08-02-2025, 12:06 AM
El invierno llegó de la mano de un frío tan fino, que era capaz de colarse hasta por los poros de la piel, pudiendo llegar hasta los huesos sin problemas. Se podía decir que Tobías había estado aletargado durante ese par de meses en el archipiélago, en parte había sido así, pues se había pasado dos buenas semanas en cama afectado por una enfermedad, pero el resto del tiempo no lo había perdido. Tras ayudar a Emerald, pudo disfrutar de la gran cantidad de comercios que conformaban el manglar de los astilleros, un paraíso para un carpintero/manitas como era él. Recorrió aquel barrio de punta a punta, más de una vez, en busca de materiales para su siguiente prototipo. Conoció a mucha gente de su gremio y aprendió un montón junto a ellos. Así había pasado aquel par de meses el carpintero, diseñando, comprando, aprendiendo y fabricando. Por suerte para él, los maestros astilleros de Sabaody, le habían permitido su asistencia en la fabricación de su nuevo y flamante galeón. Tobías no había exigido ningún descuento en el precio final por aportar mano de obra en el asunto, simple y llanamente era por el afán de aprender de manos de expertos como ellos. No había aportado nada al diseño, simplemente había adquirido habilidad con su mano y conocimiento del galeón como tal. Durante la fabricación también fue acumulando ideas de mejoras que podría aplicar a futuro y sobre todo, mantenimientos que habría que hacerle a aquel precioso barco.
Había sido una última semana de duro trabajo, pero había valido la pena el esfuerzo. El galeón era espectacular en todos los sentidos. El resto que quedaba de aquella tarde de invierno, Tobías la invirtió en acondicionar una zona para Pascal, el frío y el lagarto no eran muy amigos. Le llenó el terrario con ramas y vegetación autóctona, algo de agua e insectos, e introdujo al pequeño camaleón dentro. - ¿Te gusta tu nuevo hogar, Pascal? De momento no te queda otra, jish jish jish. Tranqui, lo iré haciendo más grande y con más detalles. - Tobías sonrió al pequeño reptil. - Aunque a ti lo que te importa de verdad es lo gorditos que estén los grillos... Jish jish jish, eres un glotoncete. - Rio el vaquero observando como desplegaba su retráctil lengua. Era la primera noche para todos en su nuevo hogar, así que Tobías se apañó un hueco al lado del terrario donde poder descansar también. La semana había sido intensa y no fue capaz de meditar mucho antes de caer rendido.
La mañana siguiente amaneció fría también, pero ese no era un problema para el vaquero, al fin y al cabo era del frío North Blue, se había criado en una isla donde la mitad del año casi ni salía el sol. Todos se habían levantado enérgicos y con ganas de acción. La estancia en aquel archipiélago estaba llegando a su fin, pronto retomarían su camino y la búsqueda de su capitán. Recogió un poco su nueva habitación, antes de salir a cubierta a ver que hacían los demás, con todo ese ajetreo matutino, haciendo una parada exprés en la nueva cocina para prepararse un té caliente. Se encendió un cigarro nada más salir al exterior, donde estaban todos ya. Parecían contentos sobre la cubierta del nuevo barco, discutiendo, como de costumbre, a la espera de las ordenes de la ya afianzada capitana, Triana Tempesta. Tobías se limitó a repasar visualmente los detalles de aquel magnífico navío, navegar sobre él iba a ser todo un honor y más todavía mantenerlo en perfectas condiciones y mejorarlo en la medida de lo posible. Dio un sorbo a su infusión, después un calada al cigarro, para rematar con una más que sincera sonrisa. El viaje iba a proseguir y lo iba a hacer sobre la madera de aquel precioso galeón, anclado en el astillero 7 del manglar 0, y arropado por la presencia de sus compañeros. Con todo preparado para partir, activó su Haki de observación, para que durante la espera, nada ni nadie pudiera importunarlos. Todavía no había olvidado la descripción de aquella Tenryuubito de pelo rosa y seguía buscándola, temeroso de que se presentara frente a ellos para reclamar lo que se le había arrebatado.
Había sido una última semana de duro trabajo, pero había valido la pena el esfuerzo. El galeón era espectacular en todos los sentidos. El resto que quedaba de aquella tarde de invierno, Tobías la invirtió en acondicionar una zona para Pascal, el frío y el lagarto no eran muy amigos. Le llenó el terrario con ramas y vegetación autóctona, algo de agua e insectos, e introdujo al pequeño camaleón dentro. - ¿Te gusta tu nuevo hogar, Pascal? De momento no te queda otra, jish jish jish. Tranqui, lo iré haciendo más grande y con más detalles. - Tobías sonrió al pequeño reptil. - Aunque a ti lo que te importa de verdad es lo gorditos que estén los grillos... Jish jish jish, eres un glotoncete. - Rio el vaquero observando como desplegaba su retráctil lengua. Era la primera noche para todos en su nuevo hogar, así que Tobías se apañó un hueco al lado del terrario donde poder descansar también. La semana había sido intensa y no fue capaz de meditar mucho antes de caer rendido.
La mañana siguiente amaneció fría también, pero ese no era un problema para el vaquero, al fin y al cabo era del frío North Blue, se había criado en una isla donde la mitad del año casi ni salía el sol. Todos se habían levantado enérgicos y con ganas de acción. La estancia en aquel archipiélago estaba llegando a su fin, pronto retomarían su camino y la búsqueda de su capitán. Recogió un poco su nueva habitación, antes de salir a cubierta a ver que hacían los demás, con todo ese ajetreo matutino, haciendo una parada exprés en la nueva cocina para prepararse un té caliente. Se encendió un cigarro nada más salir al exterior, donde estaban todos ya. Parecían contentos sobre la cubierta del nuevo barco, discutiendo, como de costumbre, a la espera de las ordenes de la ya afianzada capitana, Triana Tempesta. Tobías se limitó a repasar visualmente los detalles de aquel magnífico navío, navegar sobre él iba a ser todo un honor y más todavía mantenerlo en perfectas condiciones y mejorarlo en la medida de lo posible. Dio un sorbo a su infusión, después un calada al cigarro, para rematar con una más que sincera sonrisa. El viaje iba a proseguir y lo iba a hacer sobre la madera de aquel precioso galeón, anclado en el astillero 7 del manglar 0, y arropado por la presencia de sus compañeros. Con todo preparado para partir, activó su Haki de observación, para que durante la espera, nada ni nadie pudiera importunarlos. Todavía no había olvidado la descripción de aquella Tenryuubito de pelo rosa y seguía buscándola, temeroso de que se presentara frente a ellos para reclamar lo que se le había arrebatado.
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![[Imagen: l47Ucve.png]](https://imgur.com/l47Ucve.png)
