17-01-2025, 04:48 PM
Al desembarcar en los manglares 40-49 del Archipiélago Sabaody tuve una sensación de calma la cual se apoderó de mí. El aire, cálido y húmedo, llevaba consigo un aroma peculiar: una mezcla de sal marina y madera mojada, con un leve toque dulce que debía venir de la savia resinosa de los árboles Yarukiman la cual me recordaba ligeramente a casa. Seguramente igual influía que desde nuestra llegada, tras activar el Waki de Observación a poco mas de 200 metros no puede percibir ninguna emoción negativa a nuestro alrededor, cosa que también ayudo a relajar los nervios iniciales que sentía antes de llegar al archipiélago.
Mientras la comodoro Karl le echaba una bronca a James (aunque bastante calmada la verdad a lo que nos tiene acostumbrados) Apolo me dio unos codazos soltando un gran chiste sobre el Waki del cual me reí aunque intentando mantener la seriedad por lo que fue una risa breve – “Gowowo” – mientras asentía con la cabeza.
Miré hacia el cielo, apenas visible entre el dosel de hojas enormes, donde la luz del sol se filtraba creando manchas de colores dorados y verdes que bailaban sobre la superficie del agua. Esa luz parecía jugar con los movimientos de los cardúmenes de peces que nadaban entre las raíces sumergidas. Vi destellos plateados entre los tonos oscuros del agua, movimientos rápidos que desaparecían antes de que pudiera seguirlos del todo. Mis oídos captaban un concierto natural: el murmullo constante del agua lamiendo las raíces, el canto ocasional de un ave acuática escondida en las alturas y, de vez en cuando, el chapoteo suave de algo que rompía la superficie. Era un sonido tranquilo, relajante, pero lleno de vida.
Informando al cuartel de la marina de nuestra llegada, la comodoro Karl nos asignó a Apolo y a mí un pelotón a cada uno de los que había formado y dio instrucciones a los demás pelotones para empezar la marcha hacia el cuartel excepto al quinto al cual se le ordenó quedarse vigilando el acorazado que nos había traído a Sabaody. Sin embargo, algo que yo tampoco vi venir incluso con el Waki de Observación fue la instrucción que la comodoro dio a James la cual consistía en acompañarme y seguir mis órdenes.
Claramente no iba a ser yo quien pusiera en cuestionamiento las órdenes de quien nos lideraba, pero quería imaginar que en parte no se le había asignado un pelotón a James por su rango (ya que había otros sargentos igual entre las filas). Solo esperaba que los tenientes no se tomaran a mal que un contramaestre liderara uno de los pelotones.
Casi como si contestaran directamente a una pregunta que jamás hice, pude sentir como las emociones de todos los del pelotón era la de fiel cumplimiento a su deber y respeto hacia la comodoro Karl y sus órdenes. Por otra parte, pude sentir como la ira se apoderaba de James por un instante tras aquellas órdenes misma que se disolvió casi en el mismo instante en el que se presentó.
Mientras marchábamos, el aroma de la comida fresca llegó a mí. A nuestro paso pude ver pequeños restaurantes y bares abiertos al aire, construidos con materiales locales del archipiélago bastante coloridos. Sus dueños, vestidos con ropa ligera y colores suaves, atendían sonrientes a los visitantes. Los platos estaban llenos de colores vibrantes: rodajas de pescado crudo que brillaban como si todavía estuvieran bajo el agua, y sopas humeantes que llevaban el aroma del mar y las hierbas locales.
James se acerco a mi para felicitarme por el mando, aunque no veía del todo la razón para ser felicitado igualmente agradecí el gesto. Luego me propuso quedarse conmigo en la retaguardia donde me encontraba ya que me parecía primordial que alguien con Waki de Observación cerrara la marcha a lo que conteste menos serio gracias al gesto que había tenido el mink conmigo.
“Te lo agradezco James, creo que lo mejor seria que me quede atrás vigilando con el Waki nuestras espaldas. Siendo que tu eres de los más rápidos de la división, quizás convendría que te quedaras a mi lado por si llego a percibir algo te avise y podamos actuar lo más rápido posible, ¿qué te parece?”
Al cruzar uno de los puentes colgantes, miré hacia abajo y vi cómo el agua se movía despacio, clara como el cristal. Una garza blanca descendió con gracia hacia una raíz cercana y se quedó inmóvil, observando el agua, y luego se lanzó de repente, sacando un pez que brillaba como plata líquida en su pico. Todo en este lugar se sentía vivo, conectado, como si los árboles, el agua y las criaturas compartieran un mismo latido. Manteniendo el ritmo de la marcha respiré profundo, llenándome los pulmones con el aire fresco y el olor de la madera húmeda.
“Parece que no será una marcha tranquila después de todo.” – dije tras ver como un tumulto de gente se empezaba a conglomerar alrededor de nosotros tras el espectáculo militar que seguro estábamos montando. “Sin embargo” – proseguí – “parece que no tienen malas intenciones, mi Waki me dice que estas personas celebran la llegada de la marina.”
Lo que no imagine es que aquella celebración se convirtiera en una marea de gente que nos tapa el acceso y nos impide seguir avanzando. Esperando las instrucciones de la comodoro Karl, me mantuve atento con el Waki de Observación activo a cualquier sensación que sintiera fuera de lugar de entre los vítores y celebraciones.
Mientras la comodoro Karl le echaba una bronca a James (aunque bastante calmada la verdad a lo que nos tiene acostumbrados) Apolo me dio unos codazos soltando un gran chiste sobre el Waki del cual me reí aunque intentando mantener la seriedad por lo que fue una risa breve – “Gowowo” – mientras asentía con la cabeza.
Miré hacia el cielo, apenas visible entre el dosel de hojas enormes, donde la luz del sol se filtraba creando manchas de colores dorados y verdes que bailaban sobre la superficie del agua. Esa luz parecía jugar con los movimientos de los cardúmenes de peces que nadaban entre las raíces sumergidas. Vi destellos plateados entre los tonos oscuros del agua, movimientos rápidos que desaparecían antes de que pudiera seguirlos del todo. Mis oídos captaban un concierto natural: el murmullo constante del agua lamiendo las raíces, el canto ocasional de un ave acuática escondida en las alturas y, de vez en cuando, el chapoteo suave de algo que rompía la superficie. Era un sonido tranquilo, relajante, pero lleno de vida.
Informando al cuartel de la marina de nuestra llegada, la comodoro Karl nos asignó a Apolo y a mí un pelotón a cada uno de los que había formado y dio instrucciones a los demás pelotones para empezar la marcha hacia el cuartel excepto al quinto al cual se le ordenó quedarse vigilando el acorazado que nos había traído a Sabaody. Sin embargo, algo que yo tampoco vi venir incluso con el Waki de Observación fue la instrucción que la comodoro dio a James la cual consistía en acompañarme y seguir mis órdenes.
Claramente no iba a ser yo quien pusiera en cuestionamiento las órdenes de quien nos lideraba, pero quería imaginar que en parte no se le había asignado un pelotón a James por su rango (ya que había otros sargentos igual entre las filas). Solo esperaba que los tenientes no se tomaran a mal que un contramaestre liderara uno de los pelotones.
Casi como si contestaran directamente a una pregunta que jamás hice, pude sentir como las emociones de todos los del pelotón era la de fiel cumplimiento a su deber y respeto hacia la comodoro Karl y sus órdenes. Por otra parte, pude sentir como la ira se apoderaba de James por un instante tras aquellas órdenes misma que se disolvió casi en el mismo instante en el que se presentó.
Mientras marchábamos, el aroma de la comida fresca llegó a mí. A nuestro paso pude ver pequeños restaurantes y bares abiertos al aire, construidos con materiales locales del archipiélago bastante coloridos. Sus dueños, vestidos con ropa ligera y colores suaves, atendían sonrientes a los visitantes. Los platos estaban llenos de colores vibrantes: rodajas de pescado crudo que brillaban como si todavía estuvieran bajo el agua, y sopas humeantes que llevaban el aroma del mar y las hierbas locales.
James se acerco a mi para felicitarme por el mando, aunque no veía del todo la razón para ser felicitado igualmente agradecí el gesto. Luego me propuso quedarse conmigo en la retaguardia donde me encontraba ya que me parecía primordial que alguien con Waki de Observación cerrara la marcha a lo que conteste menos serio gracias al gesto que había tenido el mink conmigo.
“Te lo agradezco James, creo que lo mejor seria que me quede atrás vigilando con el Waki nuestras espaldas. Siendo que tu eres de los más rápidos de la división, quizás convendría que te quedaras a mi lado por si llego a percibir algo te avise y podamos actuar lo más rápido posible, ¿qué te parece?”
Al cruzar uno de los puentes colgantes, miré hacia abajo y vi cómo el agua se movía despacio, clara como el cristal. Una garza blanca descendió con gracia hacia una raíz cercana y se quedó inmóvil, observando el agua, y luego se lanzó de repente, sacando un pez que brillaba como plata líquida en su pico. Todo en este lugar se sentía vivo, conectado, como si los árboles, el agua y las criaturas compartieran un mismo latido. Manteniendo el ritmo de la marcha respiré profundo, llenándome los pulmones con el aire fresco y el olor de la madera húmeda.
“Parece que no será una marcha tranquila después de todo.” – dije tras ver como un tumulto de gente se empezaba a conglomerar alrededor de nosotros tras el espectáculo militar que seguro estábamos montando. “Sin embargo” – proseguí – “parece que no tienen malas intenciones, mi Waki me dice que estas personas celebran la llegada de la marina.”
Lo que no imagine es que aquella celebración se convirtiera en una marea de gente que nos tapa el acceso y nos impide seguir avanzando. Esperando las instrucciones de la comodoro Karl, me mantuve atento con el Waki de Observación activo a cualquier sensación que sintiera fuera de lugar de entre los vítores y celebraciones.
Resumen
Aclaraciones
Haki
inventario

![[Imagen: Firma-Fuguwu.png]](https://i.ibb.co/Z6VjRFKr/Firma-Fuguwu.png)