Aquella aglomeración de personas furiosas se cernían sobre Quetzalli embravecidos y con la furia del mar más picado de la tormenta más cruenta, pero su fiel compañero y amigo el gyojin Gaeru se abalanzó sobre ellos con la espada en ristre y empezó a asestar tajos como un desquiciado contra todos los presentes, tratando de liberar a su amigo de la paliza de su vida. Tras eso, al haber acabado con trece de ellos, se giró hacia Ashura y le preguntó que si se estaba divirtiendo, dejando su espalda desprotegida de los siete malhechores que, tras haber perdido a sus compañeros sin comerlo ni beberlo, no dudaron en dejar a Quetzalli derribado en el suelo y lanzarse contra el gyojin para atacarle por la espalda, tratando de acabar con él con todas sus fuerzas.
Mientras tanto, Korg se había llevado al pobre diablo anciano a los pies de su capitán y le estaba haciendo una propuesta que en teoría no podría rechazar - No... ¡no puedo hacerlo! - dijo sollozando mirando al tontatta demicalvo - Necesito el dinero de esta fruta para comprar a mi hija, comprar unos pasajes para ambos y empezar una nueva vida - y comenzó a llorar, arrodillado ante Ashura agarrando la falda de su vestimenta con su única mano libre, mientras no soltaba el fardo - Por favor gran señor, tened piedad de un pobre anciano ¡sólo quiero salvarla! - añadió mirando en dirección a la cara del oni con lágrimas en sus ojos, cayendo como cascadas repletas de cauce. Entonces soltó la ropa del capitán y rebuscó entre sus ropas, para mostrar una caracola llena de agujeros, de color azul - ¡Puedo daros esto! - reconoció, con un brillo de esperanza en su mirada aun plagada de lágrimas - ¡Es poderoso! ¡Tiene fuerza de empuje y provee agua potable si lo cargas con ella! - matizó estirando aun más el brazo hacia el infame capitán pirata, para entonces escuchar las palabras de Rapax a sus espaldas, palideciendo y mostrando verdadero terror en su rostro.
- ¡NO LO HAGÁIS! - gritó preso de su propia preocupación y rabia - Si asaltáis la casa de subastas lo primero que harán será matar a todos los esclavos... ¡y eso lo controlan Tenryuubitos! ¿Sabéis qué pasará si le ponéis una mano encima a un Tenryuubito? ¡Toda este lugar estará condenado! ¡No podré rescatar a mi hija, y aunque pudiera no podríamos salir de este archipiélago! - explicó el anciano mink, jadeando y con una mezcla de ira, preocupación y llanto en sus palabras, asegurándole al de los cabellos plateados - con mechón azul - que era una pésima idea, volviendo a girarse hacia Ashura - Aceptad este pago, por favor, y dejadme vender la fruta para comprar la libertad de mi hija como un pujante más ¡ser discreto es la mejor forma de lograrlo! - aseveró completamente convencido de sus palabras, esperando que el capitán tomase una decisión sabia.
En adición a esto, en la relativa lejanía, siguiendo el camino de aquellos malhechores apareció otra persona más. Un pelirrojo con una cicatriz en la mejilla, ataviado con un manto y con una hilera de dientes afilados si es que se dignaba a abrir la boca. ¿Un nuevo desconocido? ¿un metomentodo más?
Mientras tanto, Korg se había llevado al pobre diablo anciano a los pies de su capitán y le estaba haciendo una propuesta que en teoría no podría rechazar - No... ¡no puedo hacerlo! - dijo sollozando mirando al tontatta demicalvo - Necesito el dinero de esta fruta para comprar a mi hija, comprar unos pasajes para ambos y empezar una nueva vida - y comenzó a llorar, arrodillado ante Ashura agarrando la falda de su vestimenta con su única mano libre, mientras no soltaba el fardo - Por favor gran señor, tened piedad de un pobre anciano ¡sólo quiero salvarla! - añadió mirando en dirección a la cara del oni con lágrimas en sus ojos, cayendo como cascadas repletas de cauce. Entonces soltó la ropa del capitán y rebuscó entre sus ropas, para mostrar una caracola llena de agujeros, de color azul - ¡Puedo daros esto! - reconoció, con un brillo de esperanza en su mirada aun plagada de lágrimas - ¡Es poderoso! ¡Tiene fuerza de empuje y provee agua potable si lo cargas con ella! - matizó estirando aun más el brazo hacia el infame capitán pirata, para entonces escuchar las palabras de Rapax a sus espaldas, palideciendo y mostrando verdadero terror en su rostro.
- ¡NO LO HAGÁIS! - gritó preso de su propia preocupación y rabia - Si asaltáis la casa de subastas lo primero que harán será matar a todos los esclavos... ¡y eso lo controlan Tenryuubitos! ¿Sabéis qué pasará si le ponéis una mano encima a un Tenryuubito? ¡Toda este lugar estará condenado! ¡No podré rescatar a mi hija, y aunque pudiera no podríamos salir de este archipiélago! - explicó el anciano mink, jadeando y con una mezcla de ira, preocupación y llanto en sus palabras, asegurándole al de los cabellos plateados - con mechón azul - que era una pésima idea, volviendo a girarse hacia Ashura - Aceptad este pago, por favor, y dejadme vender la fruta para comprar la libertad de mi hija como un pujante más ¡ser discreto es la mejor forma de lograrlo! - aseveró completamente convencido de sus palabras, esperando que el capitán tomase una decisión sabia.
En adición a esto, en la relativa lejanía, siguiendo el camino de aquellos malhechores apareció otra persona más. Un pelirrojo con una cicatriz en la mejilla, ataviado con un manto y con una hilera de dientes afilados si es que se dignaba a abrir la boca. ¿Un nuevo desconocido? ¿un metomentodo más?
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