24-01-2025, 08:58 PM
Como cabía de esperar de alguien tan capaz como su antiguo camarada, Don Bambú, a pesar de verse abatido hacia el suelo, soportó más que bien la explosión de aire comprimido que había generado el Shimatsu pero, sinceramente, así debía ser. Si no era capaz de soportar un ataque así, toda esa pelea, esa batalla por la venganza, carecía de sentido alguno. Así lo demostró esquivando - o mejor dicho desviando - la bala cúbica de aire que Kovashi le disparó mientras ambos volvían a ponerse de pie, con el fin de ponerle fin a la vida de panda, por el lado del peliblanco, y a la locura de Kovashi, por el lado del mink revolucionario. El ex-líder del Escuadrón de Asalto X, no pudo evitar esbozar una sonrisa maliciosa al observar como Don Bambú aún se encontraba en plenas facultades y que podía seguir dando guerra. Una vez que ambos ya estaban listos para seguir, el mink se lamentó el no haberle podido robara Shishui, momento que Kovashi, propiamente aprovechó para quitar el pie que tenía sobre la hoja de su preciada katana para, poner la puntera por debajo de la misma y, con un ligero y sutil movimiento ascendente de su pie, levantar el arma hasta que fue alcanzada por la siniestra del hombre tuerto.- Veo que no te conformas con la vaina y mi otra katana. - Contestó al oso, señalando con su cabeza al lugar dónde reposaban sus usurpadas pertenencias. No contento con el lamento, Don Bambú se regodeó por la técnica que acababa de utilizar, declarando que fue gracias a ella que consiguió matar al mismo gigante que le había dejado en un estado deplorable tiempo ha. La expresión del Shimatsu se tornó seria en ese entonces, pues había mucho oculto tras aquellas palabras por parte del mink.
En primer lugar, pudo cerciorarse de lo débil que era en aquel entonces, lo débil que era para dejarse abatir por un ser que, con un ataque que no ha conseguido destrozar su brazo artificial, fue asesinado. Quizás, esa sed de venganza que había ido acumulando, durante esos tres interminables años, esa sed que le había ido consumiendo poco a poco, hasta llevarse lo poco que quizás le quedaba de cordura, era lo que le había hecho más fuerte a día de hoy. Y lo segundo, fue darse cuenta, justamente de que, igual aún no estaba mentalizado del todo con el camino que quería recorrer. Al escuchar esas palabras, al escuchar como, el que una vez fue su camarada... No, al escuchar como, el que una vez fue su amigo, se cobraba la vida de aquel que marcó su infierno actual, hizo que una infinitesimal parte de él dudara sobre que era lo que estaba haciendo. Esa pequeña parte de él quería agradecerle el hecho de acabar con ese despojo pero, por desgracia, la voz de la razón que residía en el interior de Kovashi, no alcanzaba ni llegaba al angustiado y frío corazón del espadachín. Ante las declaraciones de Don Bambú, Kovashi optó por no responder, y adoptar una posición defensiva, anteponiendo el filo de su espada por delante suya, diagonalmente, mientras adelantaba ligeramente su pie derecho respecto a su cadera, a la par que atrasaba el izquierdo.
Estaba más que preparado para lo que se venía, pero sin lugar a dudas, la siguiente acción de Don Bambú le pillo completamente desprevenido. El aire se notaba cargado, denso, como si una fuerza increíble y paranormal surgiera del propio cuerpo del panda. Una fuerza que amenazaba con destruir su ya quebrado y corrompido espíritu. Una fuerza que hacía que Kovashi se viera doblegado ante la increíble presencia que sentía de su antiguo camarada. Era tal la magnitud que las piernas empezaron a temblar de puro miedo.- Vamos, no me jodas. - Se inquietaba el espadachín que, sumado a la inmediata desaparición del mink, no podía comprender cuál era ni la identidad ni origen de ese poder.
El peliblanco miró a su alrededor, intentando averiguar dónde se había metido el mink, hasta que una descarga eléctrica recorrió inmediatamente la médula espinal de Kovashi.- Te encontré. - Pensó, con una sonrisa que asustaría hasta el mismo diablo.- Sakki. - Enunció mientras, con su katana en mano, empezaba a girar sobre sí mismo en sentido antihorario, a una velocidad endiablada, sintiendo como recibía un segundo zurdazo en su costado izquierdo. Al mismo tiempo que recibía el tercero de sus golpes en su pecho, Kovashi ya hundía a Shishui, que empezaba a ansiar la sangre, en el abdomen de Don Bambú, realizando un profundo corte horizontal sobre este que haría que la sangre comenzara a brotar sobre esta terrible herida. Habiendo dado la vuelta completa, terminando en la posición inicial pero con la hoja de Shishui empapada de un cautivador rojo carmesí. El cuerpo del mink cesó de emitir electricidad, al igual que Kovashi dejó de sentir aquella explosión de aura, seguramente gracias al gigantesco daño que había recibido. Aprovechando que aún estaría preso del dolor, el Shimatsu descendió de los cubos, para quedar próximo a la mano derecha del panda, que aún aferraba a su otra katana y la vaina de Shishui, propinándole un tajo descendente mientras se precipitaba hacia el suelo, causando que soltara las dos vainas.- ¿Qué te costaba dármelas de buenas? - Preguntó con sarcasmo mientras cogía ambas sayas al vuelo. Una vez en el suelo, se colocó la de Shisui en el lado izquierdo de su cadera y desenvainando el segundo arma, tirando la vaina al suelo en el proceso mientras se relamía el hilo de sangre que seguía cayendo sobre su frente.- ¡Sigamos con este baile hasta que uno de los dos desfallezca, Panda! - Bramó, quedando a un metro de distancia del mink cruzando sus dos katanas por delante de él, formando una equis de metal y sangre.
En primer lugar, pudo cerciorarse de lo débil que era en aquel entonces, lo débil que era para dejarse abatir por un ser que, con un ataque que no ha conseguido destrozar su brazo artificial, fue asesinado. Quizás, esa sed de venganza que había ido acumulando, durante esos tres interminables años, esa sed que le había ido consumiendo poco a poco, hasta llevarse lo poco que quizás le quedaba de cordura, era lo que le había hecho más fuerte a día de hoy. Y lo segundo, fue darse cuenta, justamente de que, igual aún no estaba mentalizado del todo con el camino que quería recorrer. Al escuchar esas palabras, al escuchar como, el que una vez fue su camarada... No, al escuchar como, el que una vez fue su amigo, se cobraba la vida de aquel que marcó su infierno actual, hizo que una infinitesimal parte de él dudara sobre que era lo que estaba haciendo. Esa pequeña parte de él quería agradecerle el hecho de acabar con ese despojo pero, por desgracia, la voz de la razón que residía en el interior de Kovashi, no alcanzaba ni llegaba al angustiado y frío corazón del espadachín. Ante las declaraciones de Don Bambú, Kovashi optó por no responder, y adoptar una posición defensiva, anteponiendo el filo de su espada por delante suya, diagonalmente, mientras adelantaba ligeramente su pie derecho respecto a su cadera, a la par que atrasaba el izquierdo.
Estaba más que preparado para lo que se venía, pero sin lugar a dudas, la siguiente acción de Don Bambú le pillo completamente desprevenido. El aire se notaba cargado, denso, como si una fuerza increíble y paranormal surgiera del propio cuerpo del panda. Una fuerza que amenazaba con destruir su ya quebrado y corrompido espíritu. Una fuerza que hacía que Kovashi se viera doblegado ante la increíble presencia que sentía de su antiguo camarada. Era tal la magnitud que las piernas empezaron a temblar de puro miedo.- Vamos, no me jodas. - Se inquietaba el espadachín que, sumado a la inmediata desaparición del mink, no podía comprender cuál era ni la identidad ni origen de ese poder.
El peliblanco miró a su alrededor, intentando averiguar dónde se había metido el mink, hasta que una descarga eléctrica recorrió inmediatamente la médula espinal de Kovashi.- Te encontré. - Pensó, con una sonrisa que asustaría hasta el mismo diablo.- Sakki. - Enunció mientras, con su katana en mano, empezaba a girar sobre sí mismo en sentido antihorario, a una velocidad endiablada, sintiendo como recibía un segundo zurdazo en su costado izquierdo. Al mismo tiempo que recibía el tercero de sus golpes en su pecho, Kovashi ya hundía a Shishui, que empezaba a ansiar la sangre, en el abdomen de Don Bambú, realizando un profundo corte horizontal sobre este que haría que la sangre comenzara a brotar sobre esta terrible herida. Habiendo dado la vuelta completa, terminando en la posición inicial pero con la hoja de Shishui empapada de un cautivador rojo carmesí. El cuerpo del mink cesó de emitir electricidad, al igual que Kovashi dejó de sentir aquella explosión de aura, seguramente gracias al gigantesco daño que había recibido. Aprovechando que aún estaría preso del dolor, el Shimatsu descendió de los cubos, para quedar próximo a la mano derecha del panda, que aún aferraba a su otra katana y la vaina de Shishui, propinándole un tajo descendente mientras se precipitaba hacia el suelo, causando que soltara las dos vainas.- ¿Qué te costaba dármelas de buenas? - Preguntó con sarcasmo mientras cogía ambas sayas al vuelo. Una vez en el suelo, se colocó la de Shisui en el lado izquierdo de su cadera y desenvainando el segundo arma, tirando la vaina al suelo en el proceso mientras se relamía el hilo de sangre que seguía cayendo sobre su frente.- ¡Sigamos con este baile hasta que uno de los dos desfallezca, Panda! - Bramó, quedando a un metro de distancia del mink cruzando sus dos katanas por delante de él, formando una equis de metal y sangre.
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