13-01-2025, 06:19 AM
Desde hacía un tiempo los días eran muy agridulces para Sasha, siempre que pasaba algo bueno se encontraba con algo malo, podía ser el karma o simplemente que su temperamento adolescente la sacara más de quicio que de normal, le habían dicho algo de las hormonas, pero prefería atribuirlo a la sangre de oni que corría por sus venas que la hacía tener menos paciencia de lo normal y querer destrozar todo a kanabazo limpio. La semioni estaba en el timón con sus mofletes inflados, por una extraña razón habían dejado el Frog Guild en la isla Chika, se había podido pasar sus cómics al Tango de la Sultana, pero no las estrellas brillantes que le había puesto Tobías en el techo de su camarote, eso sumado al pésimo estado del barco – que dificultaba la navegación y requería de todos sus sentidos navegando la carabela – su siguiente parada se estaba convirtiendo en un lugar que empezaba a crear cierto rechazo en la rubia. Por fin habían salido de la cueva tóxica que era la isla anterior y podía sentir el aire meciendo su largo pelo rubio – con un mechón rojo – recogido en una coleta. El sol por fin había vuelto a bañar su piel, además de las hojas de Bepso, que la pobre planta había estado demasiado tiempo sin estar bajo el sol y con aire puro. Lo peor de todo era que no sabían a donde se dirigían puesto que el log pose de Gronn apuntaba hacia abajo, recordaba cuando fueron a Skypiea que este apuntaba al cielo, la diferencia es que sería más complicado bajar al tener prácticamente toda la tripulación una akuma no mi.
La joven pirata por fin había conocido la ansiedad por culpa de aquel barco, no sabía lo que habían hecho los Alas Negras originales, pero el Tango de la Sultana estaba en sus últimas. Habían conseguido navegar lo mejor que pudo Sasha. — Putas islas y puta Grand Line — murmuraba desde su puesto en el timón, allí estaban más apretados y tenía que convivir con el niñato de la tripulación. Para rematar con todo aquello, Yojimbo no estaba, les había traído a un niño que se dedicaba a molestarla pero él se había desentendido. Aunque la rubia no tenía tiempo de pensar en ello pues el oleaje complicaba mucho llevar el barco a buen puerto, ya que, a cada momento que pasaba entraba más agua en el Tango de la Sultana. La semioni chasqueó mal la lengua, por suerte ya podía ver tierra firme o lo que fuera aquel sitio que no era su destino según el log pose, pero la carabela de la tripulación estaba en las últimas ¿Le daría tiempo a coger sus cómics? El Tango de la Sultana se estaba empezando a hundir, es escuchaba el crujido de la madera y como el agua no cesaba de entrar, la chica miró la planta de Bepso y supo lo que tenía que hacer. Activó su haki y acercó todo lo que pudo el barco a la orilla para que todos pudieran saltar hasta estar seguros, excepto Triana todos habían comido una akuma no mi así que lo mejor era acercarlo todo lo posible para evitar accidentes, así que viró el barco hasta tenerlo de lado en paralelo a tierra y que fuera más fácil para los demás saltar.
El grito de Garnet fue lo que Sasha hizo mirar la planta de Bepso y la cogió entre sus manos antes de saltar hacia tierra firme, mirando el suelo para no tener una terrible caída. Una vez las piernas de Sasha tocaron el suelo con las rodillas dobladas y con una épica pose – o por lo menos para ella lo era – como los superhéroes de los cómics que leía. Aprovechó para poner la planta en el suelo y comprobar que lo llevaba todo encima, por suerte tenía la costumbre de nada más levantarse llevar todas sus pertenencias con ella, por lo que se alegró al empezar a notar en los bolsillos sus molonas gafas de sol, su Den Den Mushi, un botiquín por si la liaba mucho y el dial que le regaló el rey mono de fuego. El log pose estaba en su sitio, la muñeca izquierda de la semioni y, su inseparable Stardust, colgado en la espalda. Todo estaba en orden así que decidió alistar su ropa, empezó a mirar a su alrededor mientras intentaba quitarle las arrugas a su camiseta blanca y acomodaba su chaqueta negra, los pantalones largos y de color negro tenían un poco de polvo, pero lo que más le gustaba de lo que llevaba puesto era que estaba estrenando un nuevo cinturón que tenía una hebilla con el dibujo de calavera, se alegró de rescatarla de trágico final.
Sasha pudo apreciar los gigantescos arboles y, que curiosamente, en el que estaban tenía el número siete. Si ya de por si era raro estar en un manglar, lo era más todavía que este tuviera un número. Miró a Garnet a su derecha – a un metro de ella – mientras ponía los brazos en sus caderas, se encontraba a diez metros del mar justo donde había naufragado el Tango de la Sultana. Pero la chica no pudo evitar quedar fascinada como una burbuja salía del suelo y subía hacia el cielo, donde finalmente explotaba. La semioni miró como se formaban las burbujas todavía con su haki activado ¿Podría meter a Garnet en una de ella? Sería divertido ver como empezaba a subir, pero lo máximo que pudo hacer fue pensar en su travesura y poner una cara de pilla ante semejante idea, pues el músico de la tripulación llamó su atención preguntando dónde estaban y si estaban bien. La cara de Sasha cambió rápidamente a una muy enfadada, pero antes de poder contestar, el skypiean empezó a tocar una canción en honor al barco que acababa de naufragar.
La furia se hacía cada vez más notoria y cuando el músico terminó de tocar lo dejó ir todo. — ¡¿Qué si estoy bien?! No tenemos barco, he perdido todos mis cómics, las estrellas de mi camarote se han quedado en el Frog Guild ¡Qué esa es otra! ¿Por qué no estamos en el Frog Guild? No tenemos comida, no sabemos dónde está Yojimbo y he salvado a Bepso por los pelos ¿Crees que eso es estar bien? — contestó nerviosa la chica ante la situación que se presentaba ante ellos. — Y esto es el puto archipiélago de Sabaody — añadió poniendo morritos mientras levantaba la mano izquierda ligeramente guiada por su muñeca mostrando el utensilio de navegación. — El log pose sigue señalando abajo — comentó Sasha más calmada buscando la mirada de Triana esperando por lo que debían hacer. A ella siempre le costaba hacer caso a la gente, pero todos los miembros de la tripulación siempre habían conseguido demostrarle que podía confiar en ellos y que tomaban buenas decisiones dada su experiencia – excepto Kenzo, que era un niñato que la molestaba – así que sin Yojimbo, ahora solo podían seguir las ordenes de la espadachina y médico de los Alas Negras.
Garnet parecía que intentaba buscar algo positivo de todo eso porque propuso dar una vuelta, quería dar un concierto y, hasta ahora su mejor idea, rastrear a Yojimbo por si estaba en el archipiélago. Le sorprendería verlo en la isla, pero había dejado una nota rara o una especie de dibujo que apenas se entendía. — Puto archipiélago de los cojones — se quejó en un susurro antes de suspirar de forma pesada mientras esperaba el siguiente paso de su aventura, con el haki de observación todavía activado.
información
