02-02-2025, 04:01 PM
El brazo metálico rasgó el aire, avanzando con velocidad inesperada. Apenas tuve tiempo de levantar a Rimera en guardia cuando las garras chocaron contra su hoja, enviando vibraciones por todo mi cuerpo.
-Keehkekeke... Esto se va a ser enriquecedor, ¿eh? - murmuré para mí mismo y también para él, aguantando el golpe y afianzando mi posición mientras el eco del choque resonaba por la cueva.
Los siguientes movimientos fueron automáticos, guiado por los entrenamientos, desvié sin demasiada dificultad el peso de su brazo hacia el suelo haciendo que las garras se clavaran en la roca, a la vez que giraba para golpear con la punta del mango la cabeza de Moldu. Este echó su cuerpo hacia atrás, pero su brazo se quedó incrustado y no consiguió eludir el golpe por completo. La parte metálica del mango rozó su frente y raspó la piel que pronto empezó a sangrar.
Retrocedí para ganar perspectiva, balanceando a Rimera de vuelta a mi posición de guardia. Había conseguido superar el primer intercambio de golpes pese a la sorpresa inicial y mis reflejos y destreza estaban a la altura como poder seguirle el ritmo y responder. “Debería poder acabar pronto con el enfrentamiento si quisiera… pero la dificultad está en golpear de forma no letal a alguien que tiene intenciones completamente opuestas… y por otra parte ¿Qué le habrá llevado a tener esta vida? ¿Cómo había aprendido a crear ese brazo?” pensé, girando el arma para golpear con el contrafilo y la hoja con el fin de no herirle demasiado y alargar un poco el combate. Quería ponerme a prueba un poco más y estos primeros segundos me habían dado más confianza de la debida.
Moldu a seis o siete metros de distancia maldecía y forcejeaba. Tiró de una palanca y el motor interno comenzó a rugir con más fuerza. Nuevas piezas conectaron entre si y los picos que formaban la mano comenzaron a girar sobre si mismos, perforando la roca en la que estaban atrapados y liberando el brazo. Esto pintaba mal, si bloqueaba sus ataques no me quería ni imaginar lo que iba a pasar con Rimera. Debía evitar los golpes y romper ese brazo.
-¡Acojonante eh! ¡gigante pardillo…te voy a convertir en donut! - bufó Moldu, arrancando del suelo un peñasco del tamaño de un cráneo.
Antes de que pudiera reaccionar, me lo lanzó directo a la cara. Sentí el impacto en la frente y me tambaleé un segundo, justo el tiempo que necesitó para lanzarse sobre mí nuevamente. Estaba claro que no podía seguir luchando únicamente de forma limpia y con las mejores intenciones. Daban igual ahora sus posibles motivaciones y su historia, no podía permitirme dudar o no regresaría de una pieza. “Si esto va a convertirse en un trabajo, debo ser profesional”.
-Keehkekeke... Esto se va a ser enriquecedor, ¿eh? - murmuré para mí mismo y también para él, aguantando el golpe y afianzando mi posición mientras el eco del choque resonaba por la cueva.
Los siguientes movimientos fueron automáticos, guiado por los entrenamientos, desvié sin demasiada dificultad el peso de su brazo hacia el suelo haciendo que las garras se clavaran en la roca, a la vez que giraba para golpear con la punta del mango la cabeza de Moldu. Este echó su cuerpo hacia atrás, pero su brazo se quedó incrustado y no consiguió eludir el golpe por completo. La parte metálica del mango rozó su frente y raspó la piel que pronto empezó a sangrar.
Retrocedí para ganar perspectiva, balanceando a Rimera de vuelta a mi posición de guardia. Había conseguido superar el primer intercambio de golpes pese a la sorpresa inicial y mis reflejos y destreza estaban a la altura como poder seguirle el ritmo y responder. “Debería poder acabar pronto con el enfrentamiento si quisiera… pero la dificultad está en golpear de forma no letal a alguien que tiene intenciones completamente opuestas… y por otra parte ¿Qué le habrá llevado a tener esta vida? ¿Cómo había aprendido a crear ese brazo?” pensé, girando el arma para golpear con el contrafilo y la hoja con el fin de no herirle demasiado y alargar un poco el combate. Quería ponerme a prueba un poco más y estos primeros segundos me habían dado más confianza de la debida.
Moldu a seis o siete metros de distancia maldecía y forcejeaba. Tiró de una palanca y el motor interno comenzó a rugir con más fuerza. Nuevas piezas conectaron entre si y los picos que formaban la mano comenzaron a girar sobre si mismos, perforando la roca en la que estaban atrapados y liberando el brazo. Esto pintaba mal, si bloqueaba sus ataques no me quería ni imaginar lo que iba a pasar con Rimera. Debía evitar los golpes y romper ese brazo.
-¡Acojonante eh! ¡gigante pardillo…te voy a convertir en donut! - bufó Moldu, arrancando del suelo un peñasco del tamaño de un cráneo.
Antes de que pudiera reaccionar, me lo lanzó directo a la cara. Sentí el impacto en la frente y me tambaleé un segundo, justo el tiempo que necesitó para lanzarse sobre mí nuevamente. Estaba claro que no podía seguir luchando únicamente de forma limpia y con las mejores intenciones. Daban igual ahora sus posibles motivaciones y su historia, no podía permitirme dudar o no regresaría de una pieza. “Si esto va a convertirse en un trabajo, debo ser profesional”.
