[EVENTO FASE 2] El mismo infierno - Manglar 49 - Buque Acorazado.
#3
Por fin. Por fin habíamos dejado atrás aquellos días eternos y aburridos encerrados en los túneles de Isla Chika. Por irónico que fuese, a pesar de habernos establecido durante semanas en un ambiente tan tóxico, parte del grupo conseguimos limar algunas asperezas entrenando juntos. Ahora, por fin podíamos respirar aire limpio y ver la luz del sol puesto que nos encontrábamos navegando hacia nuestro siguiente destino. El mismísimo Cuartel General de la Marina nos había nombrado como destacamento principal, proporcionándonos un buque acorazado acompañado de doscientos cincuenta Marines y con ello nos dirigíamos hacia el Archipiélago Sabaody. Desconocía del lugar, no tenía información de cómo serían esas islas pero me encargué de dirigir la nave y el timón. Siguiendo el log pose del barco no sería muy complicado llegar.

La última noche navegando la había pasado casi en vela, pude pegar un par de cabezadas durante el trayecto debido a que fue un tramo bastante apacible pero tampoco quise irme a mi dormitorio y relegar mi cargo en otro Marine, uno nunca sabía cuando se podían complicar las cosas y yo era la persona mejor capacitada para navegar. Literalmente en ese momento la vida de todo el mundo dependía de mi capacidad, tenía demasiada responsabilidad en mis manos.

Era temprano por la mañana y ya hacía un par de horas que había salido el sol. Me encontraba en la sala de navegación del buque, en lo más alto de la parte central del navío, el timón no podía estar en la proa debido a que unos inmensos cañones tapaban todo tipo de visibilidad. Manteniendo el barco en línea recta, me senté en una silla junto a una mesa para repasar la última edición del periódico y no olvidarme de nada. A los minutos un soldado raso me trajo el desayuno: un café para mantenerme espabilado junto a un par de tostadas. Empecé a darle mordiscos a éstas, hasta que por el rabillo del ojo contemplé que estaba ocurriendo un extraño suceso que nunca me había ocurrido como navegante: a medida que avanzábamos, la brújula del log pose iba inclinándose más y más, apuntando hacia abajo. — ...¿qué cojones? — Salí de la sala y abordé al primer recluta que me encontré cerca — Es tu día de suerte, tienes una misión, ¿sabes lo que es un timón, verdad? Bien, pues cada palo alrededor de la rueda se llama cabilla, una de esas cabillas está marcada con un aro dorado, mantenlo hacia arriba, eso quiere decir que vamos en línea recta. ¿Facilito, me sigues? Ahora vengo — procedí a finalizar la orden dándole un par de palmaditas con la mano derecha en su mejilla y salí al exterior.

Impulsado por mi propia arena, subí hasta la cofa del palo mayor del buque en la que se encontraba el vigía. Apoyé mi mano izquierda sobre su hombro derecho, afinando la vista oteando el horizonte — Comandante, parece que estamos llegando a tierra — me comunicó mientras yo intentaba ver algo. Cogí el catalejo de sus manos y efectivamente, se veía tierra. La silueta del destino daba la sensación de que estábamos llegando a un extraño bosque con árboles inmensos situados en medio del mar, como si flotasen. Pese a que el log pose me había indicado que el destino estaba bajo el mar, sin duda parecía que lo que mis ojos estaban viendo era el Archipiélago Sabaody al que nos dirigíamos.

Me quedé un rato en la cofa junto al vigía, esperando a que cada vez estuviésemos más cerca para poder observar mejor el lugar. De pronto pude comprobar como una silueta se iba haciendo más nítida en el tronco de uno de esos árboles, era el número cuarenta y nueve. Por más que observaba el lugar, no encontraba ningún tipo de muelle o puerto en el que dejar el barco. Todo era una especie de inmensas raíces y un tipo de ecosistema que no había visto en mi vida. Dejándome caer amortiguando mi caída con mi arena, descendí hacia la cubierta del barco para volver a dirigirme hacia la sala de navegación — ¡Preparaos para atracar, plegad la vela mayor y a medida que nos acerquemos a tierra seguid con las demás! ¡Echad el ancla cuando estemos junto a tierra, ya sabéis cómo funciona ésto! ¡Va, va, va! — acompañé la orden con golpes con mis palmas entrando en la sala de navegación, mientras los reclutas comenzaban a moverse para iniciar el clásico protocolo.

Volví a tomar control del timón — buen trabajo chavalote, ahora vete a ayudar fuera — ordené al recluta que se había ocupado de la sala en mi pequeña ausencia y llevé mis ojos hacia el log pose. Estaba todavía más inclinado hacia abajo. — ... la isla no tiene campo magnético. Eso quiere decir que en realidad Sabaody no está formado por islas — hablaba para mí mismo en voz baja, llegando a conclusiones propias debido mis conocimientos sobre el funcionamiento de los log pose — y por lo tanto el campo magnético que el log pose está detectando es una isla submarina. Seguro que Fuguwu sabe algo

Empecé a abrir los cajones y puertas de los muebles que en la sala de navegación se encontraban. Viajábamos en un barco de la Marina y en Sabaody había un cuartel, por lo que sí o sí tendría que encontrar un mapa del lugar por allí. En uno de los armarios encontré un tubo hueco con una tapa, tiré de ella para abrirlo y del interior saqué un enorme papel enrollado — Bingo — Extendí el papel por encima de la mesa y pude comprobar como ese mapa era, en efecto, del archipiélago al que nos dirigíamos. El dibujo estaba formado por un conjunto de círculos entrelazados entre sí por una especie de puentes y todos estaban marcados a través de una numerología. Apoyando el dedo índice sobre el papel, mientras me terminaba mi café (el cual ahora estaba frío), iba de un lugar a otro observando los números y la leyenda del mapa — Cuarteles de la Marina... manglares del sesenta al sesenta y nueve — desplacé mi dedo por el mapa — aquí... el sur del archipiélago. Y nosotros estamos... — volví a desplazar el dedo buscando el número cuarenta y nueve — aquí, al noreste. Zona turística — El mapa indicaba también que estábamos muy cerca de los astilleros, los cuales iban del número cincuenta al cincuenta y nueve, y al oeste teníamos un centro comercial y el parque de atracciones— ¡Ni tan mal! — dije con una enorme sonrisa — ¡por fin algo de diversión y actividades! ¡nos ha sonreído la suerte! — después de habernos pasado tantas semanas bajo tierra y sin poder hacer nada más que esperar y entrenar, la idea de disponer de una zona turística, de centros comerciales y de un parque de atracciones sonaba demasiado bien. El resto del archipiélago se organizaba con una zona de hoteles desde los manglares del setenta al setenta y nueve, y una zona sin ley la cuál iba desde el uno al veintinueve.

Adquirida esta información, comencé a enrollar de nuevo el mapa para guardarlo hasta que empecé a escuchar la voz de James por megafonía. De una forma demasiado seria, comenzó a dar la orden a todos los reclutas de desembarcar y formar filas esperando a las órdenes de nuestra división — ¡Kakahaha! Parece que hoy se ha levantado demasiado motivado — Reí para mí mismo, con un brillo en los ojos al saber que por fin habíamos llegado a un lugar que parecía mucho más interesante y divertido que el anterior. Por lo visto ya habíamos llegado a tierra, ya que se empezaba a escuchar mucho movimiento por los pasillos debido a que los reclutas habían acatado la orden de James.

Salí de la sala de navegación dando voces — ¡Reclutas, hemos llegado por fin a tierra, comienza la excursión de quinto de primaria, agarrad la mano de un compañero y formad grupos de dos para no perderos, cuidad los unos de los otros — Bromeé como siempre mientras me dirigía hacia mi dormitorio, capaz más de uno se habría tomado estas bromas en serio. Dentro del dormitorio me miré al espejo y me peiné las cejas con los dedos índice y pulgar de la mano derecha. A continuación hice lo propio con mi pelo, echándomelo hacia atrás para colocarme la gorra de Marine al revés. Me cambié el uniforme para llevar uno limpio, llevando mi camisa blanca desabrochada, me estiré bostezando sonoramente para quitarme la pereza de encima, cogí mi mochila con mi skate echándomelos al hombro y me puse de camino al exterior para reunirme con mis compañeros.

Ya en la cubierta del barco observaba con una sonrisa todo el ambiente. Se escuchaba el bullicio de los reclutas dirigirse hacia tierra, el sonido de las botas pisar continuamente la madera de la cubierta y poder respirar un aire limpio bajo un sol agradable me ponía de buen humor. El barco lucía impoluto, intocable. Había sido un gustazo poder navegar con ese titán de unos sesenta metros de eslora, acorazado por todas partes y lleno de decenas de cañones. La impecable obra de ingeniería naval sobre la que íbamos montado sumado a mis grandes dotes de navegante y timonel, hacía que pudiésemos llegar muy lejos montados en ese buque.

Los reclutas ya se encontraban en tierra formados en filas, yo por otra parte, separé el skate de mi mochila, lo deslicé por el suelo cogiendo carrerilla, me monté en él y salté hacia el exterior del barco para caer sobre tierra. ¡Por fin después de tanto tiempo podría patinar un rato!. Decidido y alegre me agaché sobre la tabla en el aire para aterrizar en la isla sin perder el equilibrio... pero para mi sorpresa, la tabla al tocar el suelo no rodó — ¡Otra vez, no me lo puedo creer! —. La última vez mi skate había quedado enterrado en aquella especie de playa rosa. En esta ocasión, se había quedado casi pegado a un suelo extrañísimo, como si estuviese cubierto de una resina pegajosa. — Mi gozo en un pozo... ¡kakahaha! — reí y agarré la tabla, acoplándola nuevamente a la mochila mientras observaba el lugar. Estábamos debajo de unos árboles inmensos, como si una civilización se hubiese construido en las propias raíces de ellos. Era un lugar extraño pero por fin comenzaba una nueva aventura.



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RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno - Manglar 49 - Buque Acorazado. - por Apolo Bahía - 12-01-2025, 08:57 PM

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