Habiendo sido el primero en tomar tierra, me siguió mi fiel Lustig y mi también fiel Viktor pidiendo órdenes y expresando su deseo de deshacernos del Parabellum y comprar un barco nuevo. Después de sus palabras y antes de que yo pudiera decir algo más, el muchacho llegó a escena también e intentó - sin éxito - interactuar con Lustig.
Miraba hacia delante, hacia el tumulto de gente, con los brazos cruzados, intentando pensar entre tanto jolgorio. Yo también quería deshacerme del barco y comprar uno nuevo, pero no tenía pinta de astilleros esta zona. Por otro lado mi curiosidad imperaba sobre mi raciocinio y hacía que quisiera adentrarme en el tumulto. Y lejos de poder obrar por mi mismo, Viktor tomó la iniciativa caminando hacía ahí. Lo miré de arriba a abajo, la espalda, y confié en el buen criterio e intuición de mi compañero, descruzando los brazos y metiéndolos en mis bolsillos para caminar justo detrás de Viktor, con Lustig a mi costado derecho y un paso por detrás, y el manitas en otra parte que desconocía.
Así pues caminando hacia el tumulto unas palabras llamaron mi atención: Puja. Mis orejas palpitaron dentro de mi casco y eso me hizo chasquear la lengua como el carnívoro que se relame antes de cazar a su presa. ¿Estaban hablando de millones? — Oe — dije a un tono leve y casi imperceptible ¿acababa de escuchar bien?. En la dirección que mis oídos me guiaban, donde más tumulto había, y donde Viktor se estaba encaminando pude distinguir tres cosas que me tuvieron el lazo echado al cuello como un yugo a una res. Puja, millones, y Akuma no mi. Si mi cerebro no estaba frito por tanta ola de calor, estaban subastando una fruta del diablo en ese puesto. Pero antes de que pudiera ratificarlo, Viktor se giró levemente ofreciéndome su costado para llamar mi atención. Se dirigió a mi como 'jefe' - como debía hacerse - y me dijo que iba a tratar de ver la fruta para tratar de tener más información al respecto. Y en efecto, frente a nosotros y siendo el epicentro del tumulto, un hombre ataviado de forma circense pisaba un cofre cerrado asegurando un premio que, según la cartelería, era una Akuma no mi pequeña, redonda, y completamente dorada.
En ese instante nuestro tercero en discordia se acercó a mi oído y se dirigió a mi como "Capi" — ¿Cómo que capi? — pregunté mientras giraba un poco el rostro en su dirección, terminando de escucharle advertirme que esto era una estafa, y recomendándome no caer en la tentación de aceptar. Pero estaba muy lejos de poder disuadirme.
Volví a mirar hacia delante. El skypieano quería que dejasemos pasar esto sin ningún tipo de curiosidad. Mi albino compañero quería tratar de poder verla para sacar información. Las gentes se amontonaban entorno al puesto y al tendero, quien vociferaba y reconocía las cantidades que pujaban los demás, y algunos marines trataban de mantener el orden y el control. Miré hacia mi costado y vi a Lustig lamiéndose sus partes... otro completamente desinteresado del tema, como el muchacho.
Suspiré y volví a mirar hacia el tendero. Si ahí había una Akuma no mi, no podía dejar pasar esa oportunidad. Y no quería. Era un negocio al que se le podía sacar mucha rentabilidad, o mejor, podría hacer que el chico... como se llamase, el nuevo, valiese para algo si le hacía comérsela. Yo quería tener esa fruta, fuera la que fuera, y la iba a conseguir a como diera lugar. Y si era falsa, recuperaría mi inversión.
— Con permiso — me limité a decir, mientras liberaba una ola de Haoshoku de diez metros a la redonda, buscando producir el efecto que el viejo mono Marukuchi produjo en las gradas en Skypiea: desmayar a todo aquel que no valiese la pena — ¿Por cuánto va la puja? — pregunté, sin sacar las manos de los bolsillos, mientras los civiles a mi alrededor se desmayaban con espuma en la boca. Entonces me puse en paralelo con Viktor y giré levemente la cabeza para mirarle — Wry... — reí muy flojo y por lo bajo, apenas una bocanada leve de sarcasmo — ¿Así la puedes ver? — pregunté, orgulloso de mi propia fuerza y de como nos habíamos quitado a los pujadores rivales. Entonces volví a mirar al tendero - si es que aun se mantenía en pie - y saqué una mano del bolsillo mostrando los cinco dedos — Cinco millones de berries en efectivo en este mismo instante si nos dejas ver la fruta y me dices de qué fruta se trata — ofrecí, manteniendo la calma y la templanza
Miraba hacia delante, hacia el tumulto de gente, con los brazos cruzados, intentando pensar entre tanto jolgorio. Yo también quería deshacerme del barco y comprar uno nuevo, pero no tenía pinta de astilleros esta zona. Por otro lado mi curiosidad imperaba sobre mi raciocinio y hacía que quisiera adentrarme en el tumulto. Y lejos de poder obrar por mi mismo, Viktor tomó la iniciativa caminando hacía ahí. Lo miré de arriba a abajo, la espalda, y confié en el buen criterio e intuición de mi compañero, descruzando los brazos y metiéndolos en mis bolsillos para caminar justo detrás de Viktor, con Lustig a mi costado derecho y un paso por detrás, y el manitas en otra parte que desconocía.
Así pues caminando hacia el tumulto unas palabras llamaron mi atención: Puja. Mis orejas palpitaron dentro de mi casco y eso me hizo chasquear la lengua como el carnívoro que se relame antes de cazar a su presa. ¿Estaban hablando de millones? — Oe — dije a un tono leve y casi imperceptible ¿acababa de escuchar bien?. En la dirección que mis oídos me guiaban, donde más tumulto había, y donde Viktor se estaba encaminando pude distinguir tres cosas que me tuvieron el lazo echado al cuello como un yugo a una res. Puja, millones, y Akuma no mi. Si mi cerebro no estaba frito por tanta ola de calor, estaban subastando una fruta del diablo en ese puesto. Pero antes de que pudiera ratificarlo, Viktor se giró levemente ofreciéndome su costado para llamar mi atención. Se dirigió a mi como 'jefe' - como debía hacerse - y me dijo que iba a tratar de ver la fruta para tratar de tener más información al respecto. Y en efecto, frente a nosotros y siendo el epicentro del tumulto, un hombre ataviado de forma circense pisaba un cofre cerrado asegurando un premio que, según la cartelería, era una Akuma no mi pequeña, redonda, y completamente dorada.
En ese instante nuestro tercero en discordia se acercó a mi oído y se dirigió a mi como "Capi" — ¿Cómo que capi? — pregunté mientras giraba un poco el rostro en su dirección, terminando de escucharle advertirme que esto era una estafa, y recomendándome no caer en la tentación de aceptar. Pero estaba muy lejos de poder disuadirme.
Volví a mirar hacia delante. El skypieano quería que dejasemos pasar esto sin ningún tipo de curiosidad. Mi albino compañero quería tratar de poder verla para sacar información. Las gentes se amontonaban entorno al puesto y al tendero, quien vociferaba y reconocía las cantidades que pujaban los demás, y algunos marines trataban de mantener el orden y el control. Miré hacia mi costado y vi a Lustig lamiéndose sus partes... otro completamente desinteresado del tema, como el muchacho.
Suspiré y volví a mirar hacia el tendero. Si ahí había una Akuma no mi, no podía dejar pasar esa oportunidad. Y no quería. Era un negocio al que se le podía sacar mucha rentabilidad, o mejor, podría hacer que el chico... como se llamase, el nuevo, valiese para algo si le hacía comérsela. Yo quería tener esa fruta, fuera la que fuera, y la iba a conseguir a como diera lugar. Y si era falsa, recuperaría mi inversión.
— Con permiso — me limité a decir, mientras liberaba una ola de Haoshoku de diez metros a la redonda, buscando producir el efecto que el viejo mono Marukuchi produjo en las gradas en Skypiea: desmayar a todo aquel que no valiese la pena — ¿Por cuánto va la puja? — pregunté, sin sacar las manos de los bolsillos, mientras los civiles a mi alrededor se desmayaban con espuma en la boca. Entonces me puse en paralelo con Viktor y giré levemente la cabeza para mirarle — Wry... — reí muy flojo y por lo bajo, apenas una bocanada leve de sarcasmo — ¿Así la puedes ver? — pregunté, orgulloso de mi propia fuerza y de como nos habíamos quitado a los pujadores rivales. Entonces volví a mirar al tendero - si es que aun se mantenía en pie - y saqué una mano del bolsillo mostrando los cinco dedos — Cinco millones de berries en efectivo en este mismo instante si nos dejas ver la fruta y me dices de qué fruta se trata — ofrecí, manteniendo la calma y la templanza
Resumen
Inventario
bélico

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