19-01-2025, 11:25 PM
(Última modificación: 19-01-2025, 11:28 PM por Jolyne Jones.)
Con la misteriosa - seguramente sabrosa - fruta en manos de Triana, y con Emerald vestida con el poncho y el sombrero de Tobias, nos empezamos a dirigir hacia el manglar que nos había indicado la fugitiva. Nos sugirió que lo mejor era pasar desapercibidos ya que la zona estaba bien vigilada, y casualmente eso resultaba ser, entre otras múltiples y variadas cosas, mi especialidad... o al menos a veces. El problema era que íbamos en grupo, y no precisamente uno silencioso.
Garnet, como si leyera mi mente, no tardó en decir lo que me estaba pensando. Pero, para mi sorpresa, tenía un plan para que la fugitiva no llamara la atención. Y sin más, comenzó a arrancarse la ropa, desgarrandola a tirones hasta quedarse casi desnudo, cubierto únicamente con una especie de taparrabos con su cara. - Ohh - murmuré asombrada, mientras aplaudía como si de un espectáculo se tratara. No estaba segura de si esa era la idea de no llamar la atención a la que se refería Emerald, pero desde luego que había sido digno de ver. Y así, cada uno a lo suyo, continuamos la formación en la parte de atrás junto con Sasha y Tobias.
-Chts, chts - comencé a chistar hacia Triana muy bajito, casi como en un susurro. Dudaba que Triana fuera capaz de oírlo, así que lo volví a repetirlo. - ¡Chts, chts! - insistí un poquito más alto, aunque tal vez no lo suficiente. Por si acaso no había llegado a escucharme, dejé escapar un silbido suave, como el que siempre usaba para llamar a mi perro Barks cuando el condenado se metía entre las zarzas a cazar conejos. Pero sin esperar mucho más, rápidamente eché una mirada a los lados y comencé a avanzar hacia ella con pasos acelerados. Si no fuera por lo urgente de la situación no lo habría hecho, pero esto... Era una cuestión de vida o muerte.
- Tengo hambre, Triana - dije con voz lastimera a unos pasos detrás de ella para que me oyera bien, y continué. - No sé si lo sabías, pero en mi familia yo era la menor de cinco hermanos, y siempre comíamos por orden de llegada al mundo - intenté conmoverla con mis palabras como aquel que lanza un anzuelo esperando pescar el salmonete más grande. Realmente no tenía cuatro hermanos, si acaso eran cuatro los cerdos que yo criaba en la charca, pero para el caso era lo mismo. El hambre picaba igual.
- Venga Triana, dame solo un bocado. Un bocadito, y no diremos nada - insistí, mientras mis manos se deslizaron con astucia y picardía hacia el bolsillo donde guardaba la fruta. Con movimientos rápidos y algo insistentes, intenté meter la mano entre los pliegues de su ropa, forcejeando suavemente para alcanzar mi objetivo. Jimba, que probablemente notó el vaivén de mi pequeño forcejeo, asomó su cabeza por debajo de mi gorra. En cuanto vio la escena, empezó a picotear a Triana, quizás en un intento de ayudarme o simplemente como queja por tanto zarandeo. - ¡Estate quieta, Jimba! - protesté, mientras aprovechaba el momento para seguir rebuscando en el bolsillo de la espadachina para sacar la fruta. - Ya está nerviosa. Verás que será muy rápido.
Garnet, como si leyera mi mente, no tardó en decir lo que me estaba pensando. Pero, para mi sorpresa, tenía un plan para que la fugitiva no llamara la atención. Y sin más, comenzó a arrancarse la ropa, desgarrandola a tirones hasta quedarse casi desnudo, cubierto únicamente con una especie de taparrabos con su cara. - Ohh - murmuré asombrada, mientras aplaudía como si de un espectáculo se tratara. No estaba segura de si esa era la idea de no llamar la atención a la que se refería Emerald, pero desde luego que había sido digno de ver. Y así, cada uno a lo suyo, continuamos la formación en la parte de atrás junto con Sasha y Tobias.
-Chts, chts - comencé a chistar hacia Triana muy bajito, casi como en un susurro. Dudaba que Triana fuera capaz de oírlo, así que lo volví a repetirlo. - ¡Chts, chts! - insistí un poquito más alto, aunque tal vez no lo suficiente. Por si acaso no había llegado a escucharme, dejé escapar un silbido suave, como el que siempre usaba para llamar a mi perro Barks cuando el condenado se metía entre las zarzas a cazar conejos. Pero sin esperar mucho más, rápidamente eché una mirada a los lados y comencé a avanzar hacia ella con pasos acelerados. Si no fuera por lo urgente de la situación no lo habría hecho, pero esto... Era una cuestión de vida o muerte.
- Tengo hambre, Triana - dije con voz lastimera a unos pasos detrás de ella para que me oyera bien, y continué. - No sé si lo sabías, pero en mi familia yo era la menor de cinco hermanos, y siempre comíamos por orden de llegada al mundo - intenté conmoverla con mis palabras como aquel que lanza un anzuelo esperando pescar el salmonete más grande. Realmente no tenía cuatro hermanos, si acaso eran cuatro los cerdos que yo criaba en la charca, pero para el caso era lo mismo. El hambre picaba igual.
- Venga Triana, dame solo un bocado. Un bocadito, y no diremos nada - insistí, mientras mis manos se deslizaron con astucia y picardía hacia el bolsillo donde guardaba la fruta. Con movimientos rápidos y algo insistentes, intenté meter la mano entre los pliegues de su ropa, forcejeando suavemente para alcanzar mi objetivo. Jimba, que probablemente notó el vaivén de mi pequeño forcejeo, asomó su cabeza por debajo de mi gorra. En cuanto vio la escena, empezó a picotear a Triana, quizás en un intento de ayudarme o simplemente como queja por tanto zarandeo. - ¡Estate quieta, Jimba! - protesté, mientras aprovechaba el momento para seguir rebuscando en el bolsillo de la espadachina para sacar la fruta. - Ya está nerviosa. Verás que será muy rápido.
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