28-01-2025, 11:16 PM
(Última modificación: 28-01-2025, 11:19 PM por Max D. Bambú.)
Seis días habían pasado desde aquel épico enfrentamiento entre dos amigos que ahora eran enemigos. Cuando Don Bambú salió del subsuelo en pleno apogeo de la pelea, Kovashi había orquestado un despliegue cúbico de proporciones bíblicas como despedida de una contienda a medio terminar. Fue incapaz de seguirle el paso, ya fuera por una repentina debilidad o por los ardides cúbicos de su oponente. Don Bambú intentó correr detrás de él. Todavía tenía fuerzas para el combate. Todavía tenía fuerzas para enfrentarse a él y derrotarlo de una vez por todas. Quizás hasta haciéndole entrar en razón a base de golpes. Sin embargo, su amigo se desvaneció. Se perdió entre grandes muchedumbres y burbujas de resina y ni siquiera su haki fue capaz de detectarlo. Por supuesto, Don Bambú no se rindió ahí. Regresó con sus camaradas revolucionarios sólo para encontrarse con el cerdo gigante en el barco, como si esperase, y a sus compañeros desaparecidos. Parecía ser que Kisuke le había dicho a aquel bicho gigante que esperase a que Don Bambú llegase en el barco. Sin explayarse demasiado en su historia, le intentó explicar a aquel cerdo gigante que tenía que irse inmediatamente. Que había visto a un viejo amigo y que necesitaba encontrarlo a toda costa antes de que se marchase, pero que si fracasaba volvería pronto.
Y así emprendió su pequeña aventura Don Bambú. Aventura que le llevó por las zonas sin ley de aquel archipiélago de manglares infinitos. Exploró superficialmente terrenos llenos de actividad comercial ilegal, casas de apuestas y negocios de alterne tales como prostíbulos y bares para piratas. En todos los manglares que veía detectaba una o dos presencias interesantes, pero tenía tan reciente el aura de Kovashi que se sentía capaz de discernirla incluso en las grandes multitudes. Su búsqueda, intermitente en su naturaleza, todo sea dicho, le llevó inevitablemente a los manglares dedicados al tránsito naval, donde Kovashi seguramente hubiera buscado algún navío que le sacase de aquella isla antes de que cualquier acontecimiento de carácter catastrófico tuviera lugar. Explorando el puerto con su Kenbunshoku activado identificó, como siempre, un par de auras interesantes, pero la del samurái no parecía estar por ningún lado. —Ha debido de largarse ya de la isla... Maldito imbécil. —Escupió al suelo con resignación. —Será mejor que vuelva. Esta locura ha durado demasiado... pero qué sed. —Se encontró con ganas de tomarse una cerveza de tamaño Gran Mink para ahogar su sed y sus penas. Llevado de la mano por el destino, Don Bambú se acercó a un estrafalario local con gigantescas letras de neón rosa con un muy discreto y poco luminoso subtítulo.
Y así emprendió su pequeña aventura Don Bambú. Aventura que le llevó por las zonas sin ley de aquel archipiélago de manglares infinitos. Exploró superficialmente terrenos llenos de actividad comercial ilegal, casas de apuestas y negocios de alterne tales como prostíbulos y bares para piratas. En todos los manglares que veía detectaba una o dos presencias interesantes, pero tenía tan reciente el aura de Kovashi que se sentía capaz de discernirla incluso en las grandes multitudes. Su búsqueda, intermitente en su naturaleza, todo sea dicho, le llevó inevitablemente a los manglares dedicados al tránsito naval, donde Kovashi seguramente hubiera buscado algún navío que le sacase de aquella isla antes de que cualquier acontecimiento de carácter catastrófico tuviera lugar. Explorando el puerto con su Kenbunshoku activado identificó, como siempre, un par de auras interesantes, pero la del samurái no parecía estar por ningún lado. —Ha debido de largarse ya de la isla... Maldito imbécil. —Escupió al suelo con resignación. —Será mejor que vuelva. Esta locura ha durado demasiado... pero qué sed. —Se encontró con ganas de tomarse una cerveza de tamaño Gran Mink para ahogar su sed y sus penas. Llevado de la mano por el destino, Don Bambú se acercó a un estrafalario local con gigantescas letras de neón rosa con un muy discreto y poco luminoso subtítulo.
SaBARody
Para manglarse una buena cogorza
Para manglarse una buena cogorza
Don Bambú decidió que un sitio tan decadente como aquel encajaba a la perfección con su desasosiego, de modo que sin pensarlo dos veces se acercó a la puerta. Fue al poner la mano sobre la madera vieja de la misma cuando notó una presencia extremadamente familiar dentro de aquel bar. No era la de Kovashi, porque se habría dado cuenta la instante. Era de un color rojo granate extremadamente ruidoso. Sin duda, un aura inconfundible. Con una ligera sensación de ansiedad, Don Bambú abrió de golpe la puerta, atrayendo la atención una vez más de todos los parroquianos que allí estaban rezándole a San Arnulfo de Metz. Instantáneamente Don Bambú ubicó al origen de aquella aura tan conocida. —¡OE GARNET! —Con su corazón acelerado por la alegría de aquella sorpresa, Don Bambú obvió toda precaución por el sigilo y se acercó a zancadas hacia su viejo amigo. —¡Por fin volvemos a vernos! —Y sin pensarlo dos veces le dio un abrazo a su semidesnudo hermano de otra madre. ¿Por qué iba siempre en tanga aquel degenerado?
Haki y gastos
