20-01-2025, 03:53 PM
Dan parecía totalmente agradecido con ellos una vez se dispusieron a caminar hacia la casa, el chico les daba las gracias y les pedía tener cuidado. Desde luego se habían dirigido a la casa de alguien a quién, al menos Dan, temía.
La mansión era extraña, pero estaba desértica, lo que aún así no dejó a Gideon tranquila, la zona trasera siempre era una mejor opción y por ello había ofrecido a su compañero que tomaran ese desvío. Kevin aceptó fielmente.
El ambiente era cálido, como todos los días en aquella isla, sin embargo, parecía que no se levantaría una tormenta de arena, buena señal. Siguieron caminando, rodeando el extraño edificio y todo parecía tranquilo, demasiado en calma para un sitio que le habían prometido ser peligroso.
Kevin notó exactamente lo mismo que ella, le expresó su inquietud al respecto de lo que estaban encontrando, la nada absoluta.
— Sí, no nos separemos, illo no me gusta un pelo que no se escuche ni veamos a nadie…
Todos los sentidos de Gideon estaban alerta, sus párpados se abrían y cerraban a gran velocidad y el cuerpo le pedía sacar uno de sus cigarrillos, pero no era buena idea, el humo los delataría; si no lo hacía ya el olor a tabaco que ella desprendía de por sí.
Empezaron a acercarse a la parte trasera y, como si le hubiesen escuchado, comenzó a oír un llanto. Al seguir acercándose se podía distinguir que se trataba de un infante. Al girar Gideon se encontró con una cría de un animal que no había visto en su vida. Su pelaje era azul y parecía enredarse entre sí, iba a dos patas e intentaba entrar por la puerta trasera, la cual estaba ligeramente abierta.
La criatura vio a Gideon con sus grandes ojos grises y se escondió temblando en un arbusto seco cercano. A Gideon le podían todas las criaturas del planeta, tenía mucha curiosidad, no sólo por saber qué animal era, si no por qué le pasaba. Podía ser una trampa, pero como le había dicho Kevin, los animales eran cosa suya. Decidió fiarse de la criatura.
— Sí, quizás sea capaz de conseguirlo…—Gideon se acercó con cuidado hacia el arbusto, el pequeño animal temblaba de miedo y el corazón de la espadachina se encogía con cada temblor y con una sonrisa y su voz más tranquilizadora le habló— Chiquitín, no te preocupes, no te haremos daño, prometido.
Esperaba poder conseguir que el animalillo se relajase y dejara de temblar y lloriquear.
Kevin mientras tanto parecía estar inspeccionando la puerta y le sugirió que era una buena idea utilizar a uno de sus fantasmas. Gideon se giró para mirarle y asintió con una sonrisa.
— Illo, eres un coquito eh.
Recordó aquella vez en la que utilizó a uno de sus fantasmas para encontrar a Kevin al otro lado de un árbol. Levantó una de sus manos y cómo había hecho esa vez, pensó en el movimiento del fantasma a través de su palma, de sus dedos, era mínimo pero podía sentir cómo se desprendía de su mano. El pequeño fantasma salió y le miró burlón, a Gideon le encantaban sus fantasmas, sobre todo, el hecho de que tuvieran una especie de personalidad y que no casara con los típicos fantasmas de las películas.
— Vamos, pequeñín, echa un vistazo por la zona y me traes toda la información que puedas conseguir—le indicó la puerta entreabierta que tenía delante.
El fantasma dio una voltereta y con una pequeña risita traspasó la puerta sin pensárselo dos veces, tuvieron que esperar un rato. A los minutos su fantasma volvió y con otra voltereta atravesó a Gideon, dándole toda la información que había podido recopilar.
La mansión era extraña, pero estaba desértica, lo que aún así no dejó a Gideon tranquila, la zona trasera siempre era una mejor opción y por ello había ofrecido a su compañero que tomaran ese desvío. Kevin aceptó fielmente.
El ambiente era cálido, como todos los días en aquella isla, sin embargo, parecía que no se levantaría una tormenta de arena, buena señal. Siguieron caminando, rodeando el extraño edificio y todo parecía tranquilo, demasiado en calma para un sitio que le habían prometido ser peligroso.
Kevin notó exactamente lo mismo que ella, le expresó su inquietud al respecto de lo que estaban encontrando, la nada absoluta.
— Sí, no nos separemos, illo no me gusta un pelo que no se escuche ni veamos a nadie…
Todos los sentidos de Gideon estaban alerta, sus párpados se abrían y cerraban a gran velocidad y el cuerpo le pedía sacar uno de sus cigarrillos, pero no era buena idea, el humo los delataría; si no lo hacía ya el olor a tabaco que ella desprendía de por sí.
Empezaron a acercarse a la parte trasera y, como si le hubiesen escuchado, comenzó a oír un llanto. Al seguir acercándose se podía distinguir que se trataba de un infante. Al girar Gideon se encontró con una cría de un animal que no había visto en su vida. Su pelaje era azul y parecía enredarse entre sí, iba a dos patas e intentaba entrar por la puerta trasera, la cual estaba ligeramente abierta.
La criatura vio a Gideon con sus grandes ojos grises y se escondió temblando en un arbusto seco cercano. A Gideon le podían todas las criaturas del planeta, tenía mucha curiosidad, no sólo por saber qué animal era, si no por qué le pasaba. Podía ser una trampa, pero como le había dicho Kevin, los animales eran cosa suya. Decidió fiarse de la criatura.
— Sí, quizás sea capaz de conseguirlo…—Gideon se acercó con cuidado hacia el arbusto, el pequeño animal temblaba de miedo y el corazón de la espadachina se encogía con cada temblor y con una sonrisa y su voz más tranquilizadora le habló— Chiquitín, no te preocupes, no te haremos daño, prometido.
Esperaba poder conseguir que el animalillo se relajase y dejara de temblar y lloriquear.
Kevin mientras tanto parecía estar inspeccionando la puerta y le sugirió que era una buena idea utilizar a uno de sus fantasmas. Gideon se giró para mirarle y asintió con una sonrisa.
— Illo, eres un coquito eh.
Recordó aquella vez en la que utilizó a uno de sus fantasmas para encontrar a Kevin al otro lado de un árbol. Levantó una de sus manos y cómo había hecho esa vez, pensó en el movimiento del fantasma a través de su palma, de sus dedos, era mínimo pero podía sentir cómo se desprendía de su mano. El pequeño fantasma salió y le miró burlón, a Gideon le encantaban sus fantasmas, sobre todo, el hecho de que tuvieran una especie de personalidad y que no casara con los típicos fantasmas de las películas.
— Vamos, pequeñín, echa un vistazo por la zona y me traes toda la información que puedas conseguir—le indicó la puerta entreabierta que tenía delante.
El fantasma dio una voltereta y con una pequeña risita traspasó la puerta sin pensárselo dos veces, tuvieron que esperar un rato. A los minutos su fantasma volvió y con otra voltereta atravesó a Gideon, dándole toda la información que había podido recopilar.
RESUMEN
KARMAS
USO DE AKUMA
INVENTARIO
OFF

tengo tantas ganas de ver quién hay dentro.