01-02-2025, 08:02 PM
Sorpendido, Kisuke escuchó las palabras del gigantesco mink cerdo, conmovido en cierta medida de que se culpase del estado de Zorak. Como cabía esperar, Zorak le pidió llevarle hacia donde estaba el enorme marrano para hablar con él. Kisuke dudó por un instante, su recién adquirido poder de fruta del diablo podía ser un impedimento para cosas como aquella, pero rápidamente recordó que su amigo era capaz de utilizar el Busoshoku haki, por lo que acercándose a él para que se apoyase en su enorme corpachón, le advirtió.
-Mientras tú estabas de juerga me comí una akuma no mi, que resultó ser del tipo logia. Necesito que actives tu haki para poder llevarte, hermano. Luego te doy más detalles.
Y sujetando a su amigo, ambos se encaminaron lentamente a salir del barco e ir donde estaba Comilón McBacon. El gran mink estaba, aún, después de los casi diez minutos que tardaron en llegar hasta donde se encontraba, haciendo una reverencia de disculpa. Zorak tuvo unas palabras con él, acordes a su posición y le invitó formalmente a unirse a los revolucionarios, si estaba dispuesto a dar su vida, de ser necesario, por la causa. Kisuke vio preocupado que su compañero seguía con algo de hemorragia interna, pero ahora que estaba consciente, suponía que él mismo podría tratarse. El mestizo era perfectamente consciente de su propio estado y miró al antiguo pescador, pidiéndole que le llevase dentro para poder hablar.
-Claro, no te preocupes. Te contaré todo lo que quieras saber.
Se giró un momento hacia el marrano antes de emprender la marcha hacia el barco, para invitarle a que escuchase la conversación aunque fuese a través de la ventana del camarote de los dos revolucionarios e intervenir en lo que creyese conveniente que podía aportar el enorme mink.
-Míster Panceta, si quieres puedes unirte a la conversación, no hace falta que te invite y tampoco vamos a hablar de nada secreto. Es importante que vayas acostumbrándote a estas cosas.
Y sin más dilación, se encaminó con calma hacia el barco de nuevo, llevando a su amigo que estaba apoyado en él y el propio Kisuke le tenía sujeto de la camisa, agarrándolo de la mitad de la espalda, por si le fallaban las piernas al mestizo tras tantas semanas inconsciente. Entraron de nuevo al camarote y le ayudó a tenderse en la cama. Se asomó a la ventana llamando de nuevo a Comilón para que estuviese lo más cerca posible y no se perdiese nada de la conversación y volvió a los pies de la cama donde situó un taburete y se sentó con toda la calma del mundo, encendiéndose un pitillo. Le ofreció a Zorak un cigarro, y mirándole tranquilamente le dijo:
-¿Qué es lo que quiere saber, Mariscal?
-Mientras tú estabas de juerga me comí una akuma no mi, que resultó ser del tipo logia. Necesito que actives tu haki para poder llevarte, hermano. Luego te doy más detalles.
Y sujetando a su amigo, ambos se encaminaron lentamente a salir del barco e ir donde estaba Comilón McBacon. El gran mink estaba, aún, después de los casi diez minutos que tardaron en llegar hasta donde se encontraba, haciendo una reverencia de disculpa. Zorak tuvo unas palabras con él, acordes a su posición y le invitó formalmente a unirse a los revolucionarios, si estaba dispuesto a dar su vida, de ser necesario, por la causa. Kisuke vio preocupado que su compañero seguía con algo de hemorragia interna, pero ahora que estaba consciente, suponía que él mismo podría tratarse. El mestizo era perfectamente consciente de su propio estado y miró al antiguo pescador, pidiéndole que le llevase dentro para poder hablar.
-Claro, no te preocupes. Te contaré todo lo que quieras saber.
Se giró un momento hacia el marrano antes de emprender la marcha hacia el barco, para invitarle a que escuchase la conversación aunque fuese a través de la ventana del camarote de los dos revolucionarios e intervenir en lo que creyese conveniente que podía aportar el enorme mink.
-Míster Panceta, si quieres puedes unirte a la conversación, no hace falta que te invite y tampoco vamos a hablar de nada secreto. Es importante que vayas acostumbrándote a estas cosas.
Y sin más dilación, se encaminó con calma hacia el barco de nuevo, llevando a su amigo que estaba apoyado en él y el propio Kisuke le tenía sujeto de la camisa, agarrándolo de la mitad de la espalda, por si le fallaban las piernas al mestizo tras tantas semanas inconsciente. Entraron de nuevo al camarote y le ayudó a tenderse en la cama. Se asomó a la ventana llamando de nuevo a Comilón para que estuviese lo más cerca posible y no se perdiese nada de la conversación y volvió a los pies de la cama donde situó un taburete y se sentó con toda la calma del mundo, encendiéndose un pitillo. Le ofreció a Zorak un cigarro, y mirándole tranquilamente le dijo:
-¿Qué es lo que quiere saber, Mariscal?
