18-01-2025, 04:43 AM
Tras efectuar el poder de mi Haoshoku pude ver con tanta alegría como asombro cómo había logrado llevarlo un pequeño paso más allá, dejando inconscientes a los presentes. — ¡¡Wryyy ha ha ha!! — reí, feliz. Eso era nuevo. Dudaba poder repetirlo, pero querría decir que estaba acercándome a poder liberar esas cotas de poder con mayor soltura y resolución. Aun así, sorprendentemente, aparte de Viktor y el muchacho - y Lustig - habían tres personas más en pie: El subastador, uno de los marines que lo escoltaban o mantenían a las personas a raya, y una mujer, que a diferencia de los dos anteriores presentaba claros signos de no haberse visto afectada en lo absoluto por mi poder.
Se me heló la sangre nada más verla, ahí de cuclillas, con ese cabello rosa y ese ojo dorado... rasgos que conocía demasiado bien. En ese momento todo se paralizó y se congeló por completo, incluso perdí la concentración como para poder seguir manteniendo el Haoshoku. Las palabras del tendero dejaron de tener sentido, y resonaban como ecos sin dueño ni forma en mis pabellones auditivos. La información no llegaba con naturalidad a mi cerebro y por primera vez en varios años ya que era un mecanismo que realizaba el organismo para regular la temperatura, y yo estaba exento de ese problema, y sin saber exactamente por qué, sudé. Noté un sudor frío bajando por mis sienes y mi espalda mientras su ojo, ese único ojo dorado, sentía que se clavaba en los míos sin importar mi casco y mi anonimato. Sentía que estaba mirando más allá de lo que estaba pudiendo ver.
Entonces las palabras de Viktor me sacaron brevemente de esa parálisis y ensoñación, y agité la cabeza levemente, chasqueando la lengua y mirando hacia mi lugarteniente — Si, si... lo que sea. Está bien — dije, extendiéndole mi bolsa personal con todos mis berries hacia su pecho, y haciendo un gesto hacia nuestro tercero en discordia — Recauda del chico — añadí, dándole instrucciones a Viktor, haciéndole entender que entre los tres pagaríamos por esa fruta y ya recuperaríamos el dinero después de las arcas del gremio. Pero mi interacción con él terminó ahí, pues mi mirada, nerviosa, volvió a dirigirse hacia la mujer del cabello rosa, y tras unos últimos segundos manteniendo esa mirada que cruzaba el tiempo a muchos años atrás, el Birkaniano fue quien me devolvió al presente, preguntándome que qué era lo que había pasado y que qué era lo que íbamos a hacer ahora.
Sin mirarle, aun con mis ojos en aquel fantasma del pasado, contesté — Yo soy lo que ha pasado — y comencé a caminar en dirección al barco — Nos largamos de aquí — añadí, sacando las manos de los bolsillos y chasqueando los dedos de la diestra, llamando a Lustig que estaba algo encogido y con la cola entre las patas traseras, realmente asustado, bien fuera por mi demostración espiritual, o porque realmente los animales sienten los sentimientos de sus dueños — Vamos a mover el barco de manglar, es una estupidez caminar tanto hasta los astilleros — sentencié finalmente, sin voltearme a mirar atrás, esperando que mis dos compañeros nos siguieran, a mi fiel Lustig y a mi, hasta nuestro barco.
Se me heló la sangre nada más verla, ahí de cuclillas, con ese cabello rosa y ese ojo dorado... rasgos que conocía demasiado bien. En ese momento todo se paralizó y se congeló por completo, incluso perdí la concentración como para poder seguir manteniendo el Haoshoku. Las palabras del tendero dejaron de tener sentido, y resonaban como ecos sin dueño ni forma en mis pabellones auditivos. La información no llegaba con naturalidad a mi cerebro y por primera vez en varios años ya que era un mecanismo que realizaba el organismo para regular la temperatura, y yo estaba exento de ese problema, y sin saber exactamente por qué, sudé. Noté un sudor frío bajando por mis sienes y mi espalda mientras su ojo, ese único ojo dorado, sentía que se clavaba en los míos sin importar mi casco y mi anonimato. Sentía que estaba mirando más allá de lo que estaba pudiendo ver.
Entonces las palabras de Viktor me sacaron brevemente de esa parálisis y ensoñación, y agité la cabeza levemente, chasqueando la lengua y mirando hacia mi lugarteniente — Si, si... lo que sea. Está bien — dije, extendiéndole mi bolsa personal con todos mis berries hacia su pecho, y haciendo un gesto hacia nuestro tercero en discordia — Recauda del chico — añadí, dándole instrucciones a Viktor, haciéndole entender que entre los tres pagaríamos por esa fruta y ya recuperaríamos el dinero después de las arcas del gremio. Pero mi interacción con él terminó ahí, pues mi mirada, nerviosa, volvió a dirigirse hacia la mujer del cabello rosa, y tras unos últimos segundos manteniendo esa mirada que cruzaba el tiempo a muchos años atrás, el Birkaniano fue quien me devolvió al presente, preguntándome que qué era lo que había pasado y que qué era lo que íbamos a hacer ahora.
Sin mirarle, aun con mis ojos en aquel fantasma del pasado, contesté — Yo soy lo que ha pasado — y comencé a caminar en dirección al barco — Nos largamos de aquí — añadí, sacando las manos de los bolsillos y chasqueando los dedos de la diestra, llamando a Lustig que estaba algo encogido y con la cola entre las patas traseras, realmente asustado, bien fuera por mi demostración espiritual, o porque realmente los animales sienten los sentimientos de sus dueños — Vamos a mover el barco de manglar, es una estupidez caminar tanto hasta los astilleros — sentencié finalmente, sin voltearme a mirar atrás, esperando que mis dos compañeros nos siguieran, a mi fiel Lustig y a mi, hasta nuestro barco.
INFO MP
Resumen
Inventario
bélico

![[Imagen: mz3XEoL.png]](https://i.imgur.com/mz3XEoL.png)