07-01-2025, 12:20 PM
Después de unos instantes instando al Den Den Mushi a que conectara con el del Marine Joe Joestar, la voz jocosa de mi jefe me reclamó desde el que era su “trono” particular: el timón. Giré súbitamente por el sorpresivo llamado de este y lo busqué con la mirada directamente donde supuse que estaría. Había dejado su casco en el timón, casi como si fuera una peana señorial para su corona, y estaba apoyado sobre el pasador que delimitaba la zona, mirándome con su cara al descubierto y una sonrisa en ella. Una enorme sonrisa que casi parecía antinatural en su rostro. Rostro que, por otra parte, aunque parecía comenzar a mostrarse cómodo mostrando desde hace un tiempo, seguía sin acostumbrarme a mirar ni identificar. Para mí su rostro eran agujeros y blanco inmaculado, una calavera macabra que había salido de mis primeras obras como artesano.
El jefe, elevando su mano, mostró su micrófono del Den Den Mushi, alegando que conocerse daba asco, refiriendo a que habíamos tenido la misma idea, mientras se reía a carcajadas con su típica risa. Estaba desternillándose de la risa, achinando sus ojos y marcando todas sus facciones. Aquella visión, quizás por el rostro descubierto de Sohem -que lo humanizaba- sumada a la situación, me hizo parar en seco y comenzar a sonreír casi como un reflejo de su sonrisa hasta echarme a reír como él. — Sí que da asco conocerse… — pensaba mientras el jefe me ordenaba colgar mi propio Den Den Mushi y subir hacia su posición, realizando un gesto de aproximación con la mano que no sostenía el aparato comunicador y aseverando que ambos tratábamos de comunicar con el mismo hombre y para la misma razón. Me dispuse a subir las escaleras con presteza. — Joe Joestar, comodoro de la marina y el héroe de los Cabos Gemelos. — afirmé con tono irónico, confirmando su pesquisa sobre quién era el hombre al que contactábamos. — Ciento noventa y cinco putísimos millones de Berries, jefe. — dije manteniendo el tono.
No era un mal pico de dinero para una captura sencilla como lo fue el revolucionario. A fin de cuentas no nos despeinamos ni un ápice luchando contra el grupo. Era dinero fácil y ya tenía pensado cuál era la compra que propondría al gremio para prepararnos para el Nuevo Mundo. — A ver si tú tienes más suerte. — dije mientras el caracol del jefe intentaba conectar constantemente con el de Joe. — Estará dormido en bata en algún cómodo barco de la Marina y a mí no me contestaba. — dije esperando que fuera el jefe, como líder de la organización, quien contactara y acordara la entrega del prisionero.
El jefe, elevando su mano, mostró su micrófono del Den Den Mushi, alegando que conocerse daba asco, refiriendo a que habíamos tenido la misma idea, mientras se reía a carcajadas con su típica risa. Estaba desternillándose de la risa, achinando sus ojos y marcando todas sus facciones. Aquella visión, quizás por el rostro descubierto de Sohem -que lo humanizaba- sumada a la situación, me hizo parar en seco y comenzar a sonreír casi como un reflejo de su sonrisa hasta echarme a reír como él. — Sí que da asco conocerse… — pensaba mientras el jefe me ordenaba colgar mi propio Den Den Mushi y subir hacia su posición, realizando un gesto de aproximación con la mano que no sostenía el aparato comunicador y aseverando que ambos tratábamos de comunicar con el mismo hombre y para la misma razón. Me dispuse a subir las escaleras con presteza. — Joe Joestar, comodoro de la marina y el héroe de los Cabos Gemelos. — afirmé con tono irónico, confirmando su pesquisa sobre quién era el hombre al que contactábamos. — Ciento noventa y cinco putísimos millones de Berries, jefe. — dije manteniendo el tono.
No era un mal pico de dinero para una captura sencilla como lo fue el revolucionario. A fin de cuentas no nos despeinamos ni un ápice luchando contra el grupo. Era dinero fácil y ya tenía pensado cuál era la compra que propondría al gremio para prepararnos para el Nuevo Mundo. — A ver si tú tienes más suerte. — dije mientras el caracol del jefe intentaba conectar constantemente con el de Joe. — Estará dormido en bata en algún cómodo barco de la Marina y a mí no me contestaba. — dije esperando que fuera el jefe, como líder de la organización, quien contactara y acordara la entrega del prisionero.
Resumen

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