12-01-2025, 01:56 PM
(Última modificación: 12-01-2025, 02:06 PM por Kisuke Kageyama.
Razón: Olvidé adjuntar los daños del barco en los spoilers
)
Sin duda alguna aquello tenía que ser el Archipiélago Sabaody. Por fin, tras tanto tiempo intentando llegar a aquel lugar, lo habían logrado. Kisuke lanzó el humo del cigarro que se estaba fumando mientras manejaba el timón de la embarcación, viendo a lo lejos, las imponentes siluetas de los Manglares Gigantes que componían aquel conjunto de, llamémoslo islas, a falta de un nombre mejor. El pobre capitán de el Ejército Revolucionario se había sorprendido al ver que su log pose indicaba hacia el fondo del mar, pero las corrientes marinas siguiendo esa dirección en su componente horizontal, les habían llevado hasta aquel lugar, por lo que dedujo que aquel conjunto de Manglares Gigantes, no tenían campo magnético propio como si lo tenían las demás islas del Grand Line. De hecho, estaba seguro que aquel era el lugar indicado puesto que la aguja de su log pose señalaba casi de manera vertical hacia abajo.
"Bueno, por fin lo hemos conseguido, estamos en Sabaody."
Sin duda la cantidad de penurias y aventuras que habían vivido hasta conseguir llegar aquí, daban para una novela surrealista, sin lugar a dudas, pero Kisuke estaba satisfecho. En esta ocasión, los daños que había sufrido su embarcación, el Saint Fermín, eran leves, y, en todo caso, mucho menores a los que sufrió en anteriores travesías marinas, los cuales, no habían sido capaces de reparar, por lo que el antiguo pescador estaba satisfecho de comprobar que sus habilidades como navegante y timonel, se habían incrementado significativamente. Al menos en eso podía estar tranquilo aunque debían repararlo en aquel lugar de cualquier modo, pero sus habilidades de combate, ya eran otro cantar y solo lo que sucediese en aquel lugar o en los siguientes que visitasen dictarían sentencia al respecto. Se llevó la mano por instinto hacia las katanas que llevaba prendidas al cinto, Sode no Shirayuki y la katana que le había entregado Zorak y que había restaurado, a la que habían llamado, por lo que pudo ver en el símbolo que tenía en la base de la hoja, Onikiba, colmillo de ogro. Mangetsu quedó a buen recaudo en el baúl del barco.
El barco se aproximaba lentamente hacia uno de los manglares, que tenía en el árbol que lo componía un enorme número 13, con lo que se dispuso a hacer la maniobra para poder atracar en una zona resguardada que no se viese a simple vista desde el mar. No estaba seguro de cuantos manglares se componía aquel extraño archipiélago pero al menos sabía que podrían localizar fácilmente donde habían dejado el barco gracias a aquellas indicaciones gigantes pintadas sobre los árboles gigants. Se dispuso a dar las órdenes pertinentes a sus compañeros para que pudiesen hacer el movimiento de atraque con el menor de los problemas y desembarcar cuanto antes.
-Vamos cabrones, moved vuestros putos culos y arriad las velas, Bambú, a mi señal, echa el ancla y tú Muñones, coloca la pasarela para desembarcar... kuhahaha.
Con una diestra maniobra logró ubicar el barco entre dos raíces, dejando la más cercana en el lado en el que se encontraba el lugar de la borda donde colocaban la pasarela de embarque, por lo que le hizo una señal a Don Bambú para que echase el ancla. Aquel sitio, no obstante, era un punto clave en la ruta del Grand Line y tendrían que ser cautos y precavidos en todo momento. Seguramente se encontrarían con muchos piratas y, casi sin ninguna duda, con marines y cazarrecompensas, puesto que aquel archipiélago era un punto de paso obligado en la navegación por el Grand Line. Una vez atracado el barco, se metió en el camarote, y se atavió con un largo manto con capucha.
-Quizá sea buena idea ponernos esto. Nuestras recompensas subieron y seguramente nos reconocerán así que mejor tratar de pasar desapercibidos en la medida de lo posible, ¿no?
Tras esto, se encaminó por la pasarela de estribor y desembarcó en la isla. El suelo era mullido y extrañamente húmedo por el ligero chapoteo que sintió al contactar con el mismo con sus pesadas botas. Se echó la capucha y miró con curiosidad alrededor, viendo innumerables burbujas que emergían misteriosamente del suelo y se elevaban hacia las copas de los árboles del manglar. Agudizó su vista para ver si veía a alguien pero no vio a nadie en las proximidades, aunque no tenía dudas de que más pronto que tarde se toparían con alguien.
"Bueno, por fin lo hemos conseguido, estamos en Sabaody."
Sin duda la cantidad de penurias y aventuras que habían vivido hasta conseguir llegar aquí, daban para una novela surrealista, sin lugar a dudas, pero Kisuke estaba satisfecho. En esta ocasión, los daños que había sufrido su embarcación, el Saint Fermín, eran leves, y, en todo caso, mucho menores a los que sufrió en anteriores travesías marinas, los cuales, no habían sido capaces de reparar, por lo que el antiguo pescador estaba satisfecho de comprobar que sus habilidades como navegante y timonel, se habían incrementado significativamente. Al menos en eso podía estar tranquilo aunque debían repararlo en aquel lugar de cualquier modo, pero sus habilidades de combate, ya eran otro cantar y solo lo que sucediese en aquel lugar o en los siguientes que visitasen dictarían sentencia al respecto. Se llevó la mano por instinto hacia las katanas que llevaba prendidas al cinto, Sode no Shirayuki y la katana que le había entregado Zorak y que había restaurado, a la que habían llamado, por lo que pudo ver en el símbolo que tenía en la base de la hoja, Onikiba, colmillo de ogro. Mangetsu quedó a buen recaudo en el baúl del barco.
El barco se aproximaba lentamente hacia uno de los manglares, que tenía en el árbol que lo componía un enorme número 13, con lo que se dispuso a hacer la maniobra para poder atracar en una zona resguardada que no se viese a simple vista desde el mar. No estaba seguro de cuantos manglares se componía aquel extraño archipiélago pero al menos sabía que podrían localizar fácilmente donde habían dejado el barco gracias a aquellas indicaciones gigantes pintadas sobre los árboles gigants. Se dispuso a dar las órdenes pertinentes a sus compañeros para que pudiesen hacer el movimiento de atraque con el menor de los problemas y desembarcar cuanto antes.
-Vamos cabrones, moved vuestros putos culos y arriad las velas, Bambú, a mi señal, echa el ancla y tú Muñones, coloca la pasarela para desembarcar... kuhahaha.
Con una diestra maniobra logró ubicar el barco entre dos raíces, dejando la más cercana en el lado en el que se encontraba el lugar de la borda donde colocaban la pasarela de embarque, por lo que le hizo una señal a Don Bambú para que echase el ancla. Aquel sitio, no obstante, era un punto clave en la ruta del Grand Line y tendrían que ser cautos y precavidos en todo momento. Seguramente se encontrarían con muchos piratas y, casi sin ninguna duda, con marines y cazarrecompensas, puesto que aquel archipiélago era un punto de paso obligado en la navegación por el Grand Line. Una vez atracado el barco, se metió en el camarote, y se atavió con un largo manto con capucha.
-Quizá sea buena idea ponernos esto. Nuestras recompensas subieron y seguramente nos reconocerán así que mejor tratar de pasar desapercibidos en la medida de lo posible, ¿no?
Tras esto, se encaminó por la pasarela de estribor y desembarcó en la isla. El suelo era mullido y extrañamente húmedo por el ligero chapoteo que sintió al contactar con el mismo con sus pesadas botas. Se echó la capucha y miró con curiosidad alrededor, viendo innumerables burbujas que emergían misteriosamente del suelo y se elevaban hacia las copas de los árboles del manglar. Agudizó su vista para ver si veía a alguien pero no vio a nadie en las proximidades, aunque no tenía dudas de que más pronto que tarde se toparían con alguien.
resumen de turno
karma
Daños del barco
inventario
off
