22-01-2025, 02:58 AM
La tensión se palpaba en el ambiente. No entendía del todo las prisas por abandonar el puerto e ir directamente a los astilleros. De hecho, observé como Sohem agarraba el timón y lo giraba a gran velocidad para que el barco empezara a navegar, aunque llevaba poco tiempo en la tripulación, pero su actitud seca y tajante no encajaba con lo que había visto de él hasta ahora. Había algo que le preocupaba o al menos esa sensación me daba.
Tras escuchar sus palabras, entendí perfectamente el mensaje transmitido. No estaba presentando opciones, sino más bien marcando una orden sobre la fruta. En su cabeza, la fruta era una arma estratégica que debía usarse con inteligencia, consumirla, venderla o guardarla como herramienta contra un enemigo poderoso. Las condiciones no eran para nada flexibles, ya que Sohem no iba a permitir débiles entre su grupo. En esos momentos me vino a la cabeza los recuerdos de Chloe y como Lustig estaba disfrutando de lo poco que quedaba de ella. La realidad era contúndete si quería mantener mi lugar aquí, así que por el bien del grupo la decisión estaba tomada y no iba a ser en vano.
Busque rápidamente con mi mirada a Viktor, acababa de subir al barco con el cofre entre sus manos, me levante de la silla y acerque hacia él. Su cara parecía algo más pálida de lo normal. - Con permiso Vik. - Tomé con ambas manos el cofre de madera en el cual estaba la Bōru Bōru No Mi volví a mi lugar al barril y dispuse el cofre en frente mía, lo abrí y ahí pude ver de cerca la fruta. Su peso parecía más simbólico que físico, algo que me hacía recordar todo aquello que estaba en juego. Con mi mano derecha tome la fruta y mire primero a Viktor y luego a Sohem el cual permanecía imponente frente al timón.
- Entendido, jefe, Acepto el trato. - Mis palabras fueron firmes, sin ningún tipo de dudas, no había lugar a vacilaciones. - Sé que puedo cumplir con certeza lo que esperas de mí y liquidaré mi deuda. Hasta el último berrie.
Una vez en mi mano me fijé en la misteriosa forma de la fruta, su superficie era un caos de remolinos y curvas, su tono dorado reluciente, una prueba científica de que esto no era un simple alimento, así que asumiendo la responsabilidad y su potencial llevé la fruta a mi boca. Su sabor era totalmente indescriptible, no había probado anteriormente nada así, una sensación amarga con ciertos toques dulces, que a medida que iba mordiendo cada vez iba empalagándome más. Digamos que en resumidas cuentas no era una fruta que tuviera el mejor sabor del mundo.
Tras unos instantes, solo quedaba ver qué tipo de poder había adquirido y como esto iba a afectar a nuestra dinámica de grupo. Una familia algo disfuncional, pero una familia. A priori mis primeras sensaciones eran las mismas que antes de haberlas comido, todo permanecía igual, me senté en la silla por si me podía dar algún tipo de mareo, pero no fue el caso. Apoye mis piernas sobre el barril y chasqueé mis dedos. - Eureka, esto lo vamos a hacer por la ciencia. - Concluí, manteniendo la vista fija en Sohem y en el horizonte que se extendía frente al Parabellum.
Tras escuchar sus palabras, entendí perfectamente el mensaje transmitido. No estaba presentando opciones, sino más bien marcando una orden sobre la fruta. En su cabeza, la fruta era una arma estratégica que debía usarse con inteligencia, consumirla, venderla o guardarla como herramienta contra un enemigo poderoso. Las condiciones no eran para nada flexibles, ya que Sohem no iba a permitir débiles entre su grupo. En esos momentos me vino a la cabeza los recuerdos de Chloe y como Lustig estaba disfrutando de lo poco que quedaba de ella. La realidad era contúndete si quería mantener mi lugar aquí, así que por el bien del grupo la decisión estaba tomada y no iba a ser en vano.
Busque rápidamente con mi mirada a Viktor, acababa de subir al barco con el cofre entre sus manos, me levante de la silla y acerque hacia él. Su cara parecía algo más pálida de lo normal. - Con permiso Vik. - Tomé con ambas manos el cofre de madera en el cual estaba la Bōru Bōru No Mi volví a mi lugar al barril y dispuse el cofre en frente mía, lo abrí y ahí pude ver de cerca la fruta. Su peso parecía más simbólico que físico, algo que me hacía recordar todo aquello que estaba en juego. Con mi mano derecha tome la fruta y mire primero a Viktor y luego a Sohem el cual permanecía imponente frente al timón.
- Entendido, jefe, Acepto el trato. - Mis palabras fueron firmes, sin ningún tipo de dudas, no había lugar a vacilaciones. - Sé que puedo cumplir con certeza lo que esperas de mí y liquidaré mi deuda. Hasta el último berrie.
Una vez en mi mano me fijé en la misteriosa forma de la fruta, su superficie era un caos de remolinos y curvas, su tono dorado reluciente, una prueba científica de que esto no era un simple alimento, así que asumiendo la responsabilidad y su potencial llevé la fruta a mi boca. Su sabor era totalmente indescriptible, no había probado anteriormente nada así, una sensación amarga con ciertos toques dulces, que a medida que iba mordiendo cada vez iba empalagándome más. Digamos que en resumidas cuentas no era una fruta que tuviera el mejor sabor del mundo.
Tras unos instantes, solo quedaba ver qué tipo de poder había adquirido y como esto iba a afectar a nuestra dinámica de grupo. Una familia algo disfuncional, pero una familia. A priori mis primeras sensaciones eran las mismas que antes de haberlas comido, todo permanecía igual, me senté en la silla por si me podía dar algún tipo de mareo, pero no fue el caso. Apoye mis piernas sobre el barril y chasqueé mis dedos. - Eureka, esto lo vamos a hacer por la ciencia. - Concluí, manteniendo la vista fija en Sohem y en el horizonte que se extendía frente al Parabellum.
