[EVENTO FASE 2] El mismo infierno (II)
#23
Ni aun habiendo pasado dos meses podía quitarme de encima aquella sensación en el manglar aquel cual fuera, donde compramos el nuevo juguete del gremio. Estaba completamente seguro de que era Verus. Lo único que había cambiado era que ahora veía la mitad, si es que podía decirse así. Pero había cometido un error garrafal y había bajado la guardia, obviamente, tratando de presumir de habilidades olvidándome que ya no estaba en un Blue. Estaba en el Grand Line, de hecho, en una de las sedes de comercialización de esclavos de la familia, y no podía actuar a la ligera. El casco, Geheimnis, no iba a mantener los secretos si iba liberando mi haki por aquí y por allá... Estaba seguro de que esa vieja zorra astuta se había quedado con la mosca detrás de la oreja, y mientras sólo fuera Quinque quien la acompañase en este viaje, sólo tendría que preocuparme por ella.

Terminé de ajustar las vendas blancas en mis manos y antebrazos, una costumbre que había adquirido desde después de mi pelea con Triana Tempesta en Skypiea, hace tantos soles atrás, y con el sonido de la tela friccionando, abrí y cerré la mano un par de veces para comprobar que tenía mucha más movilidad. Tras acabar esas comprobaciones, me levanté y me coloqué la chaqueta sobre la camisa de tirantes blanca. Vestía un uniforme ligeramente distinto, algo más oscuro que de costumbre, dejando poco a poco atrás el verde y yendo quizá igual de despacio al negro. Pantalón abultado en la pierna, bota hasta la espinilla, chaqueta de cuatro botones... me pasé la mano por la cabeza llevando el pelo hacia atrás, los mechones se me metían por delante del rostro en cuanto agachaba la cabeza y estaba urgiendo un corte de pelo... así como de barba, la cual me picaba por llevar cuatro días sin haberme afeitado. Me coloqué el casco con cuidado de mantener el pelo hacia atrás, y chaqueé la lengua, como sintiéndome reconfortado y cómodo después de hacerlo, y entonces me giré sobre mi mismo para ver una de las nuevas adquisiciones que había obtenido en este lugar. Un abrigo morado muy oscuro, con pelo sobre los hombros y los omóplatos, largo hasta los tobillos.

Obviamente no me había quedado quieto en el barco durante todos estos días y semanas. A fin de cuentas, Tenryuubito o no, yo era un fugitivo, y había aprendido de sobra que quedarse en un sólo lugar todo el tiempo daba pie a trampas, traiciones y emboscadas. Era mejor hacer pensar que estabas en un lugar, y marcharte a otro desde el que poder vigilar qué es lo que pasaba, y eso había hecho. Por suerte podía pasar desapercibido sin el casco - al menos para todos aquellos que no eran mi familia - y un cambio de ropa habían lo suficiente como para poder hospedarme en una taberna desde la que observar mi navío - antiguo - y quienes lo merodeaban o vigilaban. Pura paranoia, si, pero a fin de cuentas era algo que me había salvado la vida incontables veces.
Pero no, claro que no me había quedado en el barco dos meses enteros. Había ido con Viktor a comprar el nuevo navío - en el que estábamos - y por mi cuenta había adquirido ciertas capacidades extras con un... digamos, entrenamiento, por llamarlo de alguna manera. Ahora era más fuerte que cuando me encontré a Verus, pero sabía que no lo suficientemente fuerte como para poder hacerla frente, aunque quizá con Viktor tuviera una oportunidad. Y hablando del rey de Pangea, ahora que Viktor conocía - o debía haber atado cabos - mi secreto más profundo, la compenetración y confianza mutua estaba en su punto más álgido.

Me puse el abrigo, palpé los bolsillos de mi chaqueta, y cargué a Ein Hauch en un enganche en la espalda, saliendo de la habitación cerrando la puerta tras de mi, camino a la habitación de Viktor, la cual toqué con los nudillos de pasada — Oe oe — dije sin detenerme, y continué caminando hacia la cubierta, confiando en que comprendería mi sencillo mensaje: Vamos. Hoy íbamos a movernos, para hacer una pequeña visita a la sede del Red Natnas de los astilleros, a solucionar un par de problemas y de movimientos financieros que había estado calculando y pensando en las últimas semanas, pero cuanto menos se filtrase de mis propias ideas, sabía siempre que era mejor.
Al llegar a cubierta pude ver al muchacho junto a Lustig, aparentemente esperando por nosotros.

— Muchacho — dije llegando a su lado, bajando la mano para acariciar la cabeza de Lustig — ¿Cómo va tu deuda? — pregunté directamente poniéndome a su lado mirando hacia el muelle del astillero — ¿Ya sabes hacer algo con esos cinco millones de berries? — le pregunté directamente por su akuma no mi y la habilidad que habría tenido más que tiempo de sobra en empezar a aprender a manejar. Entonces me fijé en la poca vegetación de la zona construída, y la escarcha que esta tenía, dándome cuenta de que para mi, mi temperatura corporal era siempre la misma y no pasaba frío ni padecía de esa sensación, mirando entonces de nuevo al chico — ¿Hace frío? — le pregunté, realmente interesado en saber si esto era así, pues había olvidado esa sensación.




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