06-01-2025, 02:25 PM
El paso del tiempo parecía un secreto bien guardado por el cielo. La bruma tóxica que cubría el ambiente era densa como un manto de plomo, inmóvil y opresiva, negando a los ojos cualquier evidencia del sol. Aunque las horas transcurrían, la luz no parecía cambiar; permanecía en un estado inerte, como si la mañana se hubiera quedado atrapada en un limbo eterno.
En cualquier otro lugar, el calor del mediodía habría dejado su huella, con sombras encogiéndose y el brillo del agua intensificándose. Pero aquí, bajo aquel techo opaco, la diferencia entre las horas era imperceptible. El cielo continuaba siendo una mancha gris sucia, uniforme e implacable. Incluso los sonidos del entorno como el rumor del oleaje y los ocasionales crujidos del barco carecían de la calidez que usualmente acompaña a las tardes.
La única señal de que el día avanzaba era el leve cambio en la densidad del aire y el hambre que empezaba a notar, aunque quizás esto último también venía acentuado por haber vomitado al inicio del entrenamiento. A medida que el tiempo pasaba, la atmósfera parecía hacerse más espesa, más pesada, como si la toxicidad que flotaba en el ambiente cobrara fuerza con cada minuto.
En algún punto, sin aviso ni fanfarria, la mañana se convirtió en tarde. No hubo rayos de sol que anunciaran la transición, ni sombras que se alargaran para marcar la llegada de un nuevo momento. Solo mi reloj interno, afinado por la disciplina y la práctica (y mi estomago), notó el cambio: un pequeño ajuste en su percepción del tiempo que me decía que el día avanzaba, aunque el mundo a mi alrededor se negara a mostrarlo.
La comodoro Karl nos pidió un momento para preparar la siguiente fase del entrenamiento. Durante su ausencia aproveché para entablar conversación con Apolo quien se había quedado cerca.
“Parece que tenias un buen truco guardado para evitar el olor a mojón que hay en el ambiente, ¿eh Apolo?” – dije con una sonrisa en el rostro. Había notado como tras recibir el golpe de la comodoro Karl habían salido disparados dos corchos hechos de arena de sus fosas nasales.
Luego de unos minutos la comodoro Karl reapareció ante nosotros llevando consigo 3 cajas idénticas entre ellas. Dejando las cajas en el suelo nos indico que en una de ellas había un ratón al que tendríamos que detectar usando el Waki de observación.
Antes de iniciar el ejercicio me percate de que James seguía sentado en el mismo sitio donde inicio la primera fase del entrenamiento. “Creo que a James tampoco le ha afectado el ambiente tóxico, más que concentrado yo creo que se ha quedado dormido, gowowo wowowo.” – dije en voz alta para que me pudieran oír tanto Apolo como la comodoro Karl.
En principio, esta fase del entrenamiento sonaba sencilla. Aunque me daba curiosidad ver qué forma tendría el aura de un ser tan pequeño como lo es un ratón.
En cualquier otro lugar, el calor del mediodía habría dejado su huella, con sombras encogiéndose y el brillo del agua intensificándose. Pero aquí, bajo aquel techo opaco, la diferencia entre las horas era imperceptible. El cielo continuaba siendo una mancha gris sucia, uniforme e implacable. Incluso los sonidos del entorno como el rumor del oleaje y los ocasionales crujidos del barco carecían de la calidez que usualmente acompaña a las tardes.
La única señal de que el día avanzaba era el leve cambio en la densidad del aire y el hambre que empezaba a notar, aunque quizás esto último también venía acentuado por haber vomitado al inicio del entrenamiento. A medida que el tiempo pasaba, la atmósfera parecía hacerse más espesa, más pesada, como si la toxicidad que flotaba en el ambiente cobrara fuerza con cada minuto.
En algún punto, sin aviso ni fanfarria, la mañana se convirtió en tarde. No hubo rayos de sol que anunciaran la transición, ni sombras que se alargaran para marcar la llegada de un nuevo momento. Solo mi reloj interno, afinado por la disciplina y la práctica (y mi estomago), notó el cambio: un pequeño ajuste en su percepción del tiempo que me decía que el día avanzaba, aunque el mundo a mi alrededor se negara a mostrarlo.
La comodoro Karl nos pidió un momento para preparar la siguiente fase del entrenamiento. Durante su ausencia aproveché para entablar conversación con Apolo quien se había quedado cerca.
“Parece que tenias un buen truco guardado para evitar el olor a mojón que hay en el ambiente, ¿eh Apolo?” – dije con una sonrisa en el rostro. Había notado como tras recibir el golpe de la comodoro Karl habían salido disparados dos corchos hechos de arena de sus fosas nasales.
Luego de unos minutos la comodoro Karl reapareció ante nosotros llevando consigo 3 cajas idénticas entre ellas. Dejando las cajas en el suelo nos indico que en una de ellas había un ratón al que tendríamos que detectar usando el Waki de observación.
Antes de iniciar el ejercicio me percate de que James seguía sentado en el mismo sitio donde inicio la primera fase del entrenamiento. “Creo que a James tampoco le ha afectado el ambiente tóxico, más que concentrado yo creo que se ha quedado dormido, gowowo wowowo.” – dije en voz alta para que me pudieran oír tanto Apolo como la comodoro Karl.
En principio, esta fase del entrenamiento sonaba sencilla. Aunque me daba curiosidad ver qué forma tendría el aura de un ser tan pequeño como lo es un ratón.
Resumen
Inventario

![[Imagen: Firma-Fuguwu.png]](https://i.ibb.co/Z6VjRFKr/Firma-Fuguwu.png)