30-12-2024, 05:34 PM
Muy a mi pesar, los días seguían pasando lentamente encerrados en aquella isla túnel. Parecíamos hormigas y eso me recordaba a una pequeña historia de terror que escuché de niño, en la que un hormiguero era liderado por un leprechaun pelirrojo llamado Paul Scooter, cuyos actos infames le llevaban a usar a sus hormigas para traerle mujeres jóvenes. Una puta mierda vaya. No sé cuáles eran los planes para la División 21 pero la verdad es que ya me apetecía irme de ese sitio, necesitaba ver la luz del sol, ver la amplitud del océano y respirar aire fresco y limpio, por muy seguros que fuesen los refugios subterráneos.
El entrenamiento del waki del otro día había salido mejor de lo esperado y para mantenerme activo, lo fui practicando por mi cuenta en el polideportivo del poblado, intentando no destrozar nada. No sólo eso, sino que además parecía que ese entrenamiento fue limando alguna que otra aspereza en la relación del grupo. No estuvimos todos pero era un paso, al menos no fue tan caótico como en el comienzo.
En esta ocasión Karl nos había vuelto a convocar. En el último entrenamiento mencionó que nos faltaba por aprender el waki de la observación y por lo tanto, eso sería nuestra tarea para el día de hoy. No tenía ni idea de qué trataría ese waki de la observación... si el waki era canalizar nuestra energía a través de nuestro cuerpo y manifestarla... ¿el waki de la observación sería canalizar la energía hacia los ojos? ¿aprenderíamos a lanzar rayos láser por ellos o algo así?. La idea sonaba un tanto extraña pero cualquier truco nuevo siempre era bienvenido.
Como la última vez, volví a prepararme para ir al punto de encuentro. Me vestí con mi pantalón blanco de capoeira trirrayado en los laterales, la cuerda morada trenzada a mi cadera y los respectivos vendajes tanto en los pies como en las manos. Como en esta ocasión nos tocaba salir fuera del refugio, me vestí también con una sudadera negra porque el ambiente del exterior era poco saludable. Para no llegar tarde, salí vestido y preparado del lugar de hospedaje sin desayunar, avanzando por los diversos túneles y galerías de la isla, con mi mochila y el skate acoplado a mi espalda.
Vislumbrado ya el final del túnel que accedía el refugio, me subí la capucha de la sudadera recubriendo mi cabeza y tapando mi pelo. La sucia atmósfera que recurría el lugar podría llenármelo de mierda y honestamente, no me apetecía. Salir del túnel y sentir el contraste entre luz artificial y la luz solar del día me cegaría completamente hasta que mis pupilas se adaptasen al cambio... o eso sería de no ser porque una vez más, el día allí era lúgubre, triste y decadente. Una puta mierda que iba en conjunto a la misma puta mierda que recorría toda la costa y la zona.
Por suerte no olía nada de lo que rodeaba el exterior pero sí que no tardé en sentir cómo la nariz se me irritaba al respirar los gases de la zona, haciendo que todo fuese muy incómodo para mí. Era como notar un picor, acompañado de un ligero dolor, que por mucho que te rascases no se iba nunca. Menos mal que en el fondo era un genio incomprendido y como los tiempos duros hacen hombres fuertes, se me ocurrió una forma de lidiar con todo eso. Como si de un artesano experimentado fuese, coloqué mis manos en los laterales de mi cabeza y generé arena, cubriendo toda mi cabeza con ella y dejando dos agujeritos en los ojos para ver.
Transformé mi tren inferior en arena y salí volando hacia el barco de los zodiacool, el lugar al que Karl nos convocó. Yo seguía sin saber quiénes eran los zodiacool esos pero si tenían un barco para ellos, eso me hacía entender que eran gente importante. No tardé en llegar gracias a la ventaja que me daba poder avanzar por el aire y, tras otear desde lejos a Fuguwu y Karl en la cubierta del barco, descendí hacia ella, haciendo que la arena que me impulsaba volviese a tomar la forma de mis piernas nada más tocar el suelo para asi caminar hasta mis compañeros. — Cowabunga — dije a modo de saludo, meneando levemente mis puños con sólo los pulgares y los meñiques extendidos. Aunque la verdad es que presentándome con la cara metida en una pelota de arena, seguramente sólo escucharían un ruido extraño.
El entrenamiento del waki del otro día había salido mejor de lo esperado y para mantenerme activo, lo fui practicando por mi cuenta en el polideportivo del poblado, intentando no destrozar nada. No sólo eso, sino que además parecía que ese entrenamiento fue limando alguna que otra aspereza en la relación del grupo. No estuvimos todos pero era un paso, al menos no fue tan caótico como en el comienzo.
En esta ocasión Karl nos había vuelto a convocar. En el último entrenamiento mencionó que nos faltaba por aprender el waki de la observación y por lo tanto, eso sería nuestra tarea para el día de hoy. No tenía ni idea de qué trataría ese waki de la observación... si el waki era canalizar nuestra energía a través de nuestro cuerpo y manifestarla... ¿el waki de la observación sería canalizar la energía hacia los ojos? ¿aprenderíamos a lanzar rayos láser por ellos o algo así?. La idea sonaba un tanto extraña pero cualquier truco nuevo siempre era bienvenido.
Como la última vez, volví a prepararme para ir al punto de encuentro. Me vestí con mi pantalón blanco de capoeira trirrayado en los laterales, la cuerda morada trenzada a mi cadera y los respectivos vendajes tanto en los pies como en las manos. Como en esta ocasión nos tocaba salir fuera del refugio, me vestí también con una sudadera negra porque el ambiente del exterior era poco saludable. Para no llegar tarde, salí vestido y preparado del lugar de hospedaje sin desayunar, avanzando por los diversos túneles y galerías de la isla, con mi mochila y el skate acoplado a mi espalda.
Vislumbrado ya el final del túnel que accedía el refugio, me subí la capucha de la sudadera recubriendo mi cabeza y tapando mi pelo. La sucia atmósfera que recurría el lugar podría llenármelo de mierda y honestamente, no me apetecía. Salir del túnel y sentir el contraste entre luz artificial y la luz solar del día me cegaría completamente hasta que mis pupilas se adaptasen al cambio... o eso sería de no ser porque una vez más, el día allí era lúgubre, triste y decadente. Una puta mierda que iba en conjunto a la misma puta mierda que recorría toda la costa y la zona.
Por suerte no olía nada de lo que rodeaba el exterior pero sí que no tardé en sentir cómo la nariz se me irritaba al respirar los gases de la zona, haciendo que todo fuese muy incómodo para mí. Era como notar un picor, acompañado de un ligero dolor, que por mucho que te rascases no se iba nunca. Menos mal que en el fondo era un genio incomprendido y como los tiempos duros hacen hombres fuertes, se me ocurrió una forma de lidiar con todo eso. Como si de un artesano experimentado fuese, coloqué mis manos en los laterales de mi cabeza y generé arena, cubriendo toda mi cabeza con ella y dejando dos agujeritos en los ojos para ver.
Transformé mi tren inferior en arena y salí volando hacia el barco de los zodiacool, el lugar al que Karl nos convocó. Yo seguía sin saber quiénes eran los zodiacool esos pero si tenían un barco para ellos, eso me hacía entender que eran gente importante. No tardé en llegar gracias a la ventaja que me daba poder avanzar por el aire y, tras otear desde lejos a Fuguwu y Karl en la cubierta del barco, descendí hacia ella, haciendo que la arena que me impulsaba volviese a tomar la forma de mis piernas nada más tocar el suelo para asi caminar hasta mis compañeros. — Cowabunga — dije a modo de saludo, meneando levemente mis puños con sólo los pulgares y los meñiques extendidos. Aunque la verdad es que presentándome con la cara metida en una pelota de arena, seguramente sólo escucharían un ruido extraño.
Resumen
Karmas
Inventario
