29-01-2025, 10:17 PM
Repasé vertiginosamente los planes tal y como se habían ido sucediendo en mi cabeza, habían ido fallando uno tras otro y llegados a este punto tocaba improvisar. Tú, lector, en algún momento te darías cuenta, pero odio improvisar.
Plan A: Atraer a los tres piratas al bar, emborracharles tras el espectáculo y apresarles tranquilamente.
Demasiado básico, jamás habría funcionado, pero nos haríamos una mejor idea de a qué nos enfrentábamos y el carácter de nuestros objetivos. De todos modos, la probabilidad de éxito sólo es cero si no lo intentas. Lo que debí anticipar era el terrible aguante al alcohol de Charel... Aunque yo no soy nadie para hablar, claro.
Plan B: Acabar con uno de ellos antes de que estuviesen alerta, mermado el número de refuerzos enemigos tendríamos la igualdad numérica hasta que el ruido atrajese a Pralder, donde tendríamos ventaja.
Este plan era una buena baza, Charel y yo podríamos haber lidiado con el cabecilla y uno de sus matones, mantener las cosas igualadas. Entonces Pralder, con su imponente tamaño y hacha habría provocado un efecto cascada en la moral de los piratas, todo debido al desequilibrio que su mera presencia dejaba patente. No es que esperase una rendición inmediata, claro, pero la capacidad de lucha mermaría y tendríamos la ventaja. Ahora quedaba descartado, debido a la presencia inesperada de la marina y los gritos de alerta que yo mismo había proferido para evitar un problema mayor. Charel también estaba fuera de combate, de todos modos, la ventaja numérica no existía.
— Plan D, No se puede hacer nada... ¿No? — Susurré, destrucción tendría que ser. Era consciente de haberme saltado una letra. — Cascascasca, no llegaremos a eso, como mucho Espadas será suficiente.
Tres balas preparadas. Una en la recámara, las otras dos en mi boca, un poco más de fuerza de la debida y saldría por los aires. Al final del día me preguntaría quién era el verdadero monstruo, pero en ese momento mi presa y mi compañera eran todo lo que importaban. Apunté al escenario, el lugar perfecto, vacío y en el extremo opuesto a la entrada. El disparo fue suave y, en una fracción de segundo, la primera bala explosiva lo había hecho estallar en llamas.
Un breve momento de shock, nadie esperaba algo así tan de repente. Mientras los piratas se ponían en pie, olvidándose de la chica sobre la barra, introduje la segunda bala en el cargador.
La mujer menudo y sus empleados se habían agachado en una esquina. Los ojos de esa señora mostraban ira, sus puños cerrados la responsabilidad de proteger a los suyos. La inmensa muchedumbre que había acogido "El vigía" ahora corría hacia la puerta, derribando mesas, sillas e incluso personas en su marcha hacia la única entrada, que sería mi cuello de botella perfecto. Charel había sido una de esas personas en caer, ahora en posición fetal en el suelo. Eso estaba bien, sería más fácil resistir lo que vendría después.
La segunda bala, viajaba hacia la nuca de uno de los subordinados de Raik, que examinaba el lugar de la explosión con las manos en la empuñadura de su espada. "No me des la espalda, es de mala educación", recuerdo haber pensado al tiempo que caía sobre una mesa, bañándola del mismo rojo que los ojos de su cazador.
Por último, la tercera bala entro en el cargador con precisión. El cerrojo hizo su característico "sssh-clack" al mismo tiempo que el gatillo era presionado. El objetivo fijaba la barra, bajo la cuál habían estado sacando licor toda la mañana, los barriles estaban allí. Sólo hacía falta una chispa. Alguien saldría de allí con algunas quemaduras preocupantes, pero sobrevivirían.
Un parpadeo y un impacto. Una chispa y una explosión atroz. Vi a Charel salir disparada a una esquina del establecimiento y las ventanas estallar en miles de pedazos. "¡Mierda, la presión!" Todo el calor había subido directamente al tragaluz en el que me encontraba y me había obligado a saltar por reflejo, justo antes de que la diferencia de presión reventase la zona en la que me encontraba, dejándome en el aire al descubierto.
"¡¿Dónde?!" — Pensé — "¿Dónde están?"
Plan A: Atraer a los tres piratas al bar, emborracharles tras el espectáculo y apresarles tranquilamente.
Demasiado básico, jamás habría funcionado, pero nos haríamos una mejor idea de a qué nos enfrentábamos y el carácter de nuestros objetivos. De todos modos, la probabilidad de éxito sólo es cero si no lo intentas. Lo que debí anticipar era el terrible aguante al alcohol de Charel... Aunque yo no soy nadie para hablar, claro.
Plan B: Acabar con uno de ellos antes de que estuviesen alerta, mermado el número de refuerzos enemigos tendríamos la igualdad numérica hasta que el ruido atrajese a Pralder, donde tendríamos ventaja.
Este plan era una buena baza, Charel y yo podríamos haber lidiado con el cabecilla y uno de sus matones, mantener las cosas igualadas. Entonces Pralder, con su imponente tamaño y hacha habría provocado un efecto cascada en la moral de los piratas, todo debido al desequilibrio que su mera presencia dejaba patente. No es que esperase una rendición inmediata, claro, pero la capacidad de lucha mermaría y tendríamos la ventaja. Ahora quedaba descartado, debido a la presencia inesperada de la marina y los gritos de alerta que yo mismo había proferido para evitar un problema mayor. Charel también estaba fuera de combate, de todos modos, la ventaja numérica no existía.
— Plan D, No se puede hacer nada... ¿No? — Susurré, destrucción tendría que ser. Era consciente de haberme saltado una letra. — Cascascasca, no llegaremos a eso, como mucho Espadas será suficiente.
Tres balas preparadas. Una en la recámara, las otras dos en mi boca, un poco más de fuerza de la debida y saldría por los aires. Al final del día me preguntaría quién era el verdadero monstruo, pero en ese momento mi presa y mi compañera eran todo lo que importaban. Apunté al escenario, el lugar perfecto, vacío y en el extremo opuesto a la entrada. El disparo fue suave y, en una fracción de segundo, la primera bala explosiva lo había hecho estallar en llamas.
Un breve momento de shock, nadie esperaba algo así tan de repente. Mientras los piratas se ponían en pie, olvidándose de la chica sobre la barra, introduje la segunda bala en el cargador.
La mujer menudo y sus empleados se habían agachado en una esquina. Los ojos de esa señora mostraban ira, sus puños cerrados la responsabilidad de proteger a los suyos. La inmensa muchedumbre que había acogido "El vigía" ahora corría hacia la puerta, derribando mesas, sillas e incluso personas en su marcha hacia la única entrada, que sería mi cuello de botella perfecto. Charel había sido una de esas personas en caer, ahora en posición fetal en el suelo. Eso estaba bien, sería más fácil resistir lo que vendría después.
La segunda bala, viajaba hacia la nuca de uno de los subordinados de Raik, que examinaba el lugar de la explosión con las manos en la empuñadura de su espada. "No me des la espalda, es de mala educación", recuerdo haber pensado al tiempo que caía sobre una mesa, bañándola del mismo rojo que los ojos de su cazador.
Por último, la tercera bala entro en el cargador con precisión. El cerrojo hizo su característico "sssh-clack" al mismo tiempo que el gatillo era presionado. El objetivo fijaba la barra, bajo la cuál habían estado sacando licor toda la mañana, los barriles estaban allí. Sólo hacía falta una chispa. Alguien saldría de allí con algunas quemaduras preocupantes, pero sobrevivirían.
Un parpadeo y un impacto. Una chispa y una explosión atroz. Vi a Charel salir disparada a una esquina del establecimiento y las ventanas estallar en miles de pedazos. "¡Mierda, la presión!" Todo el calor había subido directamente al tragaluz en el que me encontraba y me había obligado a saltar por reflejo, justo antes de que la diferencia de presión reventase la zona en la que me encontraba, dejándome en el aire al descubierto.
"¡¿Dónde?!" — Pensé — "¿Dónde están?"
