12-01-2025, 10:39 PM
Las noches son un mar de oleaje turbio que a veces me traen recuerdos. Y que recuerdos los que llegan esta noche que donde hace tantos años se habían quedado durmiendo. Recuerdos que me van llegando a oleadas y sugieren otros tiempos, tiempos de paz.
Mientras más nos acercábamos a nuestro destino, tan cerca de la isla que me vio crecer, siento surgir en mi un vago sentimentalismo, dulce y triste pero viejo. Viejo como el viejo sabor de viejas lagrimas y viejo como aquel recuerdo amargo de cuando la vida te arrebato de mí.
Bajo esta tormenta de emociones pase las últimas horas de la noche antes de caer rendido en mi camarote. A la mañana siguiente la luz de un nuevo día, ajena a mis miedos y esperanzas, me despertó como el cantar de aquel gallo hacía en la ahora lejana base del G-22 de la marina.
Por fin habíamos dejado aquella horrenda isla toxica y habíamos llegado a nuestro siguiente destino, el archipiélago Sabaody. La isla Gyojin se situaba a escasos 10 mil metros bajo el mar, muy cerca de este archipiélago, se nutría de luz por arboles de la misma especie que los que dotaban de vida este manglar, los árboles Yarukiman.
Agradecería a Apolo una vez que le viera pues el fue el responsable de navegar aquel impactante buque acorazado y lo había hecho con tal maestría que pareciera que estaba llevando una simple veleta. No paraba de impresionarme la cantidad de habilidades y versatilidad de la que era capaz aquel fortachón rubio de mirada alegre y sonrisa radiante.
Sintiéndome apenas descansado, aunque físicamente bien, empecé a realizar la rutina de entrenamiento matutino la cual consistía de 100 sentadillas, 100 lagartijas, 100 abdominales y correr o nadar 10 km. Esto último no lo hice; a cambio, me puse a entrenar el Waki de armamento y de observación tal y como nos lo había recomendado la comodoro Karl.
Parecía que ella estaba de momento al mando de la división 21 y de las 250 tropas que habían partido con nosotros rumbo al archipiélago Gyojin ya que, según se nos había informado, el comodoro Joe – el héroe – había logrado capturar a un pirata de gran renombre (y de largo nombre) durante nuestra estancia en la isla Chika, por lo que había partido hacia Impel Down. Esperábamos que se reuniera con nosotros en Sabaody pero no nos habían dicho cuándo, solo nos habían dejado una nota criptica que leía “esperad mi llegada con la primera luz del quinto día, al alba, mirad al este.”
Seguro estaba de broma, ¿o no?, era imposible saberlo cuando se trataba del héroe de los cabos gemelos.
Durante el transcurso entre la isla Chika y el archipiélago Sabaody también habían llegado noticias de todas partes del mundo. Al parecer en el Nuevo mundo los Yonkou la estaban liando parda. Los Shichibukai habían sido convocados por el almirante Markus Whitend. Los revolucionarios habían sufrido bajas a manos de el gremio de cazarecompensas Magna. Y un sinfín de noticias las cuales llegaban bajo las alas de las gaviotas que parecía surcaban los mares como aves de mal augurio.
Pero la noticia que más impacto había tenido en los ánimos de las tropas, y principalmente había afectado a los comodoro Karl y Ryze, era la noticia de la destrucción de la base de G-65 y, junto con esta, la caída del comandante Kurowashi Sephirot quien anteriormente había formado parte de la división 21 según nos había comentado el comodoro Ryze – ya que de la comodoro Karl solo salía furia y destrucción para quien se le acercara a preguntar por aquel difunto comandante.
Fue en ese momento que decidí empezar a tomarme más enserio mi posición como contraalmirante y empecé a estudiar los carteles de “se busca/wanted” que habían sido publicados hasta la fecha. Estudiando cada uno de los carteles, poca fue mi sorpresa al aprender que aquel sujeto con el que habíamos tomado una cerveza no era nada mas ni nada menos que Garnet Matlock, responsable de la muerte de uno de los Zodiacool, y aquella adolescente que le había sacado a rastras del bar era Sasha, casi igual de peligrosa – aunque en mi opinión posiblemente aún más peligrosa – que el mismo Garnet.
Igualmente repase los carteles de aquellos responsables del ataque a la base del G-65, Ashura, Rapax, Artur, Korg y Ben, eran nombres y caras que no podía olvidar ya que estaba convencido que tarde o temprano terminaríamos enfrentados, no solo porque así lo quisiera el destino, si no porque la comodoro Karl había tomado sus carteles personalmente y se los había llevado consigo. Tuve que pedir copias para poder repasarlos por mi cuenta.
Tras terminar el entrenamiento pase por la cocina a desayunar con los demás reclutas del acorazado que nos transportaba. Sirviendo un desayuno ligero, aunque alto en proteína y vitaminas, me puse a charlar tranquilamente con aquellos reclutas a los que en su mayoría se les podía observar motivados (aunque ciertamente algo nerviosos ya que para muchos era la primera vez en aquel archipiélago).
En realidad, también era la primera vez que visitaba el archipiélago, pero no venia solo, venia con la división 21. La presencia de cada uno de mis compañeros y de aquellos reclutas me transmitían paz, una paz que necesitaba principalmente tras aquella noche de recuerdos que a veces quisiera poder olvidar. Mas ahora que era capaz de sentir la presencia de cada uno de ellos, los sentía tan cerca como si estuvieran a mi lado, y es que lo estaban, éramos (somos) el mejor grupo con el que cuenta la marina de este lado del mar.
Casi al terminar mi desayuno – solo me quedaba por terminar de tomar mi te de algas que el cocinero del barco había tenido la amabilidad de preparar a petición propia – escuche una voz familiar sonando por los parlantes en forma de caracol que habían ubicados en cada sala del acorazado. Claramente era James (no solo por su voz sino que además se presento como el Sargento James Brando) quien instaba a todas las tropas asignadas a la división 21 a desembarcar en el Manglar 49 al cual habíamos llegado.
Ajustándome la gorra sobre mi calva cabeza, di los buenos días a los demás y gracias al chef quien me había preparado una ración de comida grande y me dirigí primeramente al área medica del buque acorazado en el cual las noches anteriores había preparado varios botiquines médicos de diferentes tamaños, así como ungüentos y vendas que podrían ser útiles en caso de separarnos de la comodoro Karl (quien claramente no necesitaba de nada de esto gracias a los poderes de su fruta del diablo).
Sintiendo como los 250 marines desembarcaban en orden marcial el acorazado, hice una última revisión a mi inventario confirmando que además de la comida y los kits médicos traía conmigo mis guantes y el Den Den Mushi y, tras ponerme los guantes en cada uno de mis puños, proseguí a desembarcar igualmente siguiendo la fila de marines en búsqueda de mis demás compañeros de división.
Tan solo salir de las entrañas del acorazado nos recibió un perfecto día soleado que, a no ser por los caprichos divinos del clima en el Grand Line, permanecería imperturbable por el resto de la jornada. El abrazo del sol me hizo sonreír y sentir mis energías renovabas – gracias al océano que ya no estábamos en aquella lúgubre isla donde la luz del sol era solo un cuento de fantasía que le contaban a los pequeños para mejorar sus tristes vidas.
Muchas veces a lo largo del trayecto entre Chika y Sabaody tuve que contener mis deseos de zambullirme en el mar, mismos que florecieron nuevamente ante la vista de aquel mar perfecto e imperturbable que nos recibía junto con el sol, era un paisaje perfecto para los que disfrutábamos de aquellas cosas tan triviales. Sin dejar de percibir a los marines que se encontraban a mi alrededor, baje por fin del acorazado.
Los 250 marines fieles a su entrenamiento habían formado 10 perfectas filas geométricas de 25 personas cada fila separados entre ellos a un metro de frente y espalda y otro metro a cada lado. La verdad que era un espectáculo el verlos ahí con sus uniformes impecables y su formación imperturbable, eran el orgullo de la marina y por supuesto el orgullo de nosotros.
Tras dejar desembarcar al último de los marines y quedar todos en formación perfecta, pude percibir como James y Apolo también habían desembarcado ya de aquel espectacular navío. A Apolo se le veía intentando utilizar su skate aunque sin suerte, y a James se le ve frente a las filas de marines claramente poniendo orden con aquel físico imponente que le caracterizaba.
“Buenos días Apolo, James, parece que por fin los dioses del clima han tenido a bien regalarnos un día perfecto.” – salude a ambos mientras ajustaba los guantes de combate para luego cruzar los brazos y quedar relativamente serio dejando asomar uno de mis colmillos por encima de las comisuras de mis labios.
“Por cierto, muchas gracias Apolo por sacarnos a salvo de aquel vertedero toxico de isla a la que alguien tuvo a bien llamarle Chika. Y gracias, James por formar las filas, se les nota a ambos motivados.” – aseveré mientras esperaba que las últimas dos personas bajaran del acorazado.
Estas últimas dos personas eran claramente las actualmente mas importantes e influyentes en la cadena de mando de la división a falta del líder, Joe Joestar. Los comodoro Karlglass y Ryze Tengen a quienes se les veía normalmente juntos (literalmente, casi unidos como si fueran uno solo) y quienes ostentaban el mismo rango de Joe tras los incidentes que pasaron en Momoiro.
Las instrucciones habían sido claras, la comodoro Karl estaba al mando de todos mientras esperábamos a que llegara el comodoro Joe, siendo el segundo al mando el comodoro Ryze, ¿quizás por eso hacia falta tener 3 comodoros?, no estaba seguro pero en esta ocasión funcionaba perfectamente y no dejaba espacio a duda alguna entre los marines o nosotros los miembros principales de la división.
Mientras más nos acercábamos a nuestro destino, tan cerca de la isla que me vio crecer, siento surgir en mi un vago sentimentalismo, dulce y triste pero viejo. Viejo como el viejo sabor de viejas lagrimas y viejo como aquel recuerdo amargo de cuando la vida te arrebato de mí.
Bajo esta tormenta de emociones pase las últimas horas de la noche antes de caer rendido en mi camarote. A la mañana siguiente la luz de un nuevo día, ajena a mis miedos y esperanzas, me despertó como el cantar de aquel gallo hacía en la ahora lejana base del G-22 de la marina.
Por fin habíamos dejado aquella horrenda isla toxica y habíamos llegado a nuestro siguiente destino, el archipiélago Sabaody. La isla Gyojin se situaba a escasos 10 mil metros bajo el mar, muy cerca de este archipiélago, se nutría de luz por arboles de la misma especie que los que dotaban de vida este manglar, los árboles Yarukiman.
Agradecería a Apolo una vez que le viera pues el fue el responsable de navegar aquel impactante buque acorazado y lo había hecho con tal maestría que pareciera que estaba llevando una simple veleta. No paraba de impresionarme la cantidad de habilidades y versatilidad de la que era capaz aquel fortachón rubio de mirada alegre y sonrisa radiante.
Sintiéndome apenas descansado, aunque físicamente bien, empecé a realizar la rutina de entrenamiento matutino la cual consistía de 100 sentadillas, 100 lagartijas, 100 abdominales y correr o nadar 10 km. Esto último no lo hice; a cambio, me puse a entrenar el Waki de armamento y de observación tal y como nos lo había recomendado la comodoro Karl.
Contenido Oculto
Parecía que ella estaba de momento al mando de la división 21 y de las 250 tropas que habían partido con nosotros rumbo al archipiélago Gyojin ya que, según se nos había informado, el comodoro Joe – el héroe – había logrado capturar a un pirata de gran renombre (y de largo nombre) durante nuestra estancia en la isla Chika, por lo que había partido hacia Impel Down. Esperábamos que se reuniera con nosotros en Sabaody pero no nos habían dicho cuándo, solo nos habían dejado una nota criptica que leía “esperad mi llegada con la primera luz del quinto día, al alba, mirad al este.”
Seguro estaba de broma, ¿o no?, era imposible saberlo cuando se trataba del héroe de los cabos gemelos.
Durante el transcurso entre la isla Chika y el archipiélago Sabaody también habían llegado noticias de todas partes del mundo. Al parecer en el Nuevo mundo los Yonkou la estaban liando parda. Los Shichibukai habían sido convocados por el almirante Markus Whitend. Los revolucionarios habían sufrido bajas a manos de el gremio de cazarecompensas Magna. Y un sinfín de noticias las cuales llegaban bajo las alas de las gaviotas que parecía surcaban los mares como aves de mal augurio.
Pero la noticia que más impacto había tenido en los ánimos de las tropas, y principalmente había afectado a los comodoro Karl y Ryze, era la noticia de la destrucción de la base de G-65 y, junto con esta, la caída del comandante Kurowashi Sephirot quien anteriormente había formado parte de la división 21 según nos había comentado el comodoro Ryze – ya que de la comodoro Karl solo salía furia y destrucción para quien se le acercara a preguntar por aquel difunto comandante.
Fue en ese momento que decidí empezar a tomarme más enserio mi posición como contraalmirante y empecé a estudiar los carteles de “se busca/wanted” que habían sido publicados hasta la fecha. Estudiando cada uno de los carteles, poca fue mi sorpresa al aprender que aquel sujeto con el que habíamos tomado una cerveza no era nada mas ni nada menos que Garnet Matlock, responsable de la muerte de uno de los Zodiacool, y aquella adolescente que le había sacado a rastras del bar era Sasha, casi igual de peligrosa – aunque en mi opinión posiblemente aún más peligrosa – que el mismo Garnet.
Igualmente repase los carteles de aquellos responsables del ataque a la base del G-65, Ashura, Rapax, Artur, Korg y Ben, eran nombres y caras que no podía olvidar ya que estaba convencido que tarde o temprano terminaríamos enfrentados, no solo porque así lo quisiera el destino, si no porque la comodoro Karl había tomado sus carteles personalmente y se los había llevado consigo. Tuve que pedir copias para poder repasarlos por mi cuenta.
Tras terminar el entrenamiento pase por la cocina a desayunar con los demás reclutas del acorazado que nos transportaba. Sirviendo un desayuno ligero, aunque alto en proteína y vitaminas, me puse a charlar tranquilamente con aquellos reclutas a los que en su mayoría se les podía observar motivados (aunque ciertamente algo nerviosos ya que para muchos era la primera vez en aquel archipiélago).
En realidad, también era la primera vez que visitaba el archipiélago, pero no venia solo, venia con la división 21. La presencia de cada uno de mis compañeros y de aquellos reclutas me transmitían paz, una paz que necesitaba principalmente tras aquella noche de recuerdos que a veces quisiera poder olvidar. Mas ahora que era capaz de sentir la presencia de cada uno de ellos, los sentía tan cerca como si estuvieran a mi lado, y es que lo estaban, éramos (somos) el mejor grupo con el que cuenta la marina de este lado del mar.
Casi al terminar mi desayuno – solo me quedaba por terminar de tomar mi te de algas que el cocinero del barco había tenido la amabilidad de preparar a petición propia – escuche una voz familiar sonando por los parlantes en forma de caracol que habían ubicados en cada sala del acorazado. Claramente era James (no solo por su voz sino que además se presento como el Sargento James Brando) quien instaba a todas las tropas asignadas a la división 21 a desembarcar en el Manglar 49 al cual habíamos llegado.
Ajustándome la gorra sobre mi calva cabeza, di los buenos días a los demás y gracias al chef quien me había preparado una ración de comida grande y me dirigí primeramente al área medica del buque acorazado en el cual las noches anteriores había preparado varios botiquines médicos de diferentes tamaños, así como ungüentos y vendas que podrían ser útiles en caso de separarnos de la comodoro Karl (quien claramente no necesitaba de nada de esto gracias a los poderes de su fruta del diablo).
Sintiendo como los 250 marines desembarcaban en orden marcial el acorazado, hice una última revisión a mi inventario confirmando que además de la comida y los kits médicos traía conmigo mis guantes y el Den Den Mushi y, tras ponerme los guantes en cada uno de mis puños, proseguí a desembarcar igualmente siguiendo la fila de marines en búsqueda de mis demás compañeros de división.
Tan solo salir de las entrañas del acorazado nos recibió un perfecto día soleado que, a no ser por los caprichos divinos del clima en el Grand Line, permanecería imperturbable por el resto de la jornada. El abrazo del sol me hizo sonreír y sentir mis energías renovabas – gracias al océano que ya no estábamos en aquella lúgubre isla donde la luz del sol era solo un cuento de fantasía que le contaban a los pequeños para mejorar sus tristes vidas.
Muchas veces a lo largo del trayecto entre Chika y Sabaody tuve que contener mis deseos de zambullirme en el mar, mismos que florecieron nuevamente ante la vista de aquel mar perfecto e imperturbable que nos recibía junto con el sol, era un paisaje perfecto para los que disfrutábamos de aquellas cosas tan triviales. Sin dejar de percibir a los marines que se encontraban a mi alrededor, baje por fin del acorazado.
Los 250 marines fieles a su entrenamiento habían formado 10 perfectas filas geométricas de 25 personas cada fila separados entre ellos a un metro de frente y espalda y otro metro a cada lado. La verdad que era un espectáculo el verlos ahí con sus uniformes impecables y su formación imperturbable, eran el orgullo de la marina y por supuesto el orgullo de nosotros.
Tras dejar desembarcar al último de los marines y quedar todos en formación perfecta, pude percibir como James y Apolo también habían desembarcado ya de aquel espectacular navío. A Apolo se le veía intentando utilizar su skate aunque sin suerte, y a James se le ve frente a las filas de marines claramente poniendo orden con aquel físico imponente que le caracterizaba.
“Buenos días Apolo, James, parece que por fin los dioses del clima han tenido a bien regalarnos un día perfecto.” – salude a ambos mientras ajustaba los guantes de combate para luego cruzar los brazos y quedar relativamente serio dejando asomar uno de mis colmillos por encima de las comisuras de mis labios.
“Por cierto, muchas gracias Apolo por sacarnos a salvo de aquel vertedero toxico de isla a la que alguien tuvo a bien llamarle Chika. Y gracias, James por formar las filas, se les nota a ambos motivados.” – aseveré mientras esperaba que las últimas dos personas bajaran del acorazado.
Estas últimas dos personas eran claramente las actualmente mas importantes e influyentes en la cadena de mando de la división a falta del líder, Joe Joestar. Los comodoro Karlglass y Ryze Tengen a quienes se les veía normalmente juntos (literalmente, casi unidos como si fueran uno solo) y quienes ostentaban el mismo rango de Joe tras los incidentes que pasaron en Momoiro.
Las instrucciones habían sido claras, la comodoro Karl estaba al mando de todos mientras esperábamos a que llegara el comodoro Joe, siendo el segundo al mando el comodoro Ryze, ¿quizás por eso hacia falta tener 3 comodoros?, no estaba seguro pero en esta ocasión funcionaba perfectamente y no dejaba espacio a duda alguna entre los marines o nosotros los miembros principales de la división.
Resumen
Aclaracion
Inventario

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