29-01-2025, 01:47 PM
(Última modificación: 29-01-2025, 01:48 PM por Max D. Bambú.)
Don Bambú apretó a su viejo amigo entre sus brazos, alegre por haberse reencontrado con alguien no hostil de su pasado y que además se alegraba igualmente de volver a verle. —Estás fuerte cabrón HONHONHONHON —Don Bambú reía a viva voz, ignorando por completo a los clientes del local, que sin duda estarían comentando un par de cosas pero que en última instancia no llevarían a nada. ¿Qué podían tener de importante un panda gigante y su amigo en tanga de leopardo? Más bien parecían dos personas completamente dementes. Individuos circenses reencontrados en plena taberna de Sabaody. Animado por las circunstancias, Don Bambú se sentó al lado de Garnet todavía con su brazo derecho sobre el hombro izquierdo de su amigo. —Percibí tu aura según me acercaba a este local. Eres muy fácilmente reconocible honhonhon. — Dejó que Garnet se encargase de pedir las bebidas y le miró fijamente a los ojos, analizando qué había sido de su compañero. Se había echado una buena barba que no recordaba en Skypiea, aunque quizás sencillamente se hubiera olvidado. No pudo evitar preguntarse dónde estaban Sasha y Tobías, sus compañeros que había conocido en le trayecto a la civilización perdida de Shandora. Recibió con modestia el cumplido de su amigo. ¿Fuerte él? Garnet tendría que mirarse en el espejo más a menudo. —Tú sí que te has vuelto fuerte. Ya no eres el mismo que eras en Cabos Gemelos, viejo amigo. Lo cierto es que en una situación de peligro mortal como aquella el que tendría que proteger al otro serías tú, honhonhonhon. —Y era así. El aura de Garnet denotaba un poder enorme, al mismo nivel incluso que el de Sohem cuando se encontraron en Isla Chisi. ¿Qué clase de entrenamiento había seguido? ¿Y qué clase de vivencias le habían impulsado a llegar tan lejos? Eran incógnitas que tal vez se respondiesen esa misma tarde entre jarras.
Garnet le recordó en broma a Don Bambú que había desaparecido sin decir nada. Un rubor sido visible en su rostro si no estuviera recubierto de pelaje. —Lo siento, Garnet. Recibí una llamada del deber. —Seguro que él lo entendía. No podía decir de quién era la llamada en voz alta, pues en ese aspecto sí que tenía que ser precavido. Agarró su vaso y lo chocó con el de su peliverde amigo. Dio un trago largo al néctar que albergaba y suspiró aliviado. Su brazo abandonó el hombro de Garnet para apoyarse en la barra. —Me han pasado muchas cosas. Me reuní con los míos en una isla donde tenemos una base. —Esto último lo dijo en voz muy baja. —Y después procedimos con una nueva misión a Isla Chisi. Allí nos encontramos a Sohem y a ese espadachín que le acompañaba en Skypiea, el de pelo blanco. —Frunció un poco el ceño ante aquel recuerdo tan amargo. —Menuda paliza nos dieron. Secuestraron a un camarada y lo entregaron a la marina. La que tuvimos que liar para rescatarlo no tuvo nombre... Y poco después acabamos aquí, en Sabaody. ¿Qué casualidad, no? Siempre nos encontramos en los grandes acontecimientos y estoy seguro de que aquí acontecerán cosas que ni siquiera imaginamos. —Dio otro trago a su bebida. Empezaba a notar el calor reconfortante del alcohol en su cuerpo. —Pero sin duda lo más importante que me ha ocurrido ha sido hace seis días. Hace seis días, en el manglar en el que desembarcamos con nuestro navío, vi a Kovashi. —Esta revelación sin duda sacudiría el mundo de Garnet. Él conocía de sobra quién era. —Pensé que había muerto en Little Garden, pero ahí estaba. Era real, pero llevaba capucha y no dejaba que me acercase demasiado. Tuve que seguirle. Y le seguí. Le seguí hasta el manglar 18, donde finalmente tuvo a bien pararse para hablarme. Y lo que me dijo nunca lo verías venir. —Con un semblante muy serio, Don Bambú recordó el enorme discurso que el peliblanco le soltó. Sería incapaz de reproducirlo con el mismo efecto, de modo que se vio obligado a resumirlo. —Me dijo que me culpaba de todo lo que había ocurrido y que se iba a cobrar mi vida. Peleamos. Evidentemente no me mató, pero yo tampoco logré incapacitarle. Hasta hace quince minutos le estaba buscando por todos los manglares con astilleros, pero se ha esfumado... —Se terminó su vaso de un trago, adelantándolo en la barra para que volviese a llenarse por arte de magia. —Así que ya ves. Así me va. ¡Pero sigo vivo y mejor que nunca ahora que te tengo a mi lado! ¿Y qué es de ti? ¿Has vivido muchas aventuras con Sasha y Tobías? —Se moría de ganas por saber qué tal le había ido a su compañero. Su vaso ya se estaba llenando de nuevo. ¿Sabría volver después al manglar 13 con sus camaradas?
Garnet le recordó en broma a Don Bambú que había desaparecido sin decir nada. Un rubor sido visible en su rostro si no estuviera recubierto de pelaje. —Lo siento, Garnet. Recibí una llamada del deber. —Seguro que él lo entendía. No podía decir de quién era la llamada en voz alta, pues en ese aspecto sí que tenía que ser precavido. Agarró su vaso y lo chocó con el de su peliverde amigo. Dio un trago largo al néctar que albergaba y suspiró aliviado. Su brazo abandonó el hombro de Garnet para apoyarse en la barra. —Me han pasado muchas cosas. Me reuní con los míos en una isla donde tenemos una base. —Esto último lo dijo en voz muy baja. —Y después procedimos con una nueva misión a Isla Chisi. Allí nos encontramos a Sohem y a ese espadachín que le acompañaba en Skypiea, el de pelo blanco. —Frunció un poco el ceño ante aquel recuerdo tan amargo. —Menuda paliza nos dieron. Secuestraron a un camarada y lo entregaron a la marina. La que tuvimos que liar para rescatarlo no tuvo nombre... Y poco después acabamos aquí, en Sabaody. ¿Qué casualidad, no? Siempre nos encontramos en los grandes acontecimientos y estoy seguro de que aquí acontecerán cosas que ni siquiera imaginamos. —Dio otro trago a su bebida. Empezaba a notar el calor reconfortante del alcohol en su cuerpo. —Pero sin duda lo más importante que me ha ocurrido ha sido hace seis días. Hace seis días, en el manglar en el que desembarcamos con nuestro navío, vi a Kovashi. —Esta revelación sin duda sacudiría el mundo de Garnet. Él conocía de sobra quién era. —Pensé que había muerto en Little Garden, pero ahí estaba. Era real, pero llevaba capucha y no dejaba que me acercase demasiado. Tuve que seguirle. Y le seguí. Le seguí hasta el manglar 18, donde finalmente tuvo a bien pararse para hablarme. Y lo que me dijo nunca lo verías venir. —Con un semblante muy serio, Don Bambú recordó el enorme discurso que el peliblanco le soltó. Sería incapaz de reproducirlo con el mismo efecto, de modo que se vio obligado a resumirlo. —Me dijo que me culpaba de todo lo que había ocurrido y que se iba a cobrar mi vida. Peleamos. Evidentemente no me mató, pero yo tampoco logré incapacitarle. Hasta hace quince minutos le estaba buscando por todos los manglares con astilleros, pero se ha esfumado... —Se terminó su vaso de un trago, adelantándolo en la barra para que volviese a llenarse por arte de magia. —Así que ya ves. Así me va. ¡Pero sigo vivo y mejor que nunca ahora que te tengo a mi lado! ¿Y qué es de ti? ¿Has vivido muchas aventuras con Sasha y Tobías? —Se moría de ganas por saber qué tal le había ido a su compañero. Su vaso ya se estaba llenando de nuevo. ¿Sabría volver después al manglar 13 con sus camaradas?
Haki y gastos
