12-01-2025, 03:49 AM
Conseguí encajar mi contraataque con éxito, pero Yojimbo, aún seguía con energías, al igual que yo. Ambos nos aferrábamos a la pelea para poder ver al otro caer. Si tenía que ser así, así iba a ser. Cuando conseguí alcanzar la altura deseada con mi salto, y preparar mi puño para golpearle en una caída en picado, parece ser que usó su fruta de nuevo, la cual le permitía poder sacar extremidades de los sitios, algo muy raro que no lograba comprender. Pero el caso, es que lo usó para cubrirse el cuerpo, casi parecía una armadura de carne humana, sabía que iba a ir a por él con todas, y esta vez, le tocaba a él, el poder aguantarlo. Tendría que darlo todo en un último golpe.
Apreté mi puño derecho una vez más, con toda la fuerza que podía, la rabia me invadía en ese momento, era como si tuviera energías extra al estar tan dañado por la pelea, volviendo a tensar cada uno de mis músculos del brazo para poner todo en un solo movimiento, el último de todos. Parecía que el tiempo se había parado, podía verle claramente como estaba en el suelo tirado, esperando mi movimiento, con las alas extendidas. Podía ver claramente la figura de un ángel, una deidad, un dios. Alguien que no estaba dispuesto a rendirse, a darme la espalda, iba a darlo todo hasta el final. Yojimbo estaba dispuesto llegar hasta donde fuera, pero con el coraje y el honor por encima de cualquier cosa. Durante una fracción de segundo, mientras podía notar como flotaba en el aire, e iba a comenzar a caer hacia él, mostré una sonrisa en mi rostro, y el tiempo, de nuevo, era como si se reiniciara otra vez. Yojimbo gritó mi nombre con fuerza, casi sonaba como su último suspiro, su último aliento. Y no iba a hacerle esperar más, iba a romper esa defensa artificial que se había creado, y lo más rápido posible.
Y me lancé hacia él con un Soru a mi máxima velocidad, cayendo como un misil, buscando golpeándole en el centro de su pecho, pero no sin antes, impactar antes en aquella armadura de carne que se había creado, consiguiendo romperla para finalmente, darle de lleno en el esternón, haciendo que saliera del impacto un chorro de sangre de la herida que le produje en el hombro derecho anteriormente. El golpe retumbó el suelo una vez más, haciendo un eco por todo aquel lugar. Me quedé totalmente quieto, jadeando continuamente para poder recuperar el aliento, estaba con el puño en su pecho, y mi cola de serpiente en su vientre. No sentía ni un solo movimiento por su parte, aunque sí que tenía pulso, gracias a su gran tamaño, y mi puño en su esternón, podía notar su corazón aun latiendo. Levanté la cabeza lentamente hasta poder ver su rostro, el cual estaba totalmente apagado.
Me levanté rápidamente, para a continuación saltar de su cuerpo al suelo, alejándome de él unos 5 metros hacia atrás. No podía parar de jadear, necesitaba recuperar la respiración, pero las fuerzas me estaban flaqueando, en cualquier momento iba a caer yo — ¿Y... ya está? — Pregunté al aire, esperando casi que alguien me respondiera por arte de magia.
El cuerpo del capitán de los Alas Negras, estaba delante de mí, totalmente inmóvil e inconsciente. Y yo no iba a ser menos, estaba a punto de caer al suelo, aquella quemadura en la cara seguía doliendo y no iba a aguantar mucho más. Tosí un poco de sangre mientras me llevaba la mano al bolsillo de mi pantalón para buscar el Den Den Mushi, pero algo tan sencillo me estaba costando un mundo, las fuerzas comenzaban a fallar.
Apreté mi puño derecho una vez más, con toda la fuerza que podía, la rabia me invadía en ese momento, era como si tuviera energías extra al estar tan dañado por la pelea, volviendo a tensar cada uno de mis músculos del brazo para poner todo en un solo movimiento, el último de todos. Parecía que el tiempo se había parado, podía verle claramente como estaba en el suelo tirado, esperando mi movimiento, con las alas extendidas. Podía ver claramente la figura de un ángel, una deidad, un dios. Alguien que no estaba dispuesto a rendirse, a darme la espalda, iba a darlo todo hasta el final. Yojimbo estaba dispuesto llegar hasta donde fuera, pero con el coraje y el honor por encima de cualquier cosa. Durante una fracción de segundo, mientras podía notar como flotaba en el aire, e iba a comenzar a caer hacia él, mostré una sonrisa en mi rostro, y el tiempo, de nuevo, era como si se reiniciara otra vez. Yojimbo gritó mi nombre con fuerza, casi sonaba como su último suspiro, su último aliento. Y no iba a hacerle esperar más, iba a romper esa defensa artificial que se había creado, y lo más rápido posible.
— ¡CAE, YOJIMBO! —
Y me lancé hacia él con un Soru a mi máxima velocidad, cayendo como un misil, buscando golpeándole en el centro de su pecho, pero no sin antes, impactar antes en aquella armadura de carne que se había creado, consiguiendo romperla para finalmente, darle de lleno en el esternón, haciendo que saliera del impacto un chorro de sangre de la herida que le produje en el hombro derecho anteriormente. El golpe retumbó el suelo una vez más, haciendo un eco por todo aquel lugar. Me quedé totalmente quieto, jadeando continuamente para poder recuperar el aliento, estaba con el puño en su pecho, y mi cola de serpiente en su vientre. No sentía ni un solo movimiento por su parte, aunque sí que tenía pulso, gracias a su gran tamaño, y mi puño en su esternón, podía notar su corazón aun latiendo. Levanté la cabeza lentamente hasta poder ver su rostro, el cual estaba totalmente apagado.
Me levanté rápidamente, para a continuación saltar de su cuerpo al suelo, alejándome de él unos 5 metros hacia atrás. No podía parar de jadear, necesitaba recuperar la respiración, pero las fuerzas me estaban flaqueando, en cualquier momento iba a caer yo — ¿Y... ya está? — Pregunté al aire, esperando casi que alguien me respondiera por arte de magia.
El cuerpo del capitán de los Alas Negras, estaba delante de mí, totalmente inmóvil e inconsciente. Y yo no iba a ser menos, estaba a punto de caer al suelo, aquella quemadura en la cara seguía doliendo y no iba a aguantar mucho más. Tosí un poco de sangre mientras me llevaba la mano al bolsillo de mi pantalón para buscar el Den Den Mushi, pero algo tan sencillo me estaba costando un mundo, las fuerzas comenzaban a fallar.
— Nec... necesito llamar... a Karl... — Dije, mientras rebuscaba en mi bolsillo.
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