26-01-2025, 10:06 AM
La comodoro Karl no paraba de decir que la había cagado básicamente todo el mundo durante este despliegue de tropas tras el arribo al Sabaody. Y si, la verdad es que todos teníamos un poco de poco – unos más otros menos – pero este tipo de errores son los mejores a cometer porque aprendemos de ellos sin que haya pasado a mayores la situación. Además, me terminaba de confirmar el carácter y reacción de mis compañeros de división lo cual me serviría para el futuro, por ejemplo, si me emparejan con el comodoro Ryze me sirve para estar pendiente de sus actitudes que hace ‘para bien’ pero que inevitablemente terminaran ‘para mal’. El comodoro es, de todos los presentes, el más difícil de entender puesto que su cara de poker y tono de voz invariable no sirven de guía para saber si va a agujerear una rueda de queso con sus armas solo porque Karl le comente que quería queso Emmental en lugar de Edam.
En fin, que no hacía falta seguirle ‘hinchando los ovarios’ o ‘tocarle el coño’ (paso de ambas la verdad, en todos los sentidos) y, dado que ya teníamos paso libre, podíamos seguir rumbo a nuestro destino: el cuartel de la marina en Sabaody. Mientras lo hacíamos me quede absorto por un momento pensando lo difícil que es diferenciar entre tantas personas con el Waki; si bien, puedo sentir la presencia de múltiples seres a nuestro alrededor (o cerca de nosotros), me es imposible distinguir si nos están observando o no, o si están planeando algo contra nosotros, tengo que entrenar aun más esto del Waki.
Seguíamos caminando y yo seguía en mis pensamientos sin prestar atención a lo que mis compañeros discutían (que ya lo tomaba por sentado, es el son de tango al que nos gusta bailar en la división) cuando recordé que Apolo había comentado al desembarcar que el logpose se había comportado de una manera extraña y me había pedido que le comentara sobre la isla Gyojin.
Acercándome a Apolo, quedando a un palmo de distancia, me aclaré la garganta y sin decir hola ni nada empecé con un monologo en un tono de voz alto para que lo pudieran escuchar el resto de mis compañeros de división: “La Isla Gyojin se encuentra 10,000 metros bajo el nivel del mar, justo debajo de este archipiélago, en una cueva rodeada por una enorme burbuja de aire que la protege del agua circundante. Dado que para muchos es el único camino para cruzar al Nuevo Mundo la isla Gyojin es un punto estratégico de navegación para comerciantes y piratas. Hay corales de todos los colores imaginables, peces de tamaños y formas sorprendentes, y criaturas lumínicas que convierten las profundidades en un espectáculo visual. También hay fuertes corrientes y criaturas peligrosas, como los monstruos marinos, lo que hace que el viaje hacia la isla sea un desafío. La isla está dividida en varias áreas, cada una con su propio carácter, por ejemplo, está la Plaza Gyoncorde donde se llevan a cabo eventos importantes, reuniones y discursos de la realeza. Igual está el distrito de las sirenas el cual está lleno de estanques y pequeños canales que conectan las casas entre sí por los que se desplazan aquellos hermosos ángeles marinos.”
Siguiendo con mi discurso, consciente de que la posible ira de los comodoros, de ser ignorado por James, y de que quizás Apolo ya se había tapado los oídos con arena, agregue con añoranza recordando mi infancia.
“Si vas a visitar mi madre patria, no puedes olvidar visitar el bosque marino, el mercado de corales, o incluso el palacio Ryugu y, aunque menos atractivo que todos estos lugares, podrías visitar el distrito Gyojin que es donde yo crecí, aunque no le recomiendo a ninguno de ustedes que vaya sin un guía – ósea yo – pues es una zona un poco complicada. Además, si tienen suerte de visitar la isla en la temporada correcta podrían participar en el mayor de los festivales de la isla: el festival coral. El festival es una fiesta de colores, música y unidad el cual adorna la isla con miles y miles de corales ya que todos los gyojin y sirenas participan. Al anochecer, todos participamos de una procesión portando faroles de coral mientras nadan en círculos alrededor del Palacio Ryugu. Es un espectáculo de luces submarinas, con reflejos que iluminan toda la isla. Y ni que decir de la comida, no saben como la extraño, durante el festival, se sirven platillos preparados con los mejores ingredientes del océano, cientos de manjares por probar y montones de alcoholes por beber. Evidentemente la música y el baile no faltan, e incluso podrían tener la oportunidad de participar en el evento principal del festival: la danza coral. Grupos de gyojin y sirenas realizamos una danza coordinada, simulando el movimiento de las corrientes marinas. El escenario principal está decorado con enormes corales vivos que cambian de color. Es un espectáculo sin igual.”
Termine y sonreí, que buenos tiempos, ojalá volver algún día a casa, aunque tenga que enfrentarme a los fantasmas de mi pasado, después de soltar aquella cascada de palabras me di cuenta por primera vez en años de los mucho que extrañaba el lugar que me vio nacer.
“Gowowo wowowo” – empecé a reír, al parecer la caminata se había hecho amena (al menos para mi) puesto que ya empezaba a vislumbrar el cuartel de la marina al fondo – “Parece que ya hemos llegado, que rápido.”
En fin, que no hacía falta seguirle ‘hinchando los ovarios’ o ‘tocarle el coño’ (paso de ambas la verdad, en todos los sentidos) y, dado que ya teníamos paso libre, podíamos seguir rumbo a nuestro destino: el cuartel de la marina en Sabaody. Mientras lo hacíamos me quede absorto por un momento pensando lo difícil que es diferenciar entre tantas personas con el Waki; si bien, puedo sentir la presencia de múltiples seres a nuestro alrededor (o cerca de nosotros), me es imposible distinguir si nos están observando o no, o si están planeando algo contra nosotros, tengo que entrenar aun más esto del Waki.
Seguíamos caminando y yo seguía en mis pensamientos sin prestar atención a lo que mis compañeros discutían (que ya lo tomaba por sentado, es el son de tango al que nos gusta bailar en la división) cuando recordé que Apolo había comentado al desembarcar que el logpose se había comportado de una manera extraña y me había pedido que le comentara sobre la isla Gyojin.
Acercándome a Apolo, quedando a un palmo de distancia, me aclaré la garganta y sin decir hola ni nada empecé con un monologo en un tono de voz alto para que lo pudieran escuchar el resto de mis compañeros de división: “La Isla Gyojin se encuentra 10,000 metros bajo el nivel del mar, justo debajo de este archipiélago, en una cueva rodeada por una enorme burbuja de aire que la protege del agua circundante. Dado que para muchos es el único camino para cruzar al Nuevo Mundo la isla Gyojin es un punto estratégico de navegación para comerciantes y piratas. Hay corales de todos los colores imaginables, peces de tamaños y formas sorprendentes, y criaturas lumínicas que convierten las profundidades en un espectáculo visual. También hay fuertes corrientes y criaturas peligrosas, como los monstruos marinos, lo que hace que el viaje hacia la isla sea un desafío. La isla está dividida en varias áreas, cada una con su propio carácter, por ejemplo, está la Plaza Gyoncorde donde se llevan a cabo eventos importantes, reuniones y discursos de la realeza. Igual está el distrito de las sirenas el cual está lleno de estanques y pequeños canales que conectan las casas entre sí por los que se desplazan aquellos hermosos ángeles marinos.”
Siguiendo con mi discurso, consciente de que la posible ira de los comodoros, de ser ignorado por James, y de que quizás Apolo ya se había tapado los oídos con arena, agregue con añoranza recordando mi infancia.
“Si vas a visitar mi madre patria, no puedes olvidar visitar el bosque marino, el mercado de corales, o incluso el palacio Ryugu y, aunque menos atractivo que todos estos lugares, podrías visitar el distrito Gyojin que es donde yo crecí, aunque no le recomiendo a ninguno de ustedes que vaya sin un guía – ósea yo – pues es una zona un poco complicada. Además, si tienen suerte de visitar la isla en la temporada correcta podrían participar en el mayor de los festivales de la isla: el festival coral. El festival es una fiesta de colores, música y unidad el cual adorna la isla con miles y miles de corales ya que todos los gyojin y sirenas participan. Al anochecer, todos participamos de una procesión portando faroles de coral mientras nadan en círculos alrededor del Palacio Ryugu. Es un espectáculo de luces submarinas, con reflejos que iluminan toda la isla. Y ni que decir de la comida, no saben como la extraño, durante el festival, se sirven platillos preparados con los mejores ingredientes del océano, cientos de manjares por probar y montones de alcoholes por beber. Evidentemente la música y el baile no faltan, e incluso podrían tener la oportunidad de participar en el evento principal del festival: la danza coral. Grupos de gyojin y sirenas realizamos una danza coordinada, simulando el movimiento de las corrientes marinas. El escenario principal está decorado con enormes corales vivos que cambian de color. Es un espectáculo sin igual.”
Termine y sonreí, que buenos tiempos, ojalá volver algún día a casa, aunque tenga que enfrentarme a los fantasmas de mi pasado, después de soltar aquella cascada de palabras me di cuenta por primera vez en años de los mucho que extrañaba el lugar que me vio nacer.
“Gowowo wowowo” – empecé a reír, al parecer la caminata se había hecho amena (al menos para mi) puesto que ya empezaba a vislumbrar el cuartel de la marina al fondo – “Parece que ya hemos llegado, que rápido.”
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