21-01-2025, 04:04 AM
Los gritos de la Comodoro Firebirth hicieron que la tropa dudase y cesase sus acciones un momento, haciendo que su incredulidad aumentase casi tanto como el asombro de los civiles presentes. Sus palabras se escucharon únicamente siendo interrumpidas por el sonido de las pompas de las burbujas explotando, como un relajando ruido blanco de fondo que invitaba a prestar aun más atención, y el eco de sus gritos inundaba todo el manglar. La potencia de su voz fue tal, que literalmente todo el mundo se paralizó por un momento, como un preludio de inquietud ante una tormenta.
Pero no pasó. Ninguna tormenta estalló. Los soldados, avergonzados, comenzaron a cuchichear entre ellos mientras retrocedían hacia Karlglass pero sin dar la espalda al pueblo, y habiendo uno de ellos sido el detonante, comenzaron a arrodillarse y clavar sus cabezas en el suelo, extendiendo sus brazos en señal de profunda reverencia y disculpa, gritando al unísono casi en una sola voz y superando las palabras de su mando.
Acto seguido, los civiles empezaron a vitorear algunos, otros a reverenciar sin arrodillarse, y otros a celebrar y festejar de nuevo, pero manteniendo la distancia con las tropas y sus ídolos, haciendo que los soldados se levantasen progresivamente, felices de haber podido solucionar esto, y girándose en dirección a Karlglass, realizaron el saludo militar al unísono.
Tras eso, acataron las órdenes de su oficial y se marcharon en formación y al trote hacia el barco, dejando a sus mandos sólos ante la turba de gente, que, mágicamente, ofreció un camino para que pudieran pasar victoriosos y con honor. Dándoles el recibimiento de los héroes, guiándolos directamente hacia el cuartel.
Seguro que donde estuviera, Joe Joestar estaría orgulloso de su más preciada y vieja amiga.
Pero no pasó. Ninguna tormenta estalló. Los soldados, avergonzados, comenzaron a cuchichear entre ellos mientras retrocedían hacia Karlglass pero sin dar la espalda al pueblo, y habiendo uno de ellos sido el detonante, comenzaron a arrodillarse y clavar sus cabezas en el suelo, extendiendo sus brazos en señal de profunda reverencia y disculpa, gritando al unísono casi en una sola voz y superando las palabras de su mando.
— NUESTRAS MÁS SINCERAS DISCULPAS, ESTAMOS MUY ARREPENTIDOS —
Todos los marines se arrodillaron y se sumaron a la disculpa de la Comodoro, ofreciendo una reverencia de corazón a todos los civiles presentes, y estos, comenzaron a dudar de su propia hostilidad, mirándose entre ellos y empezando a comprender que habían forzado una situación y un malentendido muy poderoso. De no haberse disculpado la Comodoro, seguramente esto hubiera acabado con varios heridos y detenidos, y con un odio creciente en el Archipiélago por quienes hasta hacía unos minutos habían considerado sus héroes.Acto seguido, los civiles empezaron a vitorear algunos, otros a reverenciar sin arrodillarse, y otros a celebrar y festejar de nuevo, pero manteniendo la distancia con las tropas y sus ídolos, haciendo que los soldados se levantasen progresivamente, felices de haber podido solucionar esto, y girándose en dirección a Karlglass, realizaron el saludo militar al unísono.
— DISCULPE NUESTRA INSOLENCIA, COMODORO —
Tras eso, acataron las órdenes de su oficial y se marcharon en formación y al trote hacia el barco, dejando a sus mandos sólos ante la turba de gente, que, mágicamente, ofreció un camino para que pudieran pasar victoriosos y con honor. Dándoles el recibimiento de los héroes, guiándolos directamente hacia el cuartel.
Seguro que donde estuviera, Joe Joestar estaría orgulloso de su más preciada y vieja amiga.
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James
