[EVENTO FASE 2] El mismo infierno - Manglar 33 - Parabellum
#3
Como el estruendo en la guerra.
Los sonidos y voces en mi cabeza, aún resonantes de la noche anterior, se amontonaban y precipitaban uno por encima de otro de manera interminable, haciéndome incapaz de concentrarme en el presente. Por más que intentaba abstraerme de ello, los gritos y padecimientos de centenares de voces que parecían agonizar entre lágrimas y sollozos se hacían cada vez más estruendosas hasta que todas ellas se silenciaban abruptamente con la superposición de la que era, de manera irónica, ya familiar voz de Selene finalizando el sueño. — Encuéntrame, Viktor. —

Recordar esto hizo que volviera en mí de nuevo. Estaba en la cubierta del Parabellum desde hace unas horas, apoyado con los antebrazos sobre la baranda de estribor, mirando al horizonte con la vista perdida sin ningún enfoque concreto mientras el barco terminaba de aproximarse los últimos centenares de metros a nuestro destino. En vista de que dormir era un privilegio que no podía permitirme habitualmente, había decidido que observar el amanecer en el inusual lugar que nos cobijaría sería reconfortante: Sabaody. El curioso archipiélago, que constaba de ocho islas independientes y conectadas, estaba cubierta por manglares numerados que hacían de ellas un crisol de ideologías, razas y facciones. El manglar 33, que sería nuestro lugar de atraque, parecía estar en una inusual calma a esta hora de la mañana. — Hora de ponerse en marcha. — dije para mí mismo como si yo mismo supiera que las cosas iban a comenzar a moverse, irguiéndome y girando noventa grados hacia los camarotes y comenzando a caminar con paso ligero y firme. El clima otoñal, quizá algo enturbiado en esta zona del mar, había comenzado a sembrar el frío en los días y era necesario volver a usar mi abrigo para sentirse cómodo. Volviendo sobre mis pasos a mi camarote, siguiendo el pasillo central del Parabellum, no pude obviar pensar en lo que había cambiado el equipo desde Toko. Chloe, que desde la fundación de Magna había estado con nosotros, había terminado sus días a manos de Sohem. Durante algún instante pensé en si fue la decisión correcta. Si era necesario acabar con la vida de un ser que dependía prácticamente de manera íntegra de nosotros para sobrevivir cuando probablemente dejarla perdida en la isla hubiera sido suficiente para que la naturaleza, a veces cruel, siguiera su curso e hiciera su trabajo inexorable acabando con su existencia. Sin embargo, ya había llegado en el que me preguntaba si yo hubiera hecho lo mismo en caso de vérmelas con ella.

Al alcanzar mi camarote, abrí la puerta y cerré tras de mí. La habitación estaba en penumbra, con la ventana casi cerrada y apenas unos tímidos rayos de sol sin demasiada fuerza se colaban entre las rendijas de esta. Lo suficiente para iluminar tenuemente la estancia y percibir formas grandes como muebles. Sin embargo, no tuve problemas para llegar en dos pasos al escritorio donde reposaban sobre su soporte Shimei Kaeru y Saba, mis dos espadas predilectas. — Volvemos al trabajo, chicas. — dije mientras apretaba mi cinturón para poder incorporarlas con seguridad. Tras esto, introduje a Saba en él, en mi lado izquierdo, y até su dorado sageo a mi cinturón, evitando que la saya artesanal que le fabriqué se deslizara y quedara firme, en unos cuarenta y cinco grados, dispuesta a ser desenvainada. Repetí la operación con Shimei Kaeru, pero al lado opuesto, también atando su sageo negro. No pude evitar sentir la atracción de Yamigiri, quien parecía observarme desde la esquina de la habitación donde reposaba apoyada de pie con el mango hacia la pared. — Sí… ¿Por qué no? — murmuré mientras me acercaba a ella y la cogía con la zurda. — Hoy saldremos de paseo. — aseveré mientras introducía a Yamigiri junto a Shimei Kaeru a mi siniestra y giraba hacia la puerta, avanzando y cogiendo mi abrigo de la silla con la diestra, echándolo con un hábil movimiento sobre mi hombro derecho. Al llegar al umbral giré la vista hacia mi cuarto. — Esto no es una casa… es una puta mierda. —

Retornando con mis pensamientos, no pude ignorar a Carmilla. La joven era agradable y me divertía con ella y sus picantes comentarios. Sin embargo, tras lo que suponemos fue haber presenciado el asesinato de Chloe, huyó despavorida del Gremio, convirtiéndose en una desertora para el equipo. Su futuro es desconocido para nosotros y el mero hecho de pensar que seguramente muera me incomodaba. Aunque mi único consuelo era que no merecía morir de la misma manera que Chloe, que era lo más probable en caso de que el jefe de Magna hubiera echado su mano sobre su cuello tras presenciar lo ocurrido. Llegué de nuevo a cubierta y me dirigí directo a proa. Shoto era el último de los nuevos. Parecía haberse adaptado con extrema diligencia al trabajo del equipo, quizá porque se limitaba a inventar cosas cuando se lo solicitábamos y no estaba en presencia del jefe de manera continua, lo que limitaba de gran manera la posibilidad de que Sohem se planteara lo mismo.

Una vez en proa, subí a la baranda mirando hacia el manglar. El viento parecía soplar suave y traía ese olor característico del otoño. Esa sensación casi invernal que adoraba. Aunque aquello no pudo evitar que pensara en mí mismo en el equipo. Yo también había cambiado. Ya no era el mismo que puso los pies en Toko y enterró a su familia con sus propias manos tras asesinarlos. Me juré que jamás me mancharía las manos de sangre inocente y desde luego, había roto mi promesa más veces de las que podía contar. Yo mismo estaba cayendo en una espiral sucia y oscura de la que cada vez estaba más seguro que no tenía retorno. Las risas de Lustig y Sohem me devolvieron a la realidad. Suspiré. Salté de proa a tierra y avancé diez metros. Tras ello, cerré los ojos, activando mi haki de observación a máximo rendimiento para comprobar los alrededores. Además de la vida habitual, no parecía haber nada extraño ni amenazante. Probablemente, la mayor amenaza residía en el barco tras de mí. Lo cual me llevaba a pensar en Sohem. El jefe era el único que había permanecido inmutable desde que lo conocimos en Toko. Su carácter quizá se había suavizado conmigo en algunos momentos, pero seguía siendo y aparentando ser lo mismo: un mercenario dispuesto a quemar el mundo si eso le convertía en el único hombre con pasto verde bajo los pies. En su momento no admiraba ese tesón por ser el más fuerte, pero, con el pasar de los días, no paraba de alinearme más y más con él. Lo que era un interés económico y monetario dio paso con el tiempo y las peleas a un respeto bélico que, tiempo después, había dado paso a un vínculo que parecía superar esto. Había comenzado a verle como un amigo, incluso. Uno de esos que no soportas demasiado tiempo seguido… pero un amigo al fin y al cabo.

Giré la cabeza bruscamente de lado a lado varias veces, sacudiendo así mi pelo, que comenzaba a estar más largo de lo habitual, y tras esto abrí los ojos y me golpeé las mejillas dos veces con ambas manos. — Despejado. — dije tras girar sobre mí mismo y para volver cubierta de un salto más Sohem que ya estaba equipado y acompañado por su fiel animal, había entrado en escena cayendo del navío tras de mí. Quizá era el momento de darle una sepultura a nuestro navío, y no estaría mal buscar información, víveres y algún lugar donde entrenar. Había mucho que hacer. — ¿Órdenes? Me gustaría deshacernos de este barco y conseguir uno nuevo a la altura del Nuevo Mundo, jefe. — sostuve con firmeza decidido a traer el mejor barco posible para Magna.


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RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno - Manglar 33 - Parabellum - por Viktor - 13-01-2025, 10:10 AM

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