03-01-2025, 11:00 PM
Viento en popa a toda vela. Cada vez se sentía más cómodo controlando el Haki de observación. Una cálida sensación de alegría atravesó al carpintero gracias a las palmadas que su hermano le dio en la espalda. El músico no permitió que la impaciencia del vaquero le arrancase la preguntita de marras, la siguiente y última prueba, se podía decir que era el examen final. Ahora había que hilar más fino, ver cuantas de esas criaturas acuáticas eran más fuertes que el resto. Tobías sonrió, contando el número total, ya se había fijado en que no todas eran iguales. El vaquero había contado, por lo menos, cinco especies distintas, bueno, igual no eran especies sino tamaños y géneros. La cuestión es que le habían llamado la atención tres de esas treinta y un criaturas, por la intensidad de su aura.
Tobías no quería terminar tan rápido, quería analizar de nuevo el lago de manera más minuciosa, no fuera a ser que hubiera dado por hecho el ejercicio sin más. Además quería practica ahora que le había cogido el tranquillo al Haki de observación. No le faltaron ganas de sentarse en el suelo, pero se mantuvo de pie, sin moverse del lugar donde había permanecido los últimos minutos. Quiso probar algo distinto, mantener los ojos abiertos, así ser capaz de eludir los estímulos visuales irrelevantes. En un combate real no podría permitirse el lujo de cerrar los ojos, al menos de momento. Si, el Haki servía para ver lo que los ojos no son capaces de percibir y era más fácil prestar atención a ello aparcando los sentidos, pero debía ser capaz de distinguir e interpretar toda la información posible, discriminando correctamente. El joven barba naranja exhaló despacio y comenzó a controlar la respiración conscientemente. Poco a poco fue extendiendo su Haki de observación hasta sobrepasar las dimensiones del lago. No tardaron en ir apareciendo las lucecitas, a la vez que aumentaba su nivel de concentración. Como había logrado ver anteriormente, había tres que destacaban por encima del resto, tres criaturas que claramente ocupaban la cúspide de la pirámide del ecosistema. Algo más atrajo su atención, a su espalda, el aura de Garnet cambió de color, al mismo tiempo que se le acercaba por la espalda. Parecía nerviosos e inseguro, la duda lo acompañaba. Con delicadeza, aproximo su cabeza a la del carpintero, tanto que sus labios casi rozaron su oreja. El mensaje que le transmitió heló la sangre del joven barba naranja, no podía ser cierto. Tobías se mantuvo estoico, analizando el contenido de lo que se acababa de anunciar. Tras unos segundos dándole vueltas, aquello sólo podía ser una treta de su compañero y maestro, un intento de desestabilizarlo mentalmente, con la intención de mostrarle que en un combate real podrían surgir distracciones varias.
- Tres, hay tres bichos muy superiores al resto. - Tobías se limitó a responder la pregunta inicial y finalizar así su entrenamiento. - Buen intento de murga colega, jish jish jish. Casi me lo trago, igual te hubiera funcionado mejor otra cosa. ¿Pero eso? No hay quien se lo trague tío. - Tobías se giró hacia su compañero para ver la cara que se le había quedado al frustrar su bromita. - Ale, vamos al barco que la peque debe estar hambrienta. Y muchas gracias, otra vez, por haberte quedado para terminar mi entrenamiento. - El vaquero colocó su mano izquierda sobre el hombro derecho del pelirrojo dedicándole una amable sonrisa, pero la cara que vio comenzó a provocar una intranquilidad impropia del calmado pistolero. No podía ser verdad lo que acababa de decir, aún así, su rostro parecía ruborizado. "No me jodas, Garnet." Las piernas del carpintero comenzaron a temblarle incontrolablemente. ¿Y si era cierta esa afirmación?
Tobías no quería terminar tan rápido, quería analizar de nuevo el lago de manera más minuciosa, no fuera a ser que hubiera dado por hecho el ejercicio sin más. Además quería practica ahora que le había cogido el tranquillo al Haki de observación. No le faltaron ganas de sentarse en el suelo, pero se mantuvo de pie, sin moverse del lugar donde había permanecido los últimos minutos. Quiso probar algo distinto, mantener los ojos abiertos, así ser capaz de eludir los estímulos visuales irrelevantes. En un combate real no podría permitirse el lujo de cerrar los ojos, al menos de momento. Si, el Haki servía para ver lo que los ojos no son capaces de percibir y era más fácil prestar atención a ello aparcando los sentidos, pero debía ser capaz de distinguir e interpretar toda la información posible, discriminando correctamente. El joven barba naranja exhaló despacio y comenzó a controlar la respiración conscientemente. Poco a poco fue extendiendo su Haki de observación hasta sobrepasar las dimensiones del lago. No tardaron en ir apareciendo las lucecitas, a la vez que aumentaba su nivel de concentración. Como había logrado ver anteriormente, había tres que destacaban por encima del resto, tres criaturas que claramente ocupaban la cúspide de la pirámide del ecosistema. Algo más atrajo su atención, a su espalda, el aura de Garnet cambió de color, al mismo tiempo que se le acercaba por la espalda. Parecía nerviosos e inseguro, la duda lo acompañaba. Con delicadeza, aproximo su cabeza a la del carpintero, tanto que sus labios casi rozaron su oreja. El mensaje que le transmitió heló la sangre del joven barba naranja, no podía ser cierto. Tobías se mantuvo estoico, analizando el contenido de lo que se acababa de anunciar. Tras unos segundos dándole vueltas, aquello sólo podía ser una treta de su compañero y maestro, un intento de desestabilizarlo mentalmente, con la intención de mostrarle que en un combate real podrían surgir distracciones varias.
- Tres, hay tres bichos muy superiores al resto. - Tobías se limitó a responder la pregunta inicial y finalizar así su entrenamiento. - Buen intento de murga colega, jish jish jish. Casi me lo trago, igual te hubiera funcionado mejor otra cosa. ¿Pero eso? No hay quien se lo trague tío. - Tobías se giró hacia su compañero para ver la cara que se le había quedado al frustrar su bromita. - Ale, vamos al barco que la peque debe estar hambrienta. Y muchas gracias, otra vez, por haberte quedado para terminar mi entrenamiento. - El vaquero colocó su mano izquierda sobre el hombro derecho del pelirrojo dedicándole una amable sonrisa, pero la cara que vio comenzó a provocar una intranquilidad impropia del calmado pistolero. No podía ser verdad lo que acababa de decir, aún así, su rostro parecía ruborizado. "No me jodas, Garnet." Las piernas del carpintero comenzaron a temblarle incontrolablemente. ¿Y si era cierta esa afirmación?
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