10-02-2025, 07:13 PM
Moldu accionó nuevamente el mecanismo y un rugido ensordecedor llenó la cueva. Su brazo vibró con más fuerza, con los engranajes forzándose al límite y cambiando ligeramente de color a un tono rojizo. Al motor le siguió instantáneamente el grito de su portador que empezaba a quemarse el brazo. No esperé más y salté hacia él con Rimera alzada y descargué un golpe preciso, apuntando al codo del brazo mecánico. El impacto resonó con un chasquido de metal partiéndose y el olor a aceite de motor quemado llenó el aire. El brazo dejó de moverse de inmediato, el motor tosiendo humo negro antes de apagarse finalmente.
Moldu quedó paralizado un segundo observando sus quemaduras. Pero pronto el bloqueo mental dejó paso a la rabia.
- ¡HIJO DE…! - grito con furia como si yo fuese el culpable del estado de la carne de su brazo.
Temiendo que pudiese sacar algún otro artilugio, no le dejé terminar. Con un movimiento rápido, avancé, giré Rimera en mis manos para golpearle con el mango en la sien. Esta vez no tuvo tiempo de esquivar, su cabeza se inclinó hacia un lado y su cuerpo perdió toda la tensión. Cayó de rodillas primero y luego se desplomó de cara al suelo.
...silencio...
Me quedé unos segundos quieto, respirando hondo y recuperando el aliento. El olor a aceite quemado y sangre seguía flotando en el aire.
- Keehkekeke… esto ha sido más complicado de lo que esperaba - murmuré, rascándome la cabeza donde aún sentía el golpe del peñasco.
Me agaché y revisé su estado. Estaba inconsciente, pero respiraba. Me aseguré de atarle las muñecas con las vendas que traía. A continuación, le vendé también el brazo y la cabeza. Mi trabajo era capturarle y entregarle a la marina pero tampoco había necesidad de dejar que sus heridas se infectaran. Lo cargué al hombro con relativamente poco esfuerzo. “Es impresionante la fuerza que tiene para pesar tan poco…” recuerdo haber pensado, afianzando todavía más la idea de necesitar seguir con el entrenamiento.
Con un último vistazo a la cueva, comencé el camino de regreso a las canteras con el sol alzándose a mi espalda. Todavía no había pasado la media mañana y la recompensa por Moldu pronto estaría asegurada, y con suerte, también un buen desayuno ganado con el primer sueldo como cazarrecompensas.
Moldu quedó paralizado un segundo observando sus quemaduras. Pero pronto el bloqueo mental dejó paso a la rabia.
- ¡HIJO DE…! - grito con furia como si yo fuese el culpable del estado de la carne de su brazo.
Temiendo que pudiese sacar algún otro artilugio, no le dejé terminar. Con un movimiento rápido, avancé, giré Rimera en mis manos para golpearle con el mango en la sien. Esta vez no tuvo tiempo de esquivar, su cabeza se inclinó hacia un lado y su cuerpo perdió toda la tensión. Cayó de rodillas primero y luego se desplomó de cara al suelo.
...silencio...
Me quedé unos segundos quieto, respirando hondo y recuperando el aliento. El olor a aceite quemado y sangre seguía flotando en el aire.
- Keehkekeke… esto ha sido más complicado de lo que esperaba - murmuré, rascándome la cabeza donde aún sentía el golpe del peñasco.
Me agaché y revisé su estado. Estaba inconsciente, pero respiraba. Me aseguré de atarle las muñecas con las vendas que traía. A continuación, le vendé también el brazo y la cabeza. Mi trabajo era capturarle y entregarle a la marina pero tampoco había necesidad de dejar que sus heridas se infectaran. Lo cargué al hombro con relativamente poco esfuerzo. “Es impresionante la fuerza que tiene para pesar tan poco…” recuerdo haber pensado, afianzando todavía más la idea de necesitar seguir con el entrenamiento.
Con un último vistazo a la cueva, comencé el camino de regreso a las canteras con el sol alzándose a mi espalda. Todavía no había pasado la media mañana y la recompensa por Moldu pronto estaría asegurada, y con suerte, también un buen desayuno ganado con el primer sueldo como cazarrecompensas.
