El animal no pudo evitar temblar más al ver que no había solo una persona, sino dos, se puso nervioso buscando una salida mientras de sus dos grandes ojos brotaban lagrimas como si fueran dos cascadas. El indefenso animal se estaba sintiendo acorralado por dos seres que eran más grandes que él. Así que de los nervios se enredó en el arbusto – justo después de que Gideon enviara a su fantasma a explorar dentro de la casa – haciendo una misión imposible que saliera de ahí por sí mismo. Los gemidos de tristeza por el llanto solo hicieron que aumentar junto con sus intentos de pataleo para escapar del lío en el que se había metido sin quererlo, a cada momento la cría se estaba poniendo más nerviosa y retorcía su cuerpo con más fuerza consiguiendo que le salieran pequeños rasguños que sangraban ligeramente por todo su cuerpo, como en la frente, sus mejillas, sus abdomen y sus patitas. Gracias al forcejeó se podía ver que tenía dos manos muy pequeñitas que también estaban ganando rasguños por momentos, haciendo que el pobre animal se quejara más por el daño.
Mientras la criatura estaba forcejeando por su libertad, el fantasma se paseaba por toda la planta baja del edificio. Nada más cruzó la puerta trasera no vio a nadie cerca, pero pudo ver unas escaleras a su izquierda que daban acceso al piso superior. La paredes de piedra se mantenían también dentro de la casa, con un color ligeramente más vivo ya que no se desgastaba con el fuerte sol característico de la isla, ni impactaba la arena contra los ladrillos por el viento. La decoración de la casa era bastante acorde al estilo que los dos cazarrecompensas habían visto en la ciudad de Nanohana, una alfombra de colores blancos, beis y marrón se extendía por todo el suelo y subía por las escaleras, un jarrón de color marrón claro de medio metros estaba situado a la derecha de la puerta. El fantasma siguió avanzando encontrando una entrada en forma de arco que dividía la planta baja en dos, bajo el arco había una cortina hecha de cuerdas con bolas y finos palos de madera. Una vez pasó por ahí se encontró con más de cien personas, algunas acabando de desayunar, otras charlando de forma animada y otros afilando armas como espadas y lanzas. — ¿Qué cojones es eso? — dijo uno llamando la atención del resto que dejaban lo que estaban haciendo al verlo. El fantasma volvió entonces hasta Gideon, pero no solo el espectro fue hacia ellos, una parte del grupo fue traes él y el restante salieron por la entrada principal rodeando la casa. A los pocos segundo de que el fantasma regresara, la puerta trasera se abrió de golpe mostrando a una parte del grupo que salió bloqueando la entrada. Por ambos lados de la casa también apareció más gente, haciendo que Gideon y Kevin se encontraran con una gran muchedumbre lista para atacarles, la pareja de cazadores se encontraba totalmente acorralado en medio de ellos. — ¡Acabad con los intrusos! — ordenó un hombre alto que medía cerca de los dos metros, todos los guardias de la casa portaban un pañuelo en la cabeza y sus prendas eran de colores que rondaban la gama del gris o de un azul muy apagado. El grupo se iba acercando al humano y a la skypieana, buscando menguar la distancia de tres metros en la que estaban actualmente, listos para darles una paliza y sacarles información. Los llantos y el forcejeó del animal se seguían escuchando, incluso siendo peores al ver como en un momento había llegado todavía más gente que era mayor que la criatura y que la asustaban más todavía.
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