Leyenda (Guía de color)
- ¿Navegar barcos? - pregunté, con cierta curiosidad - A mí eso de la navegación se me da muy bien, a decir verdad - asentí, mientras seguía caminando. El tipo de las alas, el cual parecía que sí que empezaba a tener frío, dijo que se llamaba Artur y que también tenía hambre - ¿Un viaje sin vuelta hacia la muerte? - me pregunté a mí mismo, al escuchar las palabras del oso de la gabardina. Todavía se me hacía raro pensar en que aquel oso estuviera hablando. Es verdad que, tras tantos años con mis pequeñines había empezado a entender lo que querían decirme, casi tanto como si me estuvieran hablando directamente, pero normalmente la gente no los entendía - ¿En qué clase de secta estarán metidos estos? - miré de reojo al tipo de los cuernos. Ahora que lo pensaba con detenimiento, aquellos ropajes andrajosos que llevaba parecían una especie de sotana - Secta religiosa, lo sabía - asentí. Pero, ¿Qué podría lleva a una secta religiosa a destruir un cuartel de la marina? - Ah, claro, seguramente sea para que les den más subvenciones... aunque, ya les dan bastantes... bastantes más de las que deberían, a decir verdad
Escuché entonces una voz conocida. A pesar de la distancia y lo distorsionada que esta sonaba debido a las estrechas calles por las que iba rebotando, pude identificar a la perfección algunas de las palabras - ¡Por aquí! - dije y salté, rebotando en una de las paredes para avanzar más rápido. Primera intersección a la derecha, segunda a la izquierda y ahí estaba el puesto de comida ambulante que estaba deseando encontrar.
- Así que aquí estabas - asentí, acercándome al puesto de comida mientras me frotaba las manos - Menos mal que cocinas al aire libre y he podido seguir el olor de esas pechugas hasta aquí - afirmé. La mujer se alejó entonces de los fogones, acercándose a donde me encontraba. Era una mujer realmente enorme, que medía cuatro veces lo que yo, si no más. Su pelo morado estaba recogido en un moño, tal y como lo llevaba siempre - Qué vas a oler tú si ni siquiera serías capaz de decirme si eso que he puesto a freír es comida o una piedra - respondió, sacando el cazo de la cazuela y señalándome con él, haciendo que varias gotas de la sopa cayeran sobre la barra a mi lado - IS IS IS IS, perdón, perdón. Te estaba tomando el pelo. Te he escuchado reírte - confesé - Deberías hacértelo mirar... perdona ¿cómo te llamabas? - preguntó, con una sonrisa, dando un par de vueltas con el cazo en el aire - Ya te lo he dicho mil veces Eva, me llamo Korg. Ca, o, erre. ge... Korg. Apúntalo, que no es la primera vez que vengo - la fea mujer se echó a reír, volviendo a depositar el cazo en su sitio, removiendo la sopa de carne - BA BA BA BA Claro que me acuerdo ¿Cómo iba a olvidar a uno de mis clientes habituales? Solo te estaba tomando el pelo, y eso que no tienes mucho - no pude evitar echarme a reír yo también - Y bien, ¿qué queréis comer? Cocino de todo menos marisco - preguntó, levantando la mirada para ver al resto de especímenes con los que había salido de la prisión - Es verdad, no os he presentado. Esta es Eva. Eva Rocito, la mejor cocinera que podéis encontrar en zona de ¿dónde estábamos? - me quedé unos instantes en silencio, pensativo - Bah, da igual. Yo voy a pedir pechuga empanada con patatas y ¿vosotros?
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