28-01-2025, 12:34 PM
(Última modificación: 28-01-2025, 12:38 PM por Max D. Bambú.)
Un grito alertó a Don Bambú de que Sasha, la infantil y gigantesca Oni de los Shogun Gari había despertado. Debía de haber tenido pesadillas después de lo ocurrido en la arena de Skypiea. La imagen de Sohem con su palitroque de metal gigante a punto de matar a una persona delante de una muchedumbre de gente era algo que le helaba la sangre. Aquel enmascarado tenía algo que no le gustaba nada a Don Bambú, pero no conseguía averiguar el qué. Mientras los chavales se desperezaban, Don Bambú se animó a prepararse un café con lo que tenía en la cocina. Había utensilios que no había visto en su vida, pero logró identificar una construcción bastante elaborada de dos conchas, una azul y otra roja, que en conjunto creaban un chorro de agua caliente, casi hirviendo incluso, y que servía para preparar café. El café que tenían en Skypiea era bastante diferente al de tierra firme. Para empezar los granos de café eran mucho más oscuros y en consecuencia, el color del café resultado de molerlos y aplicarles agua caliente era muy similar al del carbón. Las ligeras tonalidades marrones de una buena taza de café del mundo terrestre habían desaparecido por completo. Era como sostener una taza de alquitrán. Al probarlo, Don Bambú pudo constatar que el color no era la única diferencia. El café de Skypiea era mucho más fuerte por naturaleza. Quizás tuviera esto que ver con que las plantas que se cultivaban en esta tierra celeste recibieran una mayor cantidad de luz solar todo el tiempo. No había casi nubes en el cielo, porque las nubes que había allí estaban a nivel de suelo, eran sólidas y hasta se podían pisar. Una tierra tan curiosa y llena de misterios atraía la atención del panda. Le hubiera gustado quedarse a vivir allí, pero él sabía de sobra que no iba a ser para siempre. Tenía que irse. Volver a tierra firme y seguir con su vida. Quizás con Garnet y con Sasha esto fuera posible. Quizás el Ejército Revolucionario tuviera todavía algún plan para Bambú...
El súbito sonido de varios diales de llamas encendiéndose al mismo tiempo alertó al panda de que alguien había encendido la ducha. Verdaderamente aquella era una tierra de maravillas. —Uno menos oliendo a mierda. Menos mal. —Satisfecho con la vida en aquel momento, Don Bambú dio un sorbito a su alquitrán. No sabía tan mal como pudiera parecer, pero era extremadamente fuerte y tenía la sensación de que si le intentaba añadir leche ni siquiera se mezclarían.
El súbito sonido de varios diales de llamas encendiéndose al mismo tiempo alertó al panda de que alguien había encendido la ducha. Verdaderamente aquella era una tierra de maravillas. —Uno menos oliendo a mierda. Menos mal. —Satisfecho con la vida en aquel momento, Don Bambú dio un sorbito a su alquitrán. No sabía tan mal como pudiera parecer, pero era extremadamente fuerte y tenía la sensación de que si le intentaba añadir leche ni siquiera se mezclarían.
