15-01-2025, 03:13 AM
(Última modificación: 15-01-2025, 11:34 AM por Tobias Murray.)
La simpleza y la pureza de Jolyne eran embaucadoras. Era muy inocente por su parte pensar que su capitán no estaba junto a ellos por algo tan banal, pero por una razón u otra, todos pensaban que lo iban a volver a ver pronto. Todos estaban en tierra, sanos y salvos, cada loco con su tema. Garnet increpando a Kenzo por insolente. Sasha, victima de las provocaciones del benjamín de la familia, estallaba, lanzándose en plancha hacia éste, generando una amalgama de extremidades asomando intermitentemente tras una nube de polvo. Jolyne a su puta bola. Tobías, tras disminuir en su organismo los niveles de adrenalina causados por la tensión del naufragio, perdió la calma, y el sentimiento de culpabilidad por la perdida del Tango de la Sultana lo abordó. Primero cayó de rodillas y después se dejó caer de morros, decúbito supino, inerte, llorando y fustigándose mentalmente por no haber cumplido su cometido en la tripulación, sintiéndose una deshonra para el gremio de los carpinteros. Triana, el último bastión de la cordura y del saber estar, equilibraba la balanza ella sola, estoica y segura de si misma. Y esa era la estampa que contemplaba la joven de cabellos brunos que entraba en escena, caminando hacia la tripulación pirata, pasando completamente desapercibida hasta que despegó sus carnosos labios.
Sus palabras atrajeron toda la atención de los Alas Negras, deteniendo sus acciones y/o pensamientos ipso facto. A Tobías le quedaba justo detrás de la nuca, a duras penas escuchaba los pasos de la muchacha. La joven tenía buen sentido del humor y valor, o tal vez desesperación, al atreverse a acercarse a una tripulación pirata pidiendo ayuda. Quizás fuera una marine, pero reconocer que conocía a los Alas Negras no era una buena estrategia para infiltrarse. Si tan solo era Emerald y decía la verdad, realmente les convenía una guía para recorrer aquel cúmulo de islotes y si además les ofrecía una recompensa por la ayuda, pues mejor. Lo único que rebotaba en la cabeza del vaquero era la premisa de que estuvieran persiguiendo a la chica. ¿Quiénes y por qué razón? Tobías se limitó a girar la cabeza, aún tumbado y con lágrimas en los ojos, para encontrarse con unos desnudos pies a unos metros por delante. No le hizo falta mirar hacia arriba para saber que era una chica atractiva, pues la actitud de su hermano pelirrojo hacia ella se lo chivó. Otra vez haciendo el ridículo y avergonzando a sus compañeros, al menos a Tobías. Por suerte Triana detuvo esa turbia escena con una exquisitez envidiable. El vaquero rio para sus adentros, Garnet realmente era un gato en eterno celo. La capitana en funciones no parecía desconfiar de ella, aún así, tras aceptar su demanda, advirtió a sus compañeros que se mantuvieran alerta. Su seguridad calmó al vaquero, el cual solía ser demasiado confiado y eso le asustaba, pues alguna que otra vez le había causado un buen disgusto no percibir la malicia ajena. Barba naranja se incorporó, ya recompuesto por la idea de ir hacia los astilleros, secándose las lágrimas con su antebrazo izquierdo y contemplando por primera vez a aquella joven. Era increíblemente bella y más joven de lo que le había parecido por su tono de voz. Su aura no denotaba malicia, más bien congoja. El haki de observación también le ayudaría a contrarrestar su exceso de credulidad.
- Soy Tobías Murray, encantado. - El vaquero se encendió un cigarro y se recolocó el sombrero, con Pascal escondido debajo. La muchacha les había señalado la dirección hacia los astilleros, en dirección contraria logró ver actividad marine. La mejor idea era ir con ella y ayudarla. - Si vamos a acompañarte, no te importará explicarnos quienes son los que te tienen tan poco aprecio y por qué razón. No es que sea un cotilla, a ti también te interesa que sepamos con quien nos jugamos los berries. - Esa frase recordó al carpintero que el dinero para las emergencias (quinientos mil berries, nada menos) se había hundido junto al Tango de la Sultana, lo cual empujó de morros al suelo, otra vez, al joven pirata, resurgiendo las lagrimas en sus ojos color ámbar. Esta vez perdió el sombrero, quedando éste con el hueco para la cabeza boca arriba, descubriendo a Pascal, el cual se hallaba dentro, se había vuelto del color de la montera y estaba hecho un ovillo debido al susto. "Voy a tener que controlarme con las apuestas…”
Sus palabras atrajeron toda la atención de los Alas Negras, deteniendo sus acciones y/o pensamientos ipso facto. A Tobías le quedaba justo detrás de la nuca, a duras penas escuchaba los pasos de la muchacha. La joven tenía buen sentido del humor y valor, o tal vez desesperación, al atreverse a acercarse a una tripulación pirata pidiendo ayuda. Quizás fuera una marine, pero reconocer que conocía a los Alas Negras no era una buena estrategia para infiltrarse. Si tan solo era Emerald y decía la verdad, realmente les convenía una guía para recorrer aquel cúmulo de islotes y si además les ofrecía una recompensa por la ayuda, pues mejor. Lo único que rebotaba en la cabeza del vaquero era la premisa de que estuvieran persiguiendo a la chica. ¿Quiénes y por qué razón? Tobías se limitó a girar la cabeza, aún tumbado y con lágrimas en los ojos, para encontrarse con unos desnudos pies a unos metros por delante. No le hizo falta mirar hacia arriba para saber que era una chica atractiva, pues la actitud de su hermano pelirrojo hacia ella se lo chivó. Otra vez haciendo el ridículo y avergonzando a sus compañeros, al menos a Tobías. Por suerte Triana detuvo esa turbia escena con una exquisitez envidiable. El vaquero rio para sus adentros, Garnet realmente era un gato en eterno celo. La capitana en funciones no parecía desconfiar de ella, aún así, tras aceptar su demanda, advirtió a sus compañeros que se mantuvieran alerta. Su seguridad calmó al vaquero, el cual solía ser demasiado confiado y eso le asustaba, pues alguna que otra vez le había causado un buen disgusto no percibir la malicia ajena. Barba naranja se incorporó, ya recompuesto por la idea de ir hacia los astilleros, secándose las lágrimas con su antebrazo izquierdo y contemplando por primera vez a aquella joven. Era increíblemente bella y más joven de lo que le había parecido por su tono de voz. Su aura no denotaba malicia, más bien congoja. El haki de observación también le ayudaría a contrarrestar su exceso de credulidad.
- Soy Tobías Murray, encantado. - El vaquero se encendió un cigarro y se recolocó el sombrero, con Pascal escondido debajo. La muchacha les había señalado la dirección hacia los astilleros, en dirección contraria logró ver actividad marine. La mejor idea era ir con ella y ayudarla. - Si vamos a acompañarte, no te importará explicarnos quienes son los que te tienen tan poco aprecio y por qué razón. No es que sea un cotilla, a ti también te interesa que sepamos con quien nos jugamos los berries. - Esa frase recordó al carpintero que el dinero para las emergencias (quinientos mil berries, nada menos) se había hundido junto al Tango de la Sultana, lo cual empujó de morros al suelo, otra vez, al joven pirata, resurgiendo las lagrimas en sus ojos color ámbar. Esta vez perdió el sombrero, quedando éste con el hueco para la cabeza boca arriba, descubriendo a Pascal, el cual se hallaba dentro, se había vuelto del color de la montera y estaba hecho un ovillo debido al susto. "Voy a tener que controlarme con las apuestas…”
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