17-01-2025, 10:47 PM
(Última modificación: 17-01-2025, 10:51 PM por Shoto Data.
Razón: Faltaba color azul en un dialogo mio
)
Qué sensación más rara.
Nunca me había sentido así: ritmo cardiaco desbocado, presión en el pecho, ganas de vomitar, incluso visión algo borrosa. Mi cuerpo está totalmente entumecido. - ¿Qué me está pasando...? - Expresé mientras me rascaba la nuca con mi mano derecha, intentando recobrar el control.
A medida que mi mente volvía a la realidad, pude observar como la gente iba cayendo al suelo poco a poco, una tras otra, como si una ola invisible nos hubiera golpeado a todos. Observé claramente los mismos síntomas en cada uno de ellos: sincopes a personas de cualquier tipo de edad con la misma respuesta en cada uno de ellos, espuma saliendo por la boca y cuerpos inmóviles. - ¿Acaso es un síncope vasovagal, por esfuerzo? -Pensé en voz alta, esperando recibir algún tipo de respuesta.
Tras ver como las personas iban cayendo, cambie el foco en aquellas figuras que aún quedaban en pie y como no. Ahí estaban tanto Vik como Sohem, imperturbables, el primero se mantenía en alerta mientras el segundo permanecía con las manos metidas en los bolsillos. Gire de nuevo mi cabeza hacia el frente y pude observar como el subastador seguía de pie, pero tenía unos síntomas de desorientación parecidos a los míos, a su lado estupefacto quedaba aún en pie uno de los dos marines y por último una chica. Literalmente me robó toda la atención. Ella tenía el pelo rosa, un ojo dorado, ya que en el otro llevaba un parche el cual generaba un aura de misterio, pero no mostraba ningún tipo de herida o laceración en las partes del cuerpo que tenía al aire. Ahora bien, tenía un cierto tufillo a luchadora o cazadora, no solo por sus botas altas, su pantalón y su camiseta de tirantes, sino también por su maravillosa forma física.
Escuche como el tendero volvía a sus cabales y hacía una explicación completa sobre la Bōru Bōru No Mi una fruta del diablo que permitía comprimir todo aquello que el usuario tocara en una canica y por la maravillosa cantidad de 5 millones de Berries. Muy muy interesante la verdad, podría ser una fruta que usada con ingenio podría ser muy útil. Imagínate comprimir un laboratorio portátil o una plancha de metal o una puerta cerrada e incluso aquellas personas que se lanzaran a por ti. Un simple toque y clin, clin al suelo. Después de que pudiéramos observar la fruta con colores dorados, parece que el tendero quería cerrar la oferta más pronto que tarde.
Viktor, por su parte, simplemente se mostró certero y conciso con sus palabras, sabía sobre el mundo de las frutas del diablo y no precisamente poco, sino bastante. Con una simple mirada al cofre afirmo el jugarse su propio ojo a que esa fruta era real, justo a continuación se posicionó en la dirección en la que estaba el barco a la espera de ir a por el dinero o no.
Por último, seguí guardando la misma posición con la que llegue a la subasta, al lado de Sohem, sabía que si esa fruta era nuestra podría ser una oportunidad para compensar mi falta de fuerza física con ella. No necesito partir cráneos si puedo guardarlos como canicas. Todo dependerá de si Viktor no se ha equivocado y realmente no es una estafa. Pero no iba a llevar la contraria al enmascarado y al albino. El síncope colectivo a mi alrededor es una muestra de que hay algo que se me escapa. - ¿Qué ha pasado y qué vamos a hacer aquí y ahora, jefe? - Replique con una guardia defensiva, intentando imitar la postura de Viktor. No podía dejar que el miedo me dominara, pero tampoco quería que mi curiosidad me traicionara.
Nunca me había sentido así: ritmo cardiaco desbocado, presión en el pecho, ganas de vomitar, incluso visión algo borrosa. Mi cuerpo está totalmente entumecido. - ¿Qué me está pasando...? - Expresé mientras me rascaba la nuca con mi mano derecha, intentando recobrar el control.
A medida que mi mente volvía a la realidad, pude observar como la gente iba cayendo al suelo poco a poco, una tras otra, como si una ola invisible nos hubiera golpeado a todos. Observé claramente los mismos síntomas en cada uno de ellos: sincopes a personas de cualquier tipo de edad con la misma respuesta en cada uno de ellos, espuma saliendo por la boca y cuerpos inmóviles. - ¿Acaso es un síncope vasovagal, por esfuerzo? -Pensé en voz alta, esperando recibir algún tipo de respuesta.
Tras ver como las personas iban cayendo, cambie el foco en aquellas figuras que aún quedaban en pie y como no. Ahí estaban tanto Vik como Sohem, imperturbables, el primero se mantenía en alerta mientras el segundo permanecía con las manos metidas en los bolsillos. Gire de nuevo mi cabeza hacia el frente y pude observar como el subastador seguía de pie, pero tenía unos síntomas de desorientación parecidos a los míos, a su lado estupefacto quedaba aún en pie uno de los dos marines y por último una chica. Literalmente me robó toda la atención. Ella tenía el pelo rosa, un ojo dorado, ya que en el otro llevaba un parche el cual generaba un aura de misterio, pero no mostraba ningún tipo de herida o laceración en las partes del cuerpo que tenía al aire. Ahora bien, tenía un cierto tufillo a luchadora o cazadora, no solo por sus botas altas, su pantalón y su camiseta de tirantes, sino también por su maravillosa forma física.
Escuche como el tendero volvía a sus cabales y hacía una explicación completa sobre la Bōru Bōru No Mi una fruta del diablo que permitía comprimir todo aquello que el usuario tocara en una canica y por la maravillosa cantidad de 5 millones de Berries. Muy muy interesante la verdad, podría ser una fruta que usada con ingenio podría ser muy útil. Imagínate comprimir un laboratorio portátil o una plancha de metal o una puerta cerrada e incluso aquellas personas que se lanzaran a por ti. Un simple toque y clin, clin al suelo. Después de que pudiéramos observar la fruta con colores dorados, parece que el tendero quería cerrar la oferta más pronto que tarde.
Viktor, por su parte, simplemente se mostró certero y conciso con sus palabras, sabía sobre el mundo de las frutas del diablo y no precisamente poco, sino bastante. Con una simple mirada al cofre afirmo el jugarse su propio ojo a que esa fruta era real, justo a continuación se posicionó en la dirección en la que estaba el barco a la espera de ir a por el dinero o no.
Por último, seguí guardando la misma posición con la que llegue a la subasta, al lado de Sohem, sabía que si esa fruta era nuestra podría ser una oportunidad para compensar mi falta de fuerza física con ella. No necesito partir cráneos si puedo guardarlos como canicas. Todo dependerá de si Viktor no se ha equivocado y realmente no es una estafa. Pero no iba a llevar la contraria al enmascarado y al albino. El síncope colectivo a mi alrededor es una muestra de que hay algo que se me escapa. - ¿Qué ha pasado y qué vamos a hacer aquí y ahora, jefe? - Replique con una guardia defensiva, intentando imitar la postura de Viktor. No podía dejar que el miedo me dominara, pero tampoco quería que mi curiosidad me traicionara.
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