Había llegado el momento. Por fin estábamos en el archipiélago Sabaody, era cuestión de unos pocos minutos tocar tierra y comenzar la misión. Para amenizar la espera, procedí a encenderme un cigarrillo con mi zippo y guardarlo en mi bolsillo derecho. Ya tenía todo preparado encima de mí, las pocas cosas que podía usar estaban conmigo.
De pronto, el sonido del aleteo de un pájaro se escuchó por encima nuestra. Alcé la vista, pudiendo observar de que teníamos noticias nuevas para el mundo. Con el cigarro en la boca, levanté mi mano derecha para agarrar una nueva edición del periódico — Venga, va... — Procedí a abrirlo y ver las novedades.
La primera noticia era grande, ocupaba toda la portada. El reino Ryugu, el cual, la verdad, no tenía ni idea de donde estaba, se había desvinculado del gobierno mundial y dejándose caer a las manos del Ejercito Revolucionario — Vaya... — Dije medio suspirando, este tipo de noticias solo eran más problemas indirectamente para la Marina. Procedí pasar a la siguiente noticia, y, de nuevo, ocupando toda su extensión, una noticia enorme, donde Joe Joestar era el protagonista, el cual contaba su hazaña contra Yojimbo y la captura de este, subiendo así a Vice almirante de la Marina, para finalizar con que se dirigía hacia Sabaody en cargo de escolta para buscar más criminales. Alcé la vista y las gaviotas del periódico estaban ya fuera casi de mi rango de vista, adelantándose hacia el archipiélago — Chss, joder... — Algo me decía que antes de que llegásemos, todos los presentes de allí iban a saberlo de antemano. Le di una calada al cigarrillo y decidí continuar leyendo, pero fui interrumpido de repente.
Una voz masculina y apagada dijo mi nombre y cargo por mi lado derecho, giré la cabeza para observar de quien se trataba. Era un muchacho muy joven a pesar de ser bastante alto, pero aquel uniforme totalmente impoluto y perfecto, si que podía reconocerlo de sobra, se trataba de uno de los almirantes de la Marina, Gukuro — Por fin puedo verle en persona — Pensé sorprendido por la revelación, sabía que estaba en aquel barco, pero por lo que parece, era un muchacho bastante tímido. Mientras el ordenaba a las tropas comenzar a moverse. Doblé el periódico y me lo guardé en uno de los bolsillos interiores de mi capa de Vice almirante. Dejé que hablase sin interrumpirle, estaba deseando que estuviera recuperado de mis heridas y así pudiera hacer un buen trabajo — Muchas gracias por sus palabras, Señor Gukuro. Estoy recuperado totalmente y preparado para comenzar la campaña que se nos ha adjudicado aquí y hoy, es un honor poder ser su refuerzo — Dije con un tono muy respetuoso, mirando frente a mi a todas las tropas que estarían acompañándonos hoy, que eran bastantes. Con un ultimo comentario de motivación hacia mi, Gukuro procedió a darme paso para bajar.
Di el primer paso hacia la pasarela, comenzando a descender para tocar tierra firme tras tanto tiempo. Era extraño. No sentía miedo, no sentía nervios, estaba totalmente calmado. Hacía mucho tiempo que no sentía tener esta paz mental conmigo mismo. Según descendía, podía observar aún mejor el gran dispositivo de tropas que se habían colocado perfectamente, y un poco más alejado, el cuartel de la Marina que operaba en Sabaody, donde estaban mis compañeros, los cuales hacia mucho tiempo que no los veía. No podía evitar esbozar una sonrisa al pensar en ellos y las ganas que tenía de juntarme de nuevo con cada uno de ellos.
Puede que ahora tuviera un cargo más importante y alto en la Marina. Puede que ahora tuviera un nuevo poder en mi interior. Y ahora más que nunca, he conseguido tener la confianza en mi que siempre me ha faltado. A partir de aquí, fuera cual fuera la situación que se diera en el futuro, no iba a dudar ni lo más mínimo. Pero hay algo que no había cambiado en absoluto dentro en mi. El amor que tengo hacia mis compañeros, protegerles a toda costa de cualquier amenaza, porque por ellos seguiría dando mi vida si fuera necesario.
Terminé de descender la rampa, y por fin, puse un pie en tierra. En aquel justo y preciso momento, el viento sopló con un poco más de fuerza, haciendo que mi capa de Vice almirante se elevase y ondulase gracias a aquella brisa, mientras avanzaba entre las tropas, las cuales mantenían el saludo militar hacia mi. Sin perder las maneras y la compostura de la situación, llegué al final, situándome frente aquel cuartel, con la mirada de un niño pequeño, emocionado, miraba al frente, esperando a alguno de los míos, con una sonrisa de oreja a oreja:
De pronto, el sonido del aleteo de un pájaro se escuchó por encima nuestra. Alcé la vista, pudiendo observar de que teníamos noticias nuevas para el mundo. Con el cigarro en la boca, levanté mi mano derecha para agarrar una nueva edición del periódico — Venga, va... — Procedí a abrirlo y ver las novedades.
La primera noticia era grande, ocupaba toda la portada. El reino Ryugu, el cual, la verdad, no tenía ni idea de donde estaba, se había desvinculado del gobierno mundial y dejándose caer a las manos del Ejercito Revolucionario — Vaya... — Dije medio suspirando, este tipo de noticias solo eran más problemas indirectamente para la Marina. Procedí pasar a la siguiente noticia, y, de nuevo, ocupando toda su extensión, una noticia enorme, donde Joe Joestar era el protagonista, el cual contaba su hazaña contra Yojimbo y la captura de este, subiendo así a Vice almirante de la Marina, para finalizar con que se dirigía hacia Sabaody en cargo de escolta para buscar más criminales. Alcé la vista y las gaviotas del periódico estaban ya fuera casi de mi rango de vista, adelantándose hacia el archipiélago — Chss, joder... — Algo me decía que antes de que llegásemos, todos los presentes de allí iban a saberlo de antemano. Le di una calada al cigarrillo y decidí continuar leyendo, pero fui interrumpido de repente.
Una voz masculina y apagada dijo mi nombre y cargo por mi lado derecho, giré la cabeza para observar de quien se trataba. Era un muchacho muy joven a pesar de ser bastante alto, pero aquel uniforme totalmente impoluto y perfecto, si que podía reconocerlo de sobra, se trataba de uno de los almirantes de la Marina, Gukuro — Por fin puedo verle en persona — Pensé sorprendido por la revelación, sabía que estaba en aquel barco, pero por lo que parece, era un muchacho bastante tímido. Mientras el ordenaba a las tropas comenzar a moverse. Doblé el periódico y me lo guardé en uno de los bolsillos interiores de mi capa de Vice almirante. Dejé que hablase sin interrumpirle, estaba deseando que estuviera recuperado de mis heridas y así pudiera hacer un buen trabajo — Muchas gracias por sus palabras, Señor Gukuro. Estoy recuperado totalmente y preparado para comenzar la campaña que se nos ha adjudicado aquí y hoy, es un honor poder ser su refuerzo — Dije con un tono muy respetuoso, mirando frente a mi a todas las tropas que estarían acompañándonos hoy, que eran bastantes. Con un ultimo comentario de motivación hacia mi, Gukuro procedió a darme paso para bajar.
Di el primer paso hacia la pasarela, comenzando a descender para tocar tierra firme tras tanto tiempo. Era extraño. No sentía miedo, no sentía nervios, estaba totalmente calmado. Hacía mucho tiempo que no sentía tener esta paz mental conmigo mismo. Según descendía, podía observar aún mejor el gran dispositivo de tropas que se habían colocado perfectamente, y un poco más alejado, el cuartel de la Marina que operaba en Sabaody, donde estaban mis compañeros, los cuales hacia mucho tiempo que no los veía. No podía evitar esbozar una sonrisa al pensar en ellos y las ganas que tenía de juntarme de nuevo con cada uno de ellos.
Puede que ahora tuviera un cargo más importante y alto en la Marina. Puede que ahora tuviera un nuevo poder en mi interior. Y ahora más que nunca, he conseguido tener la confianza en mi que siempre me ha faltado. A partir de aquí, fuera cual fuera la situación que se diera en el futuro, no iba a dudar ni lo más mínimo. Pero hay algo que no había cambiado en absoluto dentro en mi. El amor que tengo hacia mis compañeros, protegerles a toda costa de cualquier amenaza, porque por ellos seguiría dando mi vida si fuera necesario.
Porque sin ellos, yo no soy lo que soy.
Porque sin ellos, yo no sería Joe Joestar, el Héroe.
Terminé de descender la rampa, y por fin, puse un pie en tierra. En aquel justo y preciso momento, el viento sopló con un poco más de fuerza, haciendo que mi capa de Vice almirante se elevase y ondulase gracias a aquella brisa, mientras avanzaba entre las tropas, las cuales mantenían el saludo militar hacia mi. Sin perder las maneras y la compostura de la situación, llegué al final, situándome frente aquel cuartel, con la mirada de un niño pequeño, emocionado, miraba al frente, esperando a alguno de los míos, con una sonrisa de oreja a oreja:
— ¡YA ESTOY AQUÍ! —
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