escenario, dispuesta a dar un espectáculo que ninguno de los presentes pudiera olvidar en su vida.
Con ojos somnolientos levantó la mitad superior del cuerpo y miró al cielo para saber qué hora sería. Era tremendamente tarde, bajó de un salto del árbol. ¿Por qué le habían dejado dormir tanto? Un momento les había pedido acaso que la despertaran? Bueno siendo justos suponía que si Pralder se levantaba ella al menos se enteraría.
Entonces se dio cuenta de que Pralder venía a lo lejos, y se acercó corriendo a él. Jadeando por el esfuerzo y el sobresalto de despertarse le preguntó:
- Pralder, ¿Por qué no me habéis despertado? ¿Dónde has estado? ¿Y Casca?
Pralder se rió, no sabía si por su repentina prisa o por el desorden en su pelo, la bajada del árbol quizás había sido un poco más accidentada de lo que pretendía.
Le dijo que se tranquilizara, que Casca había madrugado, pero que estaría en su lugar cuando comenzara la función, también le contó su conversación con la dueña de la taberna.
Charel empezó a sudar frío, solo se podía imaginar a sus compañeros y a ella misma nadando en pescado no demasiado fresco, esta noche debería dar todo de sí. No le preocupaba tanto la parte del baile, ni siquiera la de acercarse al pirata, eso se le daba bien, había ensayado y cultivado una amplia experiencia en ambas tareas a lo largo de su vida.
Pero había una parte que sí le preocupaba, para que el plan tuviera éxito debería hacer que el pirata bebiera mucho, pero con una importante limitación, ella no debía beber, y es que el alcohol le hacía efecto demasiado rápido, solo lo había probado una vez, y el resto del día, varios años después seguía siendo un misterio.
La única solución que se le ocurría, era además de ensayar todas las frases educadas para rehusar una bebida, hablar con Rona y que no le sirviera algo demasiado fuerte. De todas formas sería inteligente acercarse a la posada, ver un poco la disposición del salón, así como las posibles vías de escape del pirata, y aún estaba pendiente determinar dónde le esperaría Pralder, ya que Casca parecía tener su lugar claro.
Así que le dijo a Pralder de ir a la posada y que le presentara a su amiga Rona, para así poder tratar con ella esos detalles. Pralder aceptó de buena gana, aún riendo entre dientes por el aspecto de su amiga, algo que Charel arreglaría en el camino a “El Vigía”.
Una vez en la posada Pralder saludó a Rona, y presentó a Charel:
- Que chica más tierna, pero cómo vas a ser tú la bailarina muchacha, los hombres de aquí te van a comer
.
- Por desgracia a eso estoy ya acostumbrada- mintió- Pero hay algo a lo que no me acostumbro. Cuando termino la actuación me suelo quedar por la taberna, y muchos clientes me invitan a copas, pero no se me da bien beber.
- Eso es sin duda un problema, pero no sé que quieres que haga una tabernera honrada como yo.
- Nada deshonesto sin duda, solo que si algún cliente tiene la amabilidad de invitarme a alguna copa con alcohol... bueno podrías servirme algo suave, no alcohólico, y cobrarle la copa que ha pedido. De esa forma no eres deshonesta con el cliente, y solo estás protegiendo a una joven bailarina, pocas cosas me imagino más justas y honestas.
- ¡Nahahahaha! Me caes bien pequeña pilla, sin duda es un trato que me beneficia, ya veo que tienes la astucia necesaria que hacen falta para sobrevivir en este mundo, sólo por eso te haré caso.
- Muchas gracias Rona, es un placer hacer negocios con alguien tan magnánimo
Se estrecharon la mano y Charel y Pralder salieron a la calle, tocaba inspeccionar la zona, el sol ya empezaba a ponerse, en pocas horas tendría que comenzar a bailar y aún no estaba claro dónde debería ponerse Pralder.
Como si su amigo hubiera escuchado sus dudas, Charel escuchó el sonido de una teja deslizándose levemente, miró al tejado de la posada y allí lo vio, era Casca tomando posición, de no ser por su oído fino no habría reparado en él, como les sucedía al resto de viandantes.
Entonces entendió lo que pretendía su amigo, había un tragaluz en el tejado, así la tendría vigilada, a la vez que con su rifle, que Charel acababa de ver por primera vez, podría disparar al pirata si intentaba escapar.
“Pero desde ese ángulo, solo podrá dispararle si huye en dirección al puerto...” Ahí lo tenía, el punto débil del plan, había una dirección que no estaba cubierta, las callejuelas paralelas de la taberna, si no fuera al puerta.
No podía colocar a Pradler ahí eran muchas calles estrechas, no podría cubrirlas todas.
- Tenemos un problema.
Le explicó su línea de pensamiento a Pradler, sin ver ninguna solución, si el pirata escapaba en la dirección no prevista, todo se acababa.
- ¡Keehkekeke! Eso no es ningún problema Charel, conozco un poco este pueblo, esas callejuelas acaban en una pequeña plaza a dos manzanas, si quieres que les impida huir, creo que ese puede ser es el mejor sitio para hacerlo.
Eso era lo que los hacía un equipo, no solo se preocupaban los unos por los otros, aún cuando llevaban poco tiempo juntos, si no que además cada uno cubría las debilidades de los demás, la esperanza inundó el corazón de Charel y abrazó la pierna de Pralder, el plan podría funcionar, y todos podrían cumplir sus objetivos.
Con esa esperanza, cada uno se dirigió a sus puestos, Pralder a la pequeña plaza, Casca ya estaba en su tejado, solo quedaba que ella se cambiara y comenzara su actuación, y así lo hizo, se dirigió al interior de la taberna, donde pudo peinar un poco más su melena rosa, ponerse su traje de bailarina y coger su cinta, dejando su látigo a mano por si le hiciera falta.
Se encaminó al escenario, dispuesta a dar un espectáculo que ninguno de los presentes pudiera olvidar en su vida.
