26-01-2025, 07:29 PM
Me encontraba en mi camino hacia el cuartel de la Marina cuando algo cortó mi paso. Bajé la mirada y, en el suelo en frente de mí, se encontraba Ryze pronunciando mi nombre sumado a mi rango de marine, como si eso fuese relevante. Tenía pensado seguir mi camino, ya que alguien de tan poco tamaño no suponía ningún tipo de barrera hasta que noté que de sus ojos comenzaron a salir lágrimas, sumado a que mi Waki de observación notaba como su aura se entristecía. Ryze comenzó a elaborar su discurso de disculpa, ante mi rostro serio y mirada impasible. Parecía que detrás de su pésima idea, al menos había buenas intenciones y el hecho de que al menos tuviese la valentía de asumir la culpa y disculparse le honraba. Quiso excusar también a Karl pero sólo hubo una manera de interpretar sus palabras y fueron bastante claras. Yo no incité ningún movimiento y tan sólo me limité a seguir las órdenes, por una vez, de guardar la línea y continuar en formación cuando quizás lo más sencillo podría haber sido seguir haciendo lo que me diese la gana. Cuanto terminó de hablar saqué mi mano derecha del bolsillo de mi pantalón, me eché el pelo hacia atrás y suspiré — Tan sólo la próxima vez analiza mejor la situación y no abras fuego si no es necesario. Los soldados están preparados para estar alerta ante el más mínimo estímulo y el pueblo actúa como un animal acorralado. Vulnerables e indefensos, si se sienten en peligro contraatacan haciendo piña. Además hay demasiados niños por la zona y desatar el caos con ellos de por medio, sería bastante peligroso e imprudente. Por otro lado agradezco que me incites a seguir animando a la gente pero las órdenes están dadas y los rangos son los rangos, ¿verdad?
Volví a guardar mi diestra dentro del bolsillo del pantalón y, cuando tenía la intención de volver a retomar mi marcha hacia el cuartel, volvió la Karl agresiva comenzando a recriminarme cosas pese a que por un momento, el que estaba siendo responsable y sensato era yo. No estábamos hablando de algo banal, estábamos hablando de que casi se crea un disturbio sin motivo por abrir fuego en medio del pueblo con todos los peligros que eso podía conllevar — Lo primero, Karl, no le eché la culpa a Ryze principalmente porque no sé quién fue el autor de todo lo causado, sólo recalqué la pésima idea que fue abrir fuego. ¿Que por qué no sé quién abrió fuego? Te preguntarás... pues verás, en cuanto la situación se empezó a descontrolar, simplemente me escaqueé y me escondí porque la gente se dirigió hacia ti y hacia mí. Y lo segundo... las órdenes han quedado perfectamente claras — clavé mi mirada hacia sus ojos, cuadrándome ante ella de forma firme y potente, parodiando a los soldados y alzando la voz — ¡Señor, nada de intentar divertir a la gente, señor! ¡Tan sólo soy un pobre Comandante de la Marina chuloplayas, no sabía lo que hacía, señor, sólo tengo el cráneo lleno de arena, señor! ¡Mis disculpas, Comodoro! ¡Sonreír y saludar como un monarca, señor, procedo! ¡Marcho! — Tras mis palabras rompí el saludo militar, simplemente llevando mis dedos índice y corazón de la mano derecha desde mi frente, hacia adelante. Comencé a caminar firme y tieso, de una forma totalmente disciplinaria y protocolaria, como si de una marcha oficial se tratase.
Tras caminar un par de metros de esa forma, rompí la marcha de soldado que llevaba y volví a llevarme las manos a los bolsillos para seguir caminando por mi cuenta hacia el cuartel. Miraba de izquierda a derecha recorriendo la amplitud de la gran avenida que se formaba en ese manglar y podía comprobar que, pese a todo el caos, la gente seguía aclamándonos formando un pasillo lleno de vítores indicándonos el camino. Yo seguía sin acostumbrarme a toda esa parafernalia, así que seguía caminando mirando hacia el suelo, inmerso en mis pensamientos. No me gustaba sentirme más que nadie, ni entendía por qué parecíamos famosas super estrellas del rock por simplemente hacer lo que se supone que teníamos que hacer. Por mi mente se volvía a dibujar la escena de aquel civil gritando a pleno pulmón que querían ver a Joe, que él no habría permitido aquel caos — Joe... tsk — apretaba mis dientes a modo de negación, la única verdad era que no paraba de repetirse el mismo patrón. Primero su mano derecha nos dejó a nuestra suerte en aquella playa y ahora, después de no haber aparecido tras tantas semanas en la isla vertedero, seguía estando ausente dejándonos a nuestra suerte y sin poder asumir las responsabilidades que su cargo debía. Uno debe ser un líder para lo bueno y para lo malo, no sólo vale serlo para gozar de una posición privilegiada.
A medida que seguía meditando y filosofando para mis adentros, la voz de alguien familiar me devolvió al lugar. Al girarme vi como, efectivamente, Fuguwu me había alcanzado. Antes de que me diese tiempo a poder saludarlo, éste comenzó a soltarme un montón de información acerca de su isla natal, la Isla Gyojin. Todo lo que me contaba parecía sacado de novelas creadas por el más creativo lunático. Detalles que, de no ser porque le conocía de primera mano, pensaba que sería un conjunto de delirios creados por un marinero borracho. Las típicas historietas que cuenta uno en una taberna después de tomar varias jarras de cerveza. Prestaba atención a todo lo que me contaba ya que mi posición como navegante requería ser capaz de llevar el buque sano y salvo hacia el destino, aunque en esta ocasión no sabía ni por cómo empezar. Se supone que tenía que navegar por debajo del mar a través de corrientes pero dentro de mi conocimiento sobre navíos, no se incluía ningún punto en cómo poder hacer que un barco navegue hundido. Me rascaba la frente, pensativo, a medida que me iba explicando cosas. Diez mil metros por debajo del mar y buscar una cueva con una burbuja. No sé si estaba capacitado para hacer tal magna obra ya que no sólo era incapaz de poder respirar bajo el agua tanto tiempo, sino que encima el mar me debilitaba y me anulaba. Y por si fuera poco, encima por el camino y por sus alrededores decía que estaba todo plagado de criaturas peligrosas que a todo juicio tenían pinta de ser Reyes del Mar.
A continuación seguía ametrallándonos con palabras, como si fuese el mismísimo ministro de turismo de la isla. De todas aquellas palabras pude extraer la información de que la Isla Gyojin era dirigida por un monarca y que tenía bastantes similitudes respecto a Ballywood, ya que la zona a la que él llamó "Distrito Gyojin" sonaba como a los suburbios en los que se encontraba la gente con menos recursos y dónde más delitos se cometían. Pese a ello, las ganas de visitar la isla se incrementaron dentro de mí ya que había cosas que sonaban como al Reino de Samba. Tenía muchas ganas de visitar los festivales de los que Fuguwu hablaba, de ver todos los colores de las calles, de la música y poder divertirme por fin. Desde luego que hubiese preferido mil veces más haber pasado años en la Isla Gyojin que haberlos pasado en la pocilga de Ballywood, llena de clasismo y wannabes.
Cuando Fuguwu terminó de hablar recordé que su discurso no fue algo gratuito, sino que le había avisado antes de desembarcar que tenía que hacerle varias preguntas. — ¡Es verdad! Tenía que comentarte que cuando veníamos de camino, el log pose del barco apuntaba de forma totalmente vertical hacia abajo, como si nuestro destino estuviese debajo de esta isla. — Señalé con el dedo índice a mis pies — ¡que bueno! ¡no te lo pierdas! Realmente Sabaody no es una isla, es como si fuese un gran bosque en medio del mar ya que el log pose no reconocía ningún tipo de campo magnético aquí, ¿me sigues? — comencé a frotarme el pelo con la mano derecha, mientras la izquierda la llevaba hacia mi cadera, dubitativo — pero por todo esto que me cuentas no sé cómo podré hacer que el barco se hunda y navegue sin que nos ahoguemos. Quizás en los cuarteles de Sabaody sepan algo... y si encuentro la forma te llevaré a tu isla. Al fin y al cabo el que decide el destino del barco es un servidor — apunté a mi pecho con el pulgar de la mano derecha — ya se pueden poner tontitos con sus rangos y sus cosas... pero sin mí ese barco no se va a ninguna parte ¡kakahaha! — Continué el camino junto a Fuguwu — Quizás a todos nos venga bien descansar en esa isla unas semanas... después de pasar semanas en la isla vertedero es lo mínimo que merecemos
Seguimos nuestra marcha junto al grupo hasta que por fin llegamos a nuestro destino, los cuarteles de la Marina de Sabaody. Admiraba con la vista semejante lugar, se notaba que esta pseudo isla estaba cerca del Red Line y que era un punto caliente ya que las instalaciones eran muchísimo más grandes que el cuartelucho al que estaba acostumbrado en Ballywood. Allí dentro había muchos más soldados y en el ambiente se notaba que el lugar estaba activo, no tenía nada que ver con lo que yo estaba acostumbrado. Karl nos instó al grupo a que nos instalásemos en el lugar y nos adaptásemos... o directamente que hiciésemos los que nos apeteciese. Así que tomé sus palabras como un hecho.
A James le volvió la energía y le entraron ganas de hacer cosas. Pude oír como se interesó por la isla natal de Fuguwu y, antes de que yo pudiese hacer algo, se dirigió hacia mí invitándome a hacer grupo con ellos para tomar algo o divertirnos. Negué con la cabeza — Gracias por la invitación pero creo que paso, ahora mismo sólo me apetece terminar lo que se supone que tengamos que hacer aquí y largarme al parque de atracciones ya que allí dudo que mis ganas de pasármelo bien molesten a nadie — Y acto seguido caminé siguiendo a Karl como si fuese un escolta. A fin de cuentas ella dijo que hiciésemos lo que nos diese la gana, así que, viendo que a veces liderar le sobrepasaba y Ryze actuaba de forma inconsciente, quería enterarme de la película para saber cómo actuar si por culpa de otro imprevisto tenía que dar un paso hacia adelante. Al fin y al cabo, la información siempre ha sido poder.
Volví a guardar mi diestra dentro del bolsillo del pantalón y, cuando tenía la intención de volver a retomar mi marcha hacia el cuartel, volvió la Karl agresiva comenzando a recriminarme cosas pese a que por un momento, el que estaba siendo responsable y sensato era yo. No estábamos hablando de algo banal, estábamos hablando de que casi se crea un disturbio sin motivo por abrir fuego en medio del pueblo con todos los peligros que eso podía conllevar — Lo primero, Karl, no le eché la culpa a Ryze principalmente porque no sé quién fue el autor de todo lo causado, sólo recalqué la pésima idea que fue abrir fuego. ¿Que por qué no sé quién abrió fuego? Te preguntarás... pues verás, en cuanto la situación se empezó a descontrolar, simplemente me escaqueé y me escondí porque la gente se dirigió hacia ti y hacia mí. Y lo segundo... las órdenes han quedado perfectamente claras — clavé mi mirada hacia sus ojos, cuadrándome ante ella de forma firme y potente, parodiando a los soldados y alzando la voz — ¡Señor, nada de intentar divertir a la gente, señor! ¡Tan sólo soy un pobre Comandante de la Marina chuloplayas, no sabía lo que hacía, señor, sólo tengo el cráneo lleno de arena, señor! ¡Mis disculpas, Comodoro! ¡Sonreír y saludar como un monarca, señor, procedo! ¡Marcho! — Tras mis palabras rompí el saludo militar, simplemente llevando mis dedos índice y corazón de la mano derecha desde mi frente, hacia adelante. Comencé a caminar firme y tieso, de una forma totalmente disciplinaria y protocolaria, como si de una marcha oficial se tratase.
Tras caminar un par de metros de esa forma, rompí la marcha de soldado que llevaba y volví a llevarme las manos a los bolsillos para seguir caminando por mi cuenta hacia el cuartel. Miraba de izquierda a derecha recorriendo la amplitud de la gran avenida que se formaba en ese manglar y podía comprobar que, pese a todo el caos, la gente seguía aclamándonos formando un pasillo lleno de vítores indicándonos el camino. Yo seguía sin acostumbrarme a toda esa parafernalia, así que seguía caminando mirando hacia el suelo, inmerso en mis pensamientos. No me gustaba sentirme más que nadie, ni entendía por qué parecíamos famosas super estrellas del rock por simplemente hacer lo que se supone que teníamos que hacer. Por mi mente se volvía a dibujar la escena de aquel civil gritando a pleno pulmón que querían ver a Joe, que él no habría permitido aquel caos — Joe... tsk — apretaba mis dientes a modo de negación, la única verdad era que no paraba de repetirse el mismo patrón. Primero su mano derecha nos dejó a nuestra suerte en aquella playa y ahora, después de no haber aparecido tras tantas semanas en la isla vertedero, seguía estando ausente dejándonos a nuestra suerte y sin poder asumir las responsabilidades que su cargo debía. Uno debe ser un líder para lo bueno y para lo malo, no sólo vale serlo para gozar de una posición privilegiada.
A medida que seguía meditando y filosofando para mis adentros, la voz de alguien familiar me devolvió al lugar. Al girarme vi como, efectivamente, Fuguwu me había alcanzado. Antes de que me diese tiempo a poder saludarlo, éste comenzó a soltarme un montón de información acerca de su isla natal, la Isla Gyojin. Todo lo que me contaba parecía sacado de novelas creadas por el más creativo lunático. Detalles que, de no ser porque le conocía de primera mano, pensaba que sería un conjunto de delirios creados por un marinero borracho. Las típicas historietas que cuenta uno en una taberna después de tomar varias jarras de cerveza. Prestaba atención a todo lo que me contaba ya que mi posición como navegante requería ser capaz de llevar el buque sano y salvo hacia el destino, aunque en esta ocasión no sabía ni por cómo empezar. Se supone que tenía que navegar por debajo del mar a través de corrientes pero dentro de mi conocimiento sobre navíos, no se incluía ningún punto en cómo poder hacer que un barco navegue hundido. Me rascaba la frente, pensativo, a medida que me iba explicando cosas. Diez mil metros por debajo del mar y buscar una cueva con una burbuja. No sé si estaba capacitado para hacer tal magna obra ya que no sólo era incapaz de poder respirar bajo el agua tanto tiempo, sino que encima el mar me debilitaba y me anulaba. Y por si fuera poco, encima por el camino y por sus alrededores decía que estaba todo plagado de criaturas peligrosas que a todo juicio tenían pinta de ser Reyes del Mar.
A continuación seguía ametrallándonos con palabras, como si fuese el mismísimo ministro de turismo de la isla. De todas aquellas palabras pude extraer la información de que la Isla Gyojin era dirigida por un monarca y que tenía bastantes similitudes respecto a Ballywood, ya que la zona a la que él llamó "Distrito Gyojin" sonaba como a los suburbios en los que se encontraba la gente con menos recursos y dónde más delitos se cometían. Pese a ello, las ganas de visitar la isla se incrementaron dentro de mí ya que había cosas que sonaban como al Reino de Samba. Tenía muchas ganas de visitar los festivales de los que Fuguwu hablaba, de ver todos los colores de las calles, de la música y poder divertirme por fin. Desde luego que hubiese preferido mil veces más haber pasado años en la Isla Gyojin que haberlos pasado en la pocilga de Ballywood, llena de clasismo y wannabes.
Cuando Fuguwu terminó de hablar recordé que su discurso no fue algo gratuito, sino que le había avisado antes de desembarcar que tenía que hacerle varias preguntas. — ¡Es verdad! Tenía que comentarte que cuando veníamos de camino, el log pose del barco apuntaba de forma totalmente vertical hacia abajo, como si nuestro destino estuviese debajo de esta isla. — Señalé con el dedo índice a mis pies — ¡que bueno! ¡no te lo pierdas! Realmente Sabaody no es una isla, es como si fuese un gran bosque en medio del mar ya que el log pose no reconocía ningún tipo de campo magnético aquí, ¿me sigues? — comencé a frotarme el pelo con la mano derecha, mientras la izquierda la llevaba hacia mi cadera, dubitativo — pero por todo esto que me cuentas no sé cómo podré hacer que el barco se hunda y navegue sin que nos ahoguemos. Quizás en los cuarteles de Sabaody sepan algo... y si encuentro la forma te llevaré a tu isla. Al fin y al cabo el que decide el destino del barco es un servidor — apunté a mi pecho con el pulgar de la mano derecha — ya se pueden poner tontitos con sus rangos y sus cosas... pero sin mí ese barco no se va a ninguna parte ¡kakahaha! — Continué el camino junto a Fuguwu — Quizás a todos nos venga bien descansar en esa isla unas semanas... después de pasar semanas en la isla vertedero es lo mínimo que merecemos
Seguimos nuestra marcha junto al grupo hasta que por fin llegamos a nuestro destino, los cuarteles de la Marina de Sabaody. Admiraba con la vista semejante lugar, se notaba que esta pseudo isla estaba cerca del Red Line y que era un punto caliente ya que las instalaciones eran muchísimo más grandes que el cuartelucho al que estaba acostumbrado en Ballywood. Allí dentro había muchos más soldados y en el ambiente se notaba que el lugar estaba activo, no tenía nada que ver con lo que yo estaba acostumbrado. Karl nos instó al grupo a que nos instalásemos en el lugar y nos adaptásemos... o directamente que hiciésemos los que nos apeteciese. Así que tomé sus palabras como un hecho.
A James le volvió la energía y le entraron ganas de hacer cosas. Pude oír como se interesó por la isla natal de Fuguwu y, antes de que yo pudiese hacer algo, se dirigió hacia mí invitándome a hacer grupo con ellos para tomar algo o divertirnos. Negué con la cabeza — Gracias por la invitación pero creo que paso, ahora mismo sólo me apetece terminar lo que se supone que tengamos que hacer aquí y largarme al parque de atracciones ya que allí dudo que mis ganas de pasármelo bien molesten a nadie — Y acto seguido caminé siguiendo a Karl como si fuese un escolta. A fin de cuentas ella dijo que hiciésemos lo que nos diese la gana, así que, viendo que a veces liderar le sobrepasaba y Ryze actuaba de forma inconsciente, quería enterarme de la película para saber cómo actuar si por culpa de otro imprevisto tenía que dar un paso hacia adelante. Al fin y al cabo, la información siempre ha sido poder.
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