Cogí del brazo al sujeto que se puso a insultar a Taka y lo saqué afuera de la taberna. Apestaba a alcohol a más no poder, incluso se meó encima de los pantalones. La imagen era bastante bochornosa y dantesca. Le grité a Vulkan que saliera afuera conmigo, pero parece ser que se quedó dentro del local por algún motivo. Era muy complicado saber que pasaba dentro desde fuera con todo el jaleo que había, aunque logré percibir un ligero ruido de golpe a una mesa. A saber, otro borracho liándola por menos de nada.
Estaba ya afuera de la taberna, saqué al borracho y lo puse delante de mí - ¿A usted le parece normal ese tipo de comportamiento, caballero? - Le dije seriamente. Instantáneamente, me interrumpió y se puso a chillar - PeeeRpp tttu qqqieeen te creess *HIP* qeu eressss pauraaa decirmeee a miijkj nadddaaa pppaqayaso - El sujeto no podía casi ni hablar, no se le entendía absolutamente nada de nada - AAA MMMIII NADIE ME DICCCEEE NAAADAAA. QUIERO CANTAR, SOY CANTANTE - Acto seguido el hombre se puso a dar voces en la calle, haciendo un triste intento de cantar algo, pero solo decía palabras sin conexión y sin sentido. Me estaba hirviendo la sangre su comportamiento. Por lo que decidí cogerle de nuevo de los dos brazos con los míos, y ponerle enfrente de mi cara, mirándonos fijamente a la cara.
- Caballero, soy un marine. Puede que no sea nadie, ni para usted, ni dentro de la Marina. Pero cuando uno de nosotros le dice que tiene que acatar una orden, tiene que hacerla, le guste o no. Y si tiene algún problema, le llevo ahora mismo al cuartel y se lo explica a los superiores - Una vez acabé de hablar, el hombre se me quedó mirando a los ojos, como con un poco de miedo. Obviamente, llevarle a un superior por esto es tontería, pero quise meterle el miedo. Cosa que no funcionó. De repente, el hombre volvió a cantar - JJUEEEEEEEEGOOO, CON MI MELOCOTONEEEEROOOOOO - Me rendí. Estaba tan cansado del día que le solté de los brazos inmediatamente - Haga lo que quiera, pero a esta taberna no entra al menos en lo que queda de noche - El hombre siguió cantando, hablando mal, le sudaba tres pares de cojones cualquier cosa. Era imposible negociar con él. Así que al menos mientras se quedase fuera, yo ya estaba satisfecho, así dejaba a la gente de dentro en paz, y fuera a lo mejor alguien se tomaría la justicia por su propia mano. Era lo mejor para el hombre cantarín. El tipo cantó y se cayó al suelo, pero él seguía feliz, como si nada.
Suspiré levemente. Me saqué un cigarro de la cajetilla de metal del bolsillo de mi camisa, y un zippo plateado con el grabado de un pulpo que usaba gasolina para encenderse. - Esperaré a que salga Vulkan - Pensé, mientras fumaba en la puerta tranquilamente, contemplando aquel hombre borracho perdido, hacer un baile raro mientras estaba tirado en el suelo.
Estaba ya afuera de la taberna, saqué al borracho y lo puse delante de mí - ¿A usted le parece normal ese tipo de comportamiento, caballero? - Le dije seriamente. Instantáneamente, me interrumpió y se puso a chillar - PeeeRpp tttu qqqieeen te creess *HIP* qeu eressss pauraaa decirmeee a miijkj nadddaaa pppaqayaso - El sujeto no podía casi ni hablar, no se le entendía absolutamente nada de nada - AAA MMMIII NADIE ME DICCCEEE NAAADAAA. QUIERO CANTAR, SOY CANTANTE - Acto seguido el hombre se puso a dar voces en la calle, haciendo un triste intento de cantar algo, pero solo decía palabras sin conexión y sin sentido. Me estaba hirviendo la sangre su comportamiento. Por lo que decidí cogerle de nuevo de los dos brazos con los míos, y ponerle enfrente de mi cara, mirándonos fijamente a la cara.
- Caballero, soy un marine. Puede que no sea nadie, ni para usted, ni dentro de la Marina. Pero cuando uno de nosotros le dice que tiene que acatar una orden, tiene que hacerla, le guste o no. Y si tiene algún problema, le llevo ahora mismo al cuartel y se lo explica a los superiores - Una vez acabé de hablar, el hombre se me quedó mirando a los ojos, como con un poco de miedo. Obviamente, llevarle a un superior por esto es tontería, pero quise meterle el miedo. Cosa que no funcionó. De repente, el hombre volvió a cantar - JJUEEEEEEEEGOOO, CON MI MELOCOTONEEEEROOOOOO - Me rendí. Estaba tan cansado del día que le solté de los brazos inmediatamente - Haga lo que quiera, pero a esta taberna no entra al menos en lo que queda de noche - El hombre siguió cantando, hablando mal, le sudaba tres pares de cojones cualquier cosa. Era imposible negociar con él. Así que al menos mientras se quedase fuera, yo ya estaba satisfecho, así dejaba a la gente de dentro en paz, y fuera a lo mejor alguien se tomaría la justicia por su propia mano. Era lo mejor para el hombre cantarín. El tipo cantó y se cayó al suelo, pero él seguía feliz, como si nada.
Suspiré levemente. Me saqué un cigarro de la cajetilla de metal del bolsillo de mi camisa, y un zippo plateado con el grabado de un pulpo que usaba gasolina para encenderse. - Esperaré a que salga Vulkan - Pensé, mientras fumaba en la puerta tranquilamente, contemplando aquel hombre borracho perdido, hacer un baile raro mientras estaba tirado en el suelo.
