31-01-2025, 03:25 PM
Día 92 de otoño
Manglar número 13, Saint Fermín.
Mi viaje onírico por alguna razón me llevaba a los sitios más variopintos, desde fornidos hombres capaces de hacer explotar un cinturón de cuero con sus propios bíceps hasta contemplar las jugarretas más viles del destino al hacer que un hijo matase a su padre por intentar pasar por el mismo camino, de donde venían esas ideas era todo un misterio para el mestizo, pero ahí estaban.
Está vez sin embargo era de mis favoritos, estaba sobre una larga escalera que se bifurcaba, en el lado derecho me encontraba yo, vestido como todo un caballero con un traje de color azul y en la bifurcación de la izquierda estaba ella, pálida como la luna llena con sus labios pitados de negro, portando un vestido amarillo que contrastaba con su blanquecino ser, ambos bajamos lentamente hasta encontrarnos a los pies de la escalera, teniendo la inmensidad del salón para ambos, mientras admiraba el bello rostro de Maeve comenzó a sonar música, mi mano derecha se alzo pidiendo la suya y esta concediendome el baile.
Danzamos dando vueltas, podía ver a Kisuke y Panda a lo lejos, aunque por alguna razón eran un reloj y un candelabro, cosas de los sueños supongo, Maeve al notar que miraba hacia otro lado agarró mi rostro y lo giró hacia ella, reclamando mi atención como su propiedad, me besó un beso que hizo tiritar cada parte de mi cuerpo y al separarse habló en voz baja.
"Me ha gustado verte otra vez, te estaré esperando Zorak."
Todo comenzó a volverse negro y por fin desperté de mi letargo, me dolía horrores el cuerpo al incorporarme, pero lo peor era que no podía ver nada por el ojo izquierdo, agarré el espejo de mano que había en la mesita de noche de Kisuke y cuando vi mi reflejos me quedé mudo, una cicatriz nacía en mi pómulo izquierdo y cruzaba todo mi ojo izquierdo en diagonal, pasando por la nariz y muriendo sobre el comienzo de mi ceja derecha, podía notar la misma sin verla, así que quité el vendaje del mismo para comprobar el daño. Mi ojo se había perdido, estaba tuerto. No recordaba bien que había pasado y el shock me llevo a tumbarme mirando al techo del camarote, busque el mechón de pelo de Maeve en el bolsillo izquierdo y lo acaricié mientras me maldecía por haber perdido uno de los ojos que tanto le gustaban a mi mujer, debía recordar que pasó, quien fue el causante de esto para poder aplicar el ojo por ojo, nunca mejor dicho.
"Kisuke! Max! Alguien a bordo?!"
Me moría de hambre, tenía una sed bestial y encima no encontraba el tabaco, esperaba que alguno de mis compañeros pudiera explicarme que coño me había pasado.
Manglar número 13, Saint Fermín.
Mi viaje onírico por alguna razón me llevaba a los sitios más variopintos, desde fornidos hombres capaces de hacer explotar un cinturón de cuero con sus propios bíceps hasta contemplar las jugarretas más viles del destino al hacer que un hijo matase a su padre por intentar pasar por el mismo camino, de donde venían esas ideas era todo un misterio para el mestizo, pero ahí estaban.
Está vez sin embargo era de mis favoritos, estaba sobre una larga escalera que se bifurcaba, en el lado derecho me encontraba yo, vestido como todo un caballero con un traje de color azul y en la bifurcación de la izquierda estaba ella, pálida como la luna llena con sus labios pitados de negro, portando un vestido amarillo que contrastaba con su blanquecino ser, ambos bajamos lentamente hasta encontrarnos a los pies de la escalera, teniendo la inmensidad del salón para ambos, mientras admiraba el bello rostro de Maeve comenzó a sonar música, mi mano derecha se alzo pidiendo la suya y esta concediendome el baile.
Danzamos dando vueltas, podía ver a Kisuke y Panda a lo lejos, aunque por alguna razón eran un reloj y un candelabro, cosas de los sueños supongo, Maeve al notar que miraba hacia otro lado agarró mi rostro y lo giró hacia ella, reclamando mi atención como su propiedad, me besó un beso que hizo tiritar cada parte de mi cuerpo y al separarse habló en voz baja.
"Me ha gustado verte otra vez, te estaré esperando Zorak."
Todo comenzó a volverse negro y por fin desperté de mi letargo, me dolía horrores el cuerpo al incorporarme, pero lo peor era que no podía ver nada por el ojo izquierdo, agarré el espejo de mano que había en la mesita de noche de Kisuke y cuando vi mi reflejos me quedé mudo, una cicatriz nacía en mi pómulo izquierdo y cruzaba todo mi ojo izquierdo en diagonal, pasando por la nariz y muriendo sobre el comienzo de mi ceja derecha, podía notar la misma sin verla, así que quité el vendaje del mismo para comprobar el daño. Mi ojo se había perdido, estaba tuerto. No recordaba bien que había pasado y el shock me llevo a tumbarme mirando al techo del camarote, busque el mechón de pelo de Maeve en el bolsillo izquierdo y lo acaricié mientras me maldecía por haber perdido uno de los ojos que tanto le gustaban a mi mujer, debía recordar que pasó, quien fue el causante de esto para poder aplicar el ojo por ojo, nunca mejor dicho.
"Kisuke! Max! Alguien a bordo?!"
Me moría de hambre, tenía una sed bestial y encima no encontraba el tabaco, esperaba que alguno de mis compañeros pudiera explicarme que coño me había pasado.
