12-01-2025, 08:38 PM
La remota posibilidad de dialogar amablemente para que ambas partes expusieran sus diferencias y llegar a un punto común se extinguieron cuando Kevin escuchó las risas de esos 20 rufianes. De esta manera, y como si Gideon supiera que los métodos de su amigo no resultarían eficaces, la skypiean avanzó hacia la veintena, desenvainando a Blockbuster en el proceso, y realizando un corte en área que mando a todos y cada uno de ellos hacia el suelo. Al presenciar esta escena, por un momento, Kevin se sobresaltó.- L-LOS HA MATADO... - Se quedó con los ojos en blanco y boquiabierto. Sin dudarlo, después de volver a agarrar su maletín con su siniestra, Kevin se aproximó hacia uno de ellos, el que parecía su líder para ser más concretos, se puso de cuclillas y comprobó el pulso poniendo sus dedos índice y corazón sobre dónde debía estar su arteria aorta.- Phew... A-aún vive... - Respiró aliviado al ver que tan sólo estaba inconsciente, levantándose seguidamente y quedando junto a Gideon, quién estaba frente a Dan, a quién no había visto ni escuchado aproximarse al estar pendiente de la salud de los noqueados.- E-espera si antes estabas ahí... - Matizó, señalando hacia la lanza que había clavada en el muro del callejón, pudiendo apreciar un trozo de tela arrancado.- N-no he dicho nada... - Se calló, bajando la mano, momento en el que Dan apreció la fuerza de Gideon, y haciendo algunos de sus jugueteos y coqueteos para, acto seguido, ponerse más serio y empezar a explicar la verdad sobre todo ese asunto.
Por lo visto, parecía ser cosa del hermano de Mariah, quién ante una clara obsesión por controlar la vida de su hermana y de la ciudad, intentaba protegerla de Dan quién, hasta el momento, más allá de alguien pícaro y pillo, no tenía pinta de ocultar ni un ápice de maldad. Cuando explicó que por esa misma razón habían colocado carteles de él, como no querían meterla entre medias y que su sueño era estar junto a Mariah y ser feliz junto a ella, Kevin confirmó esa suposición que tenía acerca de la integridad de Dan. - A-así que era eso... - Pensó Kevin, prestando atención en todo momento a las palabras del novio de la vendedora de perfumas, agarrando con firmeza su propio mentón con su diestra. En ese momento, Dan extendió su diestra, con el perfume entre su puño para cedérselo a Kevin.- ¡E-el perfume olor a café! - Se ilusionó al ver el tan ansiado objeto que le habían ofrecido anteriormente. Antes de coger el recipiente, volvió a dejar el maletín en el suelo, metiendo su mano izquierda en uno de sus bolsillos, para sacar una bolsa con monedas que, en total, sumaban 10.000 berries. Igual se había excedido con el precio pero, su alma caritativa, no le permitía darle menos después de haber escuchado aquella historia. En el momento en el que cogió con su derecha el bote de perfume, dejó el saquito en la misma mano con la que le había ofrecido.- P-para ti y la señorita Mariah,p-por favor, acéptalo. - Declaró con determinación el hombre trajeado.
Como si haber recibido dinero por misericordia fuera algo mano, Dan miró con tristeza a Kevin tras suspirar, empezando a rogar al dúo de cazarrecompensas, después de haber visto la fuerza de Gideon, en que les ayudara, informándoles que su hermano - del que recién había hablado - vivía al final de la calle, en una casa que, por la descripción que dio parecía ser bastante imponente. Para más inri, el susodicho, parecía haber contratado a alguien peligroso para deshacerse de Dan o no dejarse embaucar por él. Tras escuchar y haber procesado toda la información, Kevin miró hacia el suelo, recorriendo su mirada por todos los cuerpos inconscientes que Gideon había dejado tras de sí. Sumado a eso, las penurias del hombre y su situación con Mariah, le había llevado a pensar en qué quizás necesitaban ayudarles, ¿quién se iba a negar a tenderle una mano a una ciega, por mucho que no estuviera enterada del tema? Y, aunque mencionara que había alguien peligroso detrás de todo eso - cosa que aterraba un pelín a Kevin - ¿y si esa persona resultaba ser un pirata o un criminal con una recompensa por su cabeza? El pluriempleado, ante esa idea, tragó saliva y, tras mirar a Gideon en silencio, como muchas otras veces habían hecho, tan sólo se limitó a asentir. Debían aceptar esa especie de misión.- E-está bien... N-nosotros, los PirateBusters, i-intentaremos ayudarte todo lo posible, s-señorito Dan... - Pronunció, volviendo a coger su maletín, metiendo allí mismo el perfume de Mariah, y comenzando a caminar hacia el final de la calle, rumbo a esa mansión o enorme casa.
Tras no más de un par de minutos transitando aquella calle, avistaron el final, topándose con un enorme casoplón que podía rozar los 15 metros de altura, dónde predominaban piedras de color marrón en toda su construcción.- V-vaya... - Admiró las vistas Kevin, no pudiendo evitar centrar su mirada en las majestosas estatuas de piedra de unos tres metros que había a ambos lados de la enorme puerta que impedía la entrada a la vivienda.- D-dan nos dijo que fuéramos por la puerta trasera... - Comentó Kevin, estando a unos tres metros de la puerta principal, y mirando a Gideon.- ¿Q-qué prefieres hacer? - Preguntó el pluriempleado, dejando aquella decisión a manos de su amiga.
Por lo visto, parecía ser cosa del hermano de Mariah, quién ante una clara obsesión por controlar la vida de su hermana y de la ciudad, intentaba protegerla de Dan quién, hasta el momento, más allá de alguien pícaro y pillo, no tenía pinta de ocultar ni un ápice de maldad. Cuando explicó que por esa misma razón habían colocado carteles de él, como no querían meterla entre medias y que su sueño era estar junto a Mariah y ser feliz junto a ella, Kevin confirmó esa suposición que tenía acerca de la integridad de Dan. - A-así que era eso... - Pensó Kevin, prestando atención en todo momento a las palabras del novio de la vendedora de perfumas, agarrando con firmeza su propio mentón con su diestra. En ese momento, Dan extendió su diestra, con el perfume entre su puño para cedérselo a Kevin.- ¡E-el perfume olor a café! - Se ilusionó al ver el tan ansiado objeto que le habían ofrecido anteriormente. Antes de coger el recipiente, volvió a dejar el maletín en el suelo, metiendo su mano izquierda en uno de sus bolsillos, para sacar una bolsa con monedas que, en total, sumaban 10.000 berries. Igual se había excedido con el precio pero, su alma caritativa, no le permitía darle menos después de haber escuchado aquella historia. En el momento en el que cogió con su derecha el bote de perfume, dejó el saquito en la misma mano con la que le había ofrecido.- P-para ti y la señorita Mariah,p-por favor, acéptalo. - Declaró con determinación el hombre trajeado.
Como si haber recibido dinero por misericordia fuera algo mano, Dan miró con tristeza a Kevin tras suspirar, empezando a rogar al dúo de cazarrecompensas, después de haber visto la fuerza de Gideon, en que les ayudara, informándoles que su hermano - del que recién había hablado - vivía al final de la calle, en una casa que, por la descripción que dio parecía ser bastante imponente. Para más inri, el susodicho, parecía haber contratado a alguien peligroso para deshacerse de Dan o no dejarse embaucar por él. Tras escuchar y haber procesado toda la información, Kevin miró hacia el suelo, recorriendo su mirada por todos los cuerpos inconscientes que Gideon había dejado tras de sí. Sumado a eso, las penurias del hombre y su situación con Mariah, le había llevado a pensar en qué quizás necesitaban ayudarles, ¿quién se iba a negar a tenderle una mano a una ciega, por mucho que no estuviera enterada del tema? Y, aunque mencionara que había alguien peligroso detrás de todo eso - cosa que aterraba un pelín a Kevin - ¿y si esa persona resultaba ser un pirata o un criminal con una recompensa por su cabeza? El pluriempleado, ante esa idea, tragó saliva y, tras mirar a Gideon en silencio, como muchas otras veces habían hecho, tan sólo se limitó a asentir. Debían aceptar esa especie de misión.- E-está bien... N-nosotros, los PirateBusters, i-intentaremos ayudarte todo lo posible, s-señorito Dan... - Pronunció, volviendo a coger su maletín, metiendo allí mismo el perfume de Mariah, y comenzando a caminar hacia el final de la calle, rumbo a esa mansión o enorme casa.
Tras no más de un par de minutos transitando aquella calle, avistaron el final, topándose con un enorme casoplón que podía rozar los 15 metros de altura, dónde predominaban piedras de color marrón en toda su construcción.- V-vaya... - Admiró las vistas Kevin, no pudiendo evitar centrar su mirada en las majestosas estatuas de piedra de unos tres metros que había a ambos lados de la enorme puerta que impedía la entrada a la vivienda.- D-dan nos dijo que fuéramos por la puerta trasera... - Comentó Kevin, estando a unos tres metros de la puerta principal, y mirando a Gideon.- ¿Q-qué prefieres hacer? - Preguntó el pluriempleado, dejando aquella decisión a manos de su amiga.
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