17-01-2025, 10:02 PM
Cuanto más se acercaba al encapuchado de aura familiar más podía entrever sus facciones a través de la capucha que llevaba puesta. La forma de su mandíbula le parecía conocida, pero lo que sin duda saltó todas sus alarmas fue la gran cantidad de cicatrices que tenía en su rostro. Sólo conocía a dos personas que tuvieran el rostro cicatrizado y sabía a ciencia cierta que una de ellas no podía ser, porque Don Bambú sabía reconocer a sus enemigos mortales, sobre todo a los que se ha encontrado hacía tan poco. La voz del desconocido impactó contra él como si de un jarro de agua helada se tratase. Panda tiritaba del nerviosismo ante una revelación que planteaba una infinidad de preguntas a mayores de las que la situación había generado en un primer momento. El encapuchado conocía su apodo, su voz era familiar, su nivel de poder era similar y sus cicatrices extremadamente parecidas a las de su viejo amigo. Si era o no cierto que se trataba de él, Don Bambú no podría saberlo hasta alcanzarle.
Y le alcanzaría.
Porque incluso aunque se encontrase en una peligrosísima misión Don Bambú no podía darle la espalda a lo que quizás fuese su viejo amigo. El encapuchado salió corriendo provocando una reacción en cadena que resultó en la caída de unas cuantas cajas y quizás en el inicio de alguna disputa, pero Don Bambú no se quedó para apreciar las consecuencias aquel acontecimiento. Inmediatamente el mink salió corriendo detrás de él, persiguiéndolo a través de la multitud y haciéndose paso como buenamente podía. El panda era grande, eso era innegable, pero tan grande era como fuerte, de modo que los pobres desgraciados que se encontraban en su camino llegaron a entender cómo se sentían las víctimas de un rinoceronte. Procuró no matar a nadie, eso por descontado, pero no se preocupó de sus magulladuras. La voz de Kisuke le llegó desde la distancia. —¡Tengo que alcanzarle por todos los medios! —Fue todo lo que logró articular antes de ganar más distancia. Habían llamado muchísimo la atención, eso desde luego. Habría un precio a pagar después de aquel desastre. Pero Don Bambú siempre estuvo dispuesto a pagar cualquier precio por recuperar a su amigo.
Y le alcanzaría.
Porque incluso aunque se encontrase en una peligrosísima misión Don Bambú no podía darle la espalda a lo que quizás fuese su viejo amigo. El encapuchado salió corriendo provocando una reacción en cadena que resultó en la caída de unas cuantas cajas y quizás en el inicio de alguna disputa, pero Don Bambú no se quedó para apreciar las consecuencias aquel acontecimiento. Inmediatamente el mink salió corriendo detrás de él, persiguiéndolo a través de la multitud y haciéndose paso como buenamente podía. El panda era grande, eso era innegable, pero tan grande era como fuerte, de modo que los pobres desgraciados que se encontraban en su camino llegaron a entender cómo se sentían las víctimas de un rinoceronte. Procuró no matar a nadie, eso por descontado, pero no se preocupó de sus magulladuras. La voz de Kisuke le llegó desde la distancia. —¡Tengo que alcanzarle por todos los medios! —Fue todo lo que logró articular antes de ganar más distancia. Habían llamado muchísimo la atención, eso desde luego. Habría un precio a pagar después de aquel desastre. Pero Don Bambú siempre estuvo dispuesto a pagar cualquier precio por recuperar a su amigo.
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Técnicas y gastos
