31-01-2025, 05:58 PM
(Última modificación: 31-01-2025, 06:55 PM por Casca Belles.)
La arena se hunde apenas bajo mis botas, pero no lo suficiente como para hacerme sentir que dejo huella. El sol cae oblicuo sobre la playa, tiñendo el agua de un tono anaranjado que no me dice nada. La brisa salada me golpea la cara, pero no despierta nada en mí. Ni incomodidad, ni calma, ni siquiera una vaga nostalgia.
—Así que esto es sobre lo que estabais tan pesados... —digo, señalando el barco varado a pocos metros de la orilla, su casco oscurecido por la marea, los mástiles erguidos como huesos de un animal muerto. Hace algún tiempo debió ser un barco magnífico, ahora no era más que una sombra, un eco del inexorable paso del tiempo.
Escucho sus voces, sé que esperan una reacción, pero todo lo que hago es encender un cigarro y dejar que el humo me llene la boca antes de soltarlo en una exhalación lenta. Hace calor. O tal vez no. No lo sé, hace unos días me comí algo un poco extraño y desde entonces me siento raro... "¿O quizá aún tengo a Folk en la cabeza? Pero eso no es el estómago, que cosa más rara".
No recuerdo cuándo exactamente comenzaron a insistir en esto. Quizá fue después de la primera ronda de tragos, en esa taberna donde la madera olía a humedad y a historias repetidas. O quizás fue antes, cuando aún tenía la sangre de Folk en las botas y Pralder decidió que un cambio de escenario me haría bien. Lo disfrazaron bien, con palabras como “aventura” y “descubrimiento”, pero no hacía falta ser un genio para ver la verdad. Quieren distraerme. Sacarme de Akarui antes de que termine de hundirme en mí mismo.
Y aquí estoy. No porque me convencieran, sino porque me daba igual, sólo me quedaban ellos, así que me aferraría con uñas y dientes si hacía falta.
El barco nos espera, inerte. No hay velas ondeando, ni voces en la cubierta. Ningún farol encendido. Nadie. Es la perfecta definición de un barco fantasma.
—Comentaban que la gente no volvía de esa cosa, ¿no? — dije, — Entonces supongo que puede haber algo interesante todavía dentro... — suspiro, — Entonces no se puede hacer nada...
Mido a ojo la altura del barco desde una roca un poco elevada. — Calculo que con esa inclinación... Serán unos 18 metros. Debería ser fácil subir, os espero arriba — y con esas palabras, salto.
Subir no es difícil. Tener alas y un cuerpo ligero hace el trabajo bastante sencillo, la verdad. De todos modos, tampoco ha sido tan holgado como esperaba. Alcanzo un trozo de baranda con la punta de los dedos y presiono el cuerpo contra el perfil del barco. Un último impulso hacia delante y ya he llegado.
Una vez en la cubierta, el silencio pesa más que el mar. El aire huele a madera húmeda, a cuerda vieja, a algo que se ha quedado quieto demasiado tiempo. Es un barco grande, pero sin alma. Mis pasos resuenan en la madera con un eco hueco.
No hay señales de lucha. No hay cuerpos, ni sangre, ni restos de una tormenta que lo haya dejado a la deriva. Solo está aquí, como si hubiera sido dejado atrás sin más. Por un segundo empatizo con este viejo cascarón de madera y moho. Me paso una mano por la nuca, sintiendo la piel caliente por el sol. No digo nada. No hay nada que decir.
—Vamos a ver... Deberíamos revisarlo todo antes de decidir qué hacer —murmuro al fin, casi como si hablara para mí mismo. Podría ser porque principalmente, lo hago, desde abajo no pueden escucharme.
Compruebo alrededor y hecho una mano al Long-Range Choice. En un abrir y cerrar de ojos ya ha sido desenfundado y apoyado de modo que el cañón se apoya en el suelo y cargo mi peso con las dos manos en la culata.
—Así que esto es sobre lo que estabais tan pesados... —digo, señalando el barco varado a pocos metros de la orilla, su casco oscurecido por la marea, los mástiles erguidos como huesos de un animal muerto. Hace algún tiempo debió ser un barco magnífico, ahora no era más que una sombra, un eco del inexorable paso del tiempo.
Escucho sus voces, sé que esperan una reacción, pero todo lo que hago es encender un cigarro y dejar que el humo me llene la boca antes de soltarlo en una exhalación lenta. Hace calor. O tal vez no. No lo sé, hace unos días me comí algo un poco extraño y desde entonces me siento raro... "¿O quizá aún tengo a Folk en la cabeza? Pero eso no es el estómago, que cosa más rara".
No recuerdo cuándo exactamente comenzaron a insistir en esto. Quizá fue después de la primera ronda de tragos, en esa taberna donde la madera olía a humedad y a historias repetidas. O quizás fue antes, cuando aún tenía la sangre de Folk en las botas y Pralder decidió que un cambio de escenario me haría bien. Lo disfrazaron bien, con palabras como “aventura” y “descubrimiento”, pero no hacía falta ser un genio para ver la verdad. Quieren distraerme. Sacarme de Akarui antes de que termine de hundirme en mí mismo.
Y aquí estoy. No porque me convencieran, sino porque me daba igual, sólo me quedaban ellos, así que me aferraría con uñas y dientes si hacía falta.
El barco nos espera, inerte. No hay velas ondeando, ni voces en la cubierta. Ningún farol encendido. Nadie. Es la perfecta definición de un barco fantasma.
—Comentaban que la gente no volvía de esa cosa, ¿no? — dije, — Entonces supongo que puede haber algo interesante todavía dentro... — suspiro, — Entonces no se puede hacer nada...
Mido a ojo la altura del barco desde una roca un poco elevada. — Calculo que con esa inclinación... Serán unos 18 metros. Debería ser fácil subir, os espero arriba — y con esas palabras, salto.
Subir no es difícil. Tener alas y un cuerpo ligero hace el trabajo bastante sencillo, la verdad. De todos modos, tampoco ha sido tan holgado como esperaba. Alcanzo un trozo de baranda con la punta de los dedos y presiono el cuerpo contra el perfil del barco. Un último impulso hacia delante y ya he llegado.
Una vez en la cubierta, el silencio pesa más que el mar. El aire huele a madera húmeda, a cuerda vieja, a algo que se ha quedado quieto demasiado tiempo. Es un barco grande, pero sin alma. Mis pasos resuenan en la madera con un eco hueco.
No hay señales de lucha. No hay cuerpos, ni sangre, ni restos de una tormenta que lo haya dejado a la deriva. Solo está aquí, como si hubiera sido dejado atrás sin más. Por un segundo empatizo con este viejo cascarón de madera y moho. Me paso una mano por la nuca, sintiendo la piel caliente por el sol. No digo nada. No hay nada que decir.
—Vamos a ver... Deberíamos revisarlo todo antes de decidir qué hacer —murmuro al fin, casi como si hablara para mí mismo. Podría ser porque principalmente, lo hago, desde abajo no pueden escucharme.
Compruebo alrededor y hecho una mano al Long-Range Choice. En un abrir y cerrar de ojos ya ha sido desenfundado y apoyado de modo que el cañón se apoya en el suelo y cargo mi peso con las dos manos en la culata.
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