11-02-2025, 04:55 PM
(Última modificación: 11-02-2025, 05:37 PM por Ryze Tengen.)
Al fin había llegado el gran día. El viento frío del invierno me golpeaba la cara y mis antenitas se erizaban con cada ráfaga, pero ni siquiera eso podía distraerme de la adrenalina que recorría mi cuerpo. Me subiría rapido al hombro de Karl, como de costumbre, intentando mantener el equilibrio entre sus saltitos de impaciencia. Por dentro, yo sentía la misma emoción: ¡Joe Joestar volvía! Y no con un rango cualquiera, sino como Vicealmirante.
A nuestro alrededor, los soldados se habían acercado unos tras otros. Había un ambiente raro, una mezcla de euforia contenida y tensión, como si estuviéramos a punto de entrar en una gran fiesta… o en una guerra. Y, sinceramente, con todo lo que ocurría en Sabaody últimamente, tampoco me extrañaría que fuera las dos cosas a la vez.
Fuguwu andaba con un periódico entre las manos, recitando en voz baja noticias que me pusieron la piel de gallina: el Reino Ryugu se había independizado del Gobierno Mundial (que puedo decir, nunca podiamos fiarnos de los Gyojin) y resulta que había nuevos WANTED que hacían temblar hasta al más valiente, pero como a mi los wantes la verdad es que me importaban menos que mas, simplemente los ignoré, total, ni podiamos reclamarlos. Apolo y James se unieron también, cada uno con su talante habitual: Apolo parecía medio aburrido de tanto ajetreo y James marchaba con solemnidad, echando un vistazo a su alrededor como si no quisiera perder detalle.
Mientras tanto, Karl no paraba de morderse el labio y de apretar los puños. Se moría de ganas de ver a Joe. En realidad, todos lo hacíamos. Y no tardamos en escuchar la voz por megafonía que ordenaba formarnos en el patio para recibir a los recién llegados. Me aferré con fuerza al cuello de Karl, que salió corriendo (literalmente) como una centella, con todos nosotros detrás. Desearía haberme sujetado un poco mejor porque casi salgo volando en el proceso.
El patio estaba abarrotado. Las tropas se cuadraban y dejaban un pasillo en medio, mientras dos buques acorazados enormes, casi irreales anclaban. Soldados con uniformes impecables bajaban por la rampa, hasta el punto en que me pregunté dónde metían a tanta gente, por que esa gente no eran tan pequeñitas como yo. Por un momento, no veía ningún rostro conocido, y me mordí el interior de la mejilla con impaciencia. “¿Dónde diablos estás, Joe, estoy segura de que aparecerás en el mejor momento…?”
De pronto, como si alguien hubiera esperado al clímax de la canción, apareció él. Alto, con la capa ondeando al viento y esa sonrisa confiada que parecía decir “Tranquilos, ya estoy aquí”. Joe Joestar, Vicealmirante. Estaba igual que siempre y, sin embargo, daba la sensación de haber crecido, de irradiar una presencia aún más imponente. Su capa… vaya, esa capa le sentaba como un guante. Karl no se lo pensó dos veces. Saltó de la formación y corrió hacia él con lágrimas en los ojos. Yo intenté sujetarme fuerte frente a la fuerza de la carrera de Karl pero acabé cayendo al suelo, (con mucho estilo, eso si.) quedando de nuevo en la formación por si acaso, la verdad es que ya la había liado y no me apetecía
A nuestro alrededor, los soldados se habían acercado unos tras otros. Había un ambiente raro, una mezcla de euforia contenida y tensión, como si estuviéramos a punto de entrar en una gran fiesta… o en una guerra. Y, sinceramente, con todo lo que ocurría en Sabaody últimamente, tampoco me extrañaría que fuera las dos cosas a la vez.
Fuguwu andaba con un periódico entre las manos, recitando en voz baja noticias que me pusieron la piel de gallina: el Reino Ryugu se había independizado del Gobierno Mundial (que puedo decir, nunca podiamos fiarnos de los Gyojin) y resulta que había nuevos WANTED que hacían temblar hasta al más valiente, pero como a mi los wantes la verdad es que me importaban menos que mas, simplemente los ignoré, total, ni podiamos reclamarlos. Apolo y James se unieron también, cada uno con su talante habitual: Apolo parecía medio aburrido de tanto ajetreo y James marchaba con solemnidad, echando un vistazo a su alrededor como si no quisiera perder detalle.
Mientras tanto, Karl no paraba de morderse el labio y de apretar los puños. Se moría de ganas de ver a Joe. En realidad, todos lo hacíamos. Y no tardamos en escuchar la voz por megafonía que ordenaba formarnos en el patio para recibir a los recién llegados. Me aferré con fuerza al cuello de Karl, que salió corriendo (literalmente) como una centella, con todos nosotros detrás. Desearía haberme sujetado un poco mejor porque casi salgo volando en el proceso.
El patio estaba abarrotado. Las tropas se cuadraban y dejaban un pasillo en medio, mientras dos buques acorazados enormes, casi irreales anclaban. Soldados con uniformes impecables bajaban por la rampa, hasta el punto en que me pregunté dónde metían a tanta gente, por que esa gente no eran tan pequeñitas como yo. Por un momento, no veía ningún rostro conocido, y me mordí el interior de la mejilla con impaciencia. “¿Dónde diablos estás, Joe, estoy segura de que aparecerás en el mejor momento…?”
De pronto, como si alguien hubiera esperado al clímax de la canción, apareció él. Alto, con la capa ondeando al viento y esa sonrisa confiada que parecía decir “Tranquilos, ya estoy aquí”. Joe Joestar, Vicealmirante. Estaba igual que siempre y, sin embargo, daba la sensación de haber crecido, de irradiar una presencia aún más imponente. Su capa… vaya, esa capa le sentaba como un guante. Karl no se lo pensó dos veces. Saltó de la formación y corrió hacia él con lágrimas en los ojos. Yo intenté sujetarme fuerte frente a la fuerza de la carrera de Karl pero acabé cayendo al suelo, (con mucho estilo, eso si.) quedando de nuevo en la formación por si acaso, la verdad es que ya la había liado y no me apetecía
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