18-01-2025, 09:16 PM
Aunque no había sido una elección, la falta de sueño habría sido una terrible. Las primeras horas en aquel tejado no fueron agradables. Incluso si la estructura de piedra aún conservase parte del calor del día, las tejas que la cubrían ya lo habían perdido hace mucho y ese frío me calaba en las piernas y cadera. Miré al cielo, donde el sol ya se alzaba por encima de un cuarto de su recorrido sobre el horizonte. No quedaba demasiado, sólo un poco más.
Miré a un lado, donde ya había apagado una decena de colillas, no era considerado ensuciar así el tejado de un desconocido, pero francamente, no creía que nadie fuese a comprobarlo pronto, y la lluvia arrastraría la ceniza cualquier día de estos. Pensándolo, sería peor iniciar un tiroteo dentro de la taberna, ¿Verdad? - No se puede hacer nada... CascaCasca, una de cal y otra de arena -, reí, en solitario, con la sospecha de que de todos modos nadie entendería esa broma.
La gente comenzaba a llenar el local. La posadera, una señora cuya figura no envidiaría el diámetro del mástil de un destructor de la marina, y con el mismo mal vicio que yo, había salido con una pizarra de buen tamaño. En ella, a modo de reclamo, rezaba la información de un evento que se llevaría a cabo hoy en la taberna. Eso había atraído, entre otros, a nuestro hombre y sus compañeros.
Había sacado la última línea por contexto, desde mi posición apenas podía apreciar la letra pequeña con la vista que había entrenado desde pequeño, aunque algo dentro de mí tenía la certeza de que delante no sería mucho más sencillo. Claramente esa mujer era una buena empresaria, muchos caerían en desorbitadas facturas esa noche, sin derecho para quejarse por ello.
El lado positivo era que el plan se estaba ejecutando conforme había sido diseñado, aunque no sabía bien como ni cuando habían podido coordinar el evento, necesariamente alguno de mis compañeros se tenía que haber despertado pronto. - Si tengo que adivinar... Diría que Pralder da más el tipo, CascaCascascas... No se puede hacer nada, siempre tiene demasiada energía... -.
Entonces aparecieron los protagonistas, Pralder y Charel, caminando juntos hacia la taberna. "Compañeros... Se sigue haciendo una palabra difícil", pensé cuando les vi conversando. Charel con visible irritación, no la conocía desde hace mucho, pero no tenía la presencia de alguien que aprecie madrugar. Pralder como siempre rebosante de energía, como si su mera existencia fuese un radiador gigante.
Al ajustar mi posición una de las tejas se deslizó tejado abajo, frenando apenas a centímetros del borde, cosa que agradecí profundamente con un suspiro profundo. Nadie pareció reparar en el sonido, nadie excepto Charel, cuyos ojos se encontraban con los míos. Ya sabía donde estaba, así que aproveché para señalar al interior del edificio a través del tragaluz y al puerto, tras eso levanté un pulgar. Después, asentí hacia la parte trasera de la taberna que llevaba al interior del pueblo, balanceé la mano en señal de desaprobación y señalé a Pralder, que por algún motivo se había puesto a saludarme con una de sus gigantes manos, sólo para llevarse un codazo de Charel en la pierna. "Al menos uno de los dos no piensa con los músculos..." Pralder se movió hacia la plaza tras "El vigía", Charel entró para su parte del plan. Todas las posiciones estaban cubiertas, el espectáculo debía comenzar.
Charel se movía con una gracia que no había demostrado la mañana anterior, francamente me había sorprendido. ¿Estaba más motivada ahora que la recompensa estaba en la línea? Por lo menos daba esa impresión. El espectáculo duró un buen rato, al menos una hora, empecé a preocuparme de que no tuviese energía para la siguiente fase del plan, pero parecía que no habría necesidad de eso... Al menos hasta que se sentó a la barra con nuestro objetivo.
- ¿Está bebiendo? Charel, eres una irresponsable... ¿No habías dicho que tenías 17 años? - Dije que la protegería, pero no sería fácil si ella misma se ponía en peligro. - No se puede hacer nada... -.
Su cabeza cayó sobre la barra, y nuestro objetivo comenzó a acercarse a ella. Me era completamente imposible distinguir las palabras desde mi posición, pero sabía que las intenciones de ese hombre no eran buenas. Sujetando el Long-Range Choice, apunté al hombre, preparado para disparar al menor indicio de problemas, aunque el plan se fuese al traste.
El hombre se acercaba, mi dedo presionaba cada vez más el gatillo. La bala estaba a escasos instantes de cruzar el cañón hacia mi objetivo cuando... Un golpe en la barra lo apartó súbitamente de Charel. Había sido la misma mujer ancha que había puesto la pizarra fuera, probablemente la dueña del establecimiento. - ¡Si empezáis a acosar a mis bailarinas dejarán de venir y eso no es bueno para el negocio! -, gritó tan alto que hasta yo pude distinguirlo claramente.
El golpe había grabado sobre la barra de madera maciza la forma del puño de la posadera y los piratas habían retrocedido instintivamente, al menos por un momento. Tras ese breve shock, ignoraron a Charel y arremetieron contra la mujer que les había desafiado. No pude distinguir la interacción, pero era fácil imaginar que no les había hecho gracia la situación dado que dos de ellos ya tenían las manos en las empuñaduras de sus espadas.
La situación no fue a más debido a la entrada de dos marines en ese momento. Apenas eran soldados del menor nivel y no podrían hacer demasiado contra el grupo pirata, pero las complicaciones comenzarían para ellos si iniciaban un combate allí. También sería un problema para nosotros, ya que la marina podría atribuirse el mérito de la recompensa. El plan se estaba desmoronando cada vez más. Sobre todo teniendo en cuenta el wanted que llevaban en la mano.
- ¡Piratas en la plaza! ¡Por favor, que alguien nos ayude! - Grité a través del tragaluz, escondiéndome casi inmediatamente después. Con un poco de suerte los marines se irían a comprobarlo y los piratas irían en sentido contrario, hacia el puerto.
Miré a un lado, donde ya había apagado una decena de colillas, no era considerado ensuciar así el tejado de un desconocido, pero francamente, no creía que nadie fuese a comprobarlo pronto, y la lluvia arrastraría la ceniza cualquier día de estos. Pensándolo, sería peor iniciar un tiroteo dentro de la taberna, ¿Verdad? - No se puede hacer nada... CascaCasca, una de cal y otra de arena -, reí, en solitario, con la sospecha de que de todos modos nadie entendería esa broma.
La gente comenzaba a llenar el local. La posadera, una señora cuya figura no envidiaría el diámetro del mástil de un destructor de la marina, y con el mismo mal vicio que yo, había salido con una pizarra de buen tamaño. En ella, a modo de reclamo, rezaba la información de un evento que se llevaría a cabo hoy en la taberna. Eso había atraído, entre otros, a nuestro hombre y sus compañeros.
Cita:¡El vigía trae hoy a una de las señoritas más talentosas y hermosas que el Reino de Ilisia ha tenido la oportunidad de observar en la última década!
¡Entra y reserva una mesa, que se acaban!
*Las copas suben un 50% todo el día, si levantas el culo de la silla, desaparece! Las quejas las podéis mandar a casa de vuestras madres.
Había sacado la última línea por contexto, desde mi posición apenas podía apreciar la letra pequeña con la vista que había entrenado desde pequeño, aunque algo dentro de mí tenía la certeza de que delante no sería mucho más sencillo. Claramente esa mujer era una buena empresaria, muchos caerían en desorbitadas facturas esa noche, sin derecho para quejarse por ello.
El lado positivo era que el plan se estaba ejecutando conforme había sido diseñado, aunque no sabía bien como ni cuando habían podido coordinar el evento, necesariamente alguno de mis compañeros se tenía que haber despertado pronto. - Si tengo que adivinar... Diría que Pralder da más el tipo, CascaCascascas... No se puede hacer nada, siempre tiene demasiada energía... -.
Entonces aparecieron los protagonistas, Pralder y Charel, caminando juntos hacia la taberna. "Compañeros... Se sigue haciendo una palabra difícil", pensé cuando les vi conversando. Charel con visible irritación, no la conocía desde hace mucho, pero no tenía la presencia de alguien que aprecie madrugar. Pralder como siempre rebosante de energía, como si su mera existencia fuese un radiador gigante.
Al ajustar mi posición una de las tejas se deslizó tejado abajo, frenando apenas a centímetros del borde, cosa que agradecí profundamente con un suspiro profundo. Nadie pareció reparar en el sonido, nadie excepto Charel, cuyos ojos se encontraban con los míos. Ya sabía donde estaba, así que aproveché para señalar al interior del edificio a través del tragaluz y al puerto, tras eso levanté un pulgar. Después, asentí hacia la parte trasera de la taberna que llevaba al interior del pueblo, balanceé la mano en señal de desaprobación y señalé a Pralder, que por algún motivo se había puesto a saludarme con una de sus gigantes manos, sólo para llevarse un codazo de Charel en la pierna. "Al menos uno de los dos no piensa con los músculos..." Pralder se movió hacia la plaza tras "El vigía", Charel entró para su parte del plan. Todas las posiciones estaban cubiertas, el espectáculo debía comenzar.
Charel se movía con una gracia que no había demostrado la mañana anterior, francamente me había sorprendido. ¿Estaba más motivada ahora que la recompensa estaba en la línea? Por lo menos daba esa impresión. El espectáculo duró un buen rato, al menos una hora, empecé a preocuparme de que no tuviese energía para la siguiente fase del plan, pero parecía que no habría necesidad de eso... Al menos hasta que se sentó a la barra con nuestro objetivo.
- ¿Está bebiendo? Charel, eres una irresponsable... ¿No habías dicho que tenías 17 años? - Dije que la protegería, pero no sería fácil si ella misma se ponía en peligro. - No se puede hacer nada... -.
Su cabeza cayó sobre la barra, y nuestro objetivo comenzó a acercarse a ella. Me era completamente imposible distinguir las palabras desde mi posición, pero sabía que las intenciones de ese hombre no eran buenas. Sujetando el Long-Range Choice, apunté al hombre, preparado para disparar al menor indicio de problemas, aunque el plan se fuese al traste.
El hombre se acercaba, mi dedo presionaba cada vez más el gatillo. La bala estaba a escasos instantes de cruzar el cañón hacia mi objetivo cuando... Un golpe en la barra lo apartó súbitamente de Charel. Había sido la misma mujer ancha que había puesto la pizarra fuera, probablemente la dueña del establecimiento. - ¡Si empezáis a acosar a mis bailarinas dejarán de venir y eso no es bueno para el negocio! -, gritó tan alto que hasta yo pude distinguirlo claramente.
El golpe había grabado sobre la barra de madera maciza la forma del puño de la posadera y los piratas habían retrocedido instintivamente, al menos por un momento. Tras ese breve shock, ignoraron a Charel y arremetieron contra la mujer que les había desafiado. No pude distinguir la interacción, pero era fácil imaginar que no les había hecho gracia la situación dado que dos de ellos ya tenían las manos en las empuñaduras de sus espadas.
La situación no fue a más debido a la entrada de dos marines en ese momento. Apenas eran soldados del menor nivel y no podrían hacer demasiado contra el grupo pirata, pero las complicaciones comenzarían para ellos si iniciaban un combate allí. También sería un problema para nosotros, ya que la marina podría atribuirse el mérito de la recompensa. El plan se estaba desmoronando cada vez más. Sobre todo teniendo en cuenta el wanted que llevaban en la mano.
- ¡Piratas en la plaza! ¡Por favor, que alguien nos ayude! - Grité a través del tragaluz, escondiéndome casi inmediatamente después. Con un poco de suerte los marines se irían a comprobarlo y los piratas irían en sentido contrario, hacia el puerto.
