20-01-2025, 03:09 AM
Seguí caminando hasta llegar al casco del Parabellum, y una vez allí agarré a Lustig rodeándolo con mi brazo por las costillas llevando mi mano hasta su vientre, flexioné las rodillas y de un salto nos subí a ambos a cubierta, dejando al animal suelto y permitiéndole correr libremente. Yo continué caminando hacia el timón, soltando los cabos de estribor que me encontraba en el camino, y girando el timón para que el barco se moviese fuera de este puerto. Cuando hube fijado el timón, bajé por el lado contrario y solté los cabos de babor, a tiempo de ver subir al barco a mis dos compañeros — Que no nos sigan — dije mirando a Viktor, encaminándome hacia el ancla para, con una sola mano y de un tirón fuerte y brusco recogerla. Estaba tan furioso como nervioso, y quería salir de aquí cuanto antes. Sabiendo que el muchacho no podría hacerse cargo de esa tarea, y prefería a Viktor atento, así que por primera vez en muchas semanas yo había hecho todos los aparejos necesarios para desplazar el barco en vez de habérselo delegado a mis compañeros.
En ese momento, el de las alas que iba con nosotros colocó un barril en cubierta, unas sillas, un cuenco y no se qué mierdas más. No le presté atención, fui hacia el timón y lo agarré para que el barco comenzase a moverse. Íbamos a largarnos al astillero y a dedicar nuestro tiempo en cambiar este cacharro por algo más potente - y resistente - con el que adentrarnos al Nuevo Mundo. El Parabellum se alejaba de la costa, cuando nuestro novato compañero proponía, dando algunas vueltas, comerse la akuma no mi que acabábamos de comprar.
— Los usuarios del Akuma no mi no pueden comer dos frutas — dije como respuesta mientras Lustig llegaba a mi lado y se tumbaba, mordiendo aquel fémur — Si lo hacen, mueren — sentencié, agarrando el timón y mirando las velas extendidas, comprobando que todo estuviera en su sitio — Tener una Akuma no mi en nuestro poder es la forma más fácil de matar a alguien, usuario, que sea más poderoso que nosotros — argumenté volviendo la vista al mar y comprobando la corriente que tenía que tomar con el barco — Y la otra opción es venderla por más precio del que la hemos comprado — añadí y chaqueé la lengua — Si quieres comértela tú, y privarnos de esas dos opciones, tiene que ser a cambio de ser perfectamente capaz de defenderte por ti mismo y dejar de ser un lastre — dije, señalando con la cabeza a Lustig y lo que quedaba de Chloe — Como lo era esta — y sin mirarlos, eché la vista hacia la costa tratando de ver si ella, aquella mujer de la subasta, nos había seguido o nos estaba observando — Y si te la comes me debes el dinero que había en mi bolsa, y a Viktor el que había en la suya, más unos intereses del quince por ciento — y el Parabellum abandonó las costas del manglar treinta y tres surcando las olas. Parecía que este no había sido definitivamente su último viaje.
Encontrar los astilleros debía de ser sencillo, pues era cuestión de navegar rodeando la isla hasta ver el lugar en el que se estuvieran fabricando los barcos, y eso era lo que pretendía hacer. La idea del birkaniano de comerse la fruta no era del todo mala, pero podría ser un completo inútil con ella y yo tendría que cargar con él, o en su defecto Viktor, y no me apetecía en absoluto. Podría ser que le sacase partido, pero aun así no dejaba de haber perdido casi tres millones de mi propio bolsillo para ello, y no me consideraba alguien en exceso generoso. Mi postura estaba clara.
En ese momento, el de las alas que iba con nosotros colocó un barril en cubierta, unas sillas, un cuenco y no se qué mierdas más. No le presté atención, fui hacia el timón y lo agarré para que el barco comenzase a moverse. Íbamos a largarnos al astillero y a dedicar nuestro tiempo en cambiar este cacharro por algo más potente - y resistente - con el que adentrarnos al Nuevo Mundo. El Parabellum se alejaba de la costa, cuando nuestro novato compañero proponía, dando algunas vueltas, comerse la akuma no mi que acabábamos de comprar.
— Los usuarios del Akuma no mi no pueden comer dos frutas — dije como respuesta mientras Lustig llegaba a mi lado y se tumbaba, mordiendo aquel fémur — Si lo hacen, mueren — sentencié, agarrando el timón y mirando las velas extendidas, comprobando que todo estuviera en su sitio — Tener una Akuma no mi en nuestro poder es la forma más fácil de matar a alguien, usuario, que sea más poderoso que nosotros — argumenté volviendo la vista al mar y comprobando la corriente que tenía que tomar con el barco — Y la otra opción es venderla por más precio del que la hemos comprado — añadí y chaqueé la lengua — Si quieres comértela tú, y privarnos de esas dos opciones, tiene que ser a cambio de ser perfectamente capaz de defenderte por ti mismo y dejar de ser un lastre — dije, señalando con la cabeza a Lustig y lo que quedaba de Chloe — Como lo era esta — y sin mirarlos, eché la vista hacia la costa tratando de ver si ella, aquella mujer de la subasta, nos había seguido o nos estaba observando — Y si te la comes me debes el dinero que había en mi bolsa, y a Viktor el que había en la suya, más unos intereses del quince por ciento — y el Parabellum abandonó las costas del manglar treinta y tres surcando las olas. Parecía que este no había sido definitivamente su último viaje.
Encontrar los astilleros debía de ser sencillo, pues era cuestión de navegar rodeando la isla hasta ver el lugar en el que se estuvieran fabricando los barcos, y eso era lo que pretendía hacer. La idea del birkaniano de comerse la fruta no era del todo mala, pero podría ser un completo inútil con ella y yo tendría que cargar con él, o en su defecto Viktor, y no me apetecía en absoluto. Podría ser que le sacase partido, pero aun así no dejaba de haber perdido casi tres millones de mi propio bolsillo para ello, y no me consideraba alguien en exceso generoso. Mi postura estaba clara.
INFO MP
Resumen
Inventario
bélico

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