11-02-2025, 06:05 PM
Un par de golpes secos me sacaron del trance bajo las páginas de mi libro.
La cruda voz del jefe del gremio, con una simple muletilla característica, hacía las veces de reclamo para mi presencia. Era capaz de entenderle a estas alturas sin problema… aunque últimamente no le comprendía. Sabía que ocultaba algo y no sabía si prefería tenerlo en secreto o si llegaría a abrirse conmigo como un igual. Cosa que, sinceramente, no me importaba nada a estas alturas. Tiempo había habido para las intimidades y nunca se dieron. Ni a él le interesó quién era, ni a mí quién era él. En mi mente, pese a haber visto su semblante en numerosas ocasiones, la imagen del rostro de Sohem es blanca y con agujeros. Quien exista detrás del casco me da igual. Ni quien sea, ni quien fuera. Y a veces ni quien… quizás desvariaba. Me levanté con resignación. Hacía meses que no soñaba y, lejos de lo que podía esperarse, casi me frustraba. Estaba comenzando a acostumbrarme a la presencia de Selene en mis sueños y su ausencia era casi… dolorosa. Me senté sobre la cama, sin quitar el libro de mi cara y este cayó al suelo, quedando boca abajo y abierto. Suspiré profundamente y alargué mi diestra hacia él para recuperarlo, no sin antes revisar la página por la que había quedado abierto. “El camino no elegido”. — ”Aunque tal y como un paso aventura el siguiente, dudé si alguna vez volvería a aquel lugar. — Gruñí mientras cerraba el libro y lo lanzaba al escritorio, junto a las tres katanas. Crují mi cuello a derecha e izquierda sonoramente y me levanté apoyando las manos sobre las rodillas. Era momento de ponerse en marcha.
Enfundé mis botas en mis pies y las até con firmeza, dejando el pantalón por el interior para evitar que el frío invernal entrara por cualquier hueco. Hice lo mismo con la camisa y me puse mi chaleco después, abrochándolo hasta arriba. Tras esto me coloqué los guantes que, aunque mitones, hacían las veces de algo de protección. Ajusté mi cinturón y me acerqué al escritorio, donde las armas y mis herramientas reposaban. A su lado, mi icónico abrigo celeste, el cual me atavié con un gesto circular, rápido y ensayado por encima de mi cabeza. Agarré el Den Den Mushi Blanco y lo coloqué en el bolsillo interior derecho del abrigo para hacer lo mismo con el libro en el lado izquierdo. Acto seguido agarré las dos jeringas de antídoto que le afané al revolucionario que capturamos y las introduje en el bolsillo lateral del pantalón, en mi pernera derecha. Por último, introduje a Saba y Shimei Kaeru en mi cinturón, a mi siniestra y a Yamigiri a mi diestra, ajustando los sageos de todas ellas para evitar que las sayas se fueran volando en un salto. Caminé hacia la puerta y miré atrás con un sentimiento de nostalgia e impotencia que no comprendía. Apagué la única vela que permanecía encendida desde anoche con un soplido y salí cerrando finalmente la puerta, para dirigirme a cubierta.
Allí estaban Sohem, Shoto y Lustig, que curiosamente estaban interactuando como personas normales. El frío en cubierta era mucho más notorio que en los camarotes. Este barco estaba bien aislado en cuanto a elementos se refiere, pero aun así era patente el frío invernal y en cubierta era palpable. Antes de poder siquiera dar cuenta de mi presencia en la escena, una bandada de gaviotas se abalanzó sobre el muelle, dejando caer en cada barco un nuevo ejemplar del periódico OKNews con sus correspondientes nuevos carteles de se busca. Alcé la mano esperando que el emplumado animal dejara caer el ejemplar sobre ella y cuando lo recibí, lo abrí de par en par mientras me acercaba al grupo y comenzaba a leerlo. No acostumbraba a leerlo en voz alta porque la mitad de la noticia eran basura propagandística que solo servía como relleno para editores que no sabían qué incluir buscando una repercusión mayor de la merecida en cada número, así que me limité a leerlo en silencio y resumir las noticias más importantes.
La primera noticia rezaba sobre una independencia en el reino Ryugu, siendo que los Gyojins se habían negado a estar al servicio del Gobierno Mundial. No les culpo. — Movida política en la isla Gyojin. — enuncié mientras continuaba leyendo que ahora era territorio hostil para el Gobierno Mundial y que se desconocía si se contemplaban medidas para otros habitantes fuera de la isla. Después, la que fue la mayor noticia para mí: El capitán de los Alas Negras Yojimbo, el lunarian que derrotó Sohem en Skypiea, había sido capturado y encerrado en Impel Down por nada más y nada menos que el héroe de los cabos gemelos Joe Joestar y esto había dado un ascenso en su carrera hasta el cargo de Vicealmirante. — ¿Estás de broma? — pensaba. — Nuestro viejo amigo marine ascendió. Encerró al lunarian que casi te cargas en Skypiea. — dije alzando la voz pues me alejaba un poco del grupo hacia los barriles y me sentaba apoyando la cadera sobre uno. También mencionaba que Joe había sido desplazado a Sabaody como escolta para una misión de erradicación de criminales. — Y creo que estará aquí. Y con un pez gordo. — dije. — Si Joe era el escolta, su compañía sería alguien importante. Y no se manda a una misión de guerra, a un político, se manda a un soldado. — razoné para mis adentros mientras continuaba las líneas con los ojos de lado a lado.
La siguiente cara en el periódico era la de Triana Tempesta que, presumiblemente, había comenzado a capitanear a los Alas Negras tras la captura del lunarian. — Se recomienda mantener la distancia... — pensé con desagrado. Después una noticia de una don nadie en Matsuri, nada importante, y finalmente algo sobre una subasta con grandes criminales y sin normas. Podría ser una opción interesante para conseguir armas o suministros exóticos si nuestro poder adquisitivo nos lo permite. La siguiente noticia relataba sobre un revolucionario que se creía desaparecido o muerto. Sinceramente, me daba bastante igual, además, pese a no conocerlo, tenía cara de ser subnormal. Si era dinero fácil, un revolucionario menos. — Algo sobre una obra en Padokia. La familia de Tempesta ha abierto un coliseo y se asume que Marines, gente del gobierno o cazadores podrán conseguir premios. — relaté, casi llegando al final, mirando por encima las noticias que parecían no tener ninguna importancia ni relevancia para nuestros fines económicos ni mis planes propios.
Tras esto revisé los carteles de se busca uno a uno y los doblé para meterlos entre el periódico y doblarlo también, lanzándolo a un barril y cruzarme de brazos mirando a ambos lados del Kaiser Panzer, observando diversas embarcaciones con banderas reconocibles mientras activaba mi Haki a máximo rango esperando buscar presencias y descubriendo que, pese a desconocerlas, eran diversas fuentes de emisión. Tras esto, carraspeé dos veces y aclaré mi voz, buscando a Sohem con la mirada. — Creo que podríamos pasarnos por la base de la Marina. — propuse al jefe del gremio — Si han venido a pelear contra criminales, habrá pelea, y si hay gente fuerte, espadas y kanabos nunca sobran. Y a nosotros nunca nos sobra una paga. — sostuve, esperando que mi jefe viera la posibilidad de negocio tan clara como yo. Aunque fuera solo una de las razones por las que querría ir a la base Marina.
La cruda voz del jefe del gremio, con una simple muletilla característica, hacía las veces de reclamo para mi presencia. Era capaz de entenderle a estas alturas sin problema… aunque últimamente no le comprendía. Sabía que ocultaba algo y no sabía si prefería tenerlo en secreto o si llegaría a abrirse conmigo como un igual. Cosa que, sinceramente, no me importaba nada a estas alturas. Tiempo había habido para las intimidades y nunca se dieron. Ni a él le interesó quién era, ni a mí quién era él. En mi mente, pese a haber visto su semblante en numerosas ocasiones, la imagen del rostro de Sohem es blanca y con agujeros. Quien exista detrás del casco me da igual. Ni quien sea, ni quien fuera. Y a veces ni quien… quizás desvariaba. Me levanté con resignación. Hacía meses que no soñaba y, lejos de lo que podía esperarse, casi me frustraba. Estaba comenzando a acostumbrarme a la presencia de Selene en mis sueños y su ausencia era casi… dolorosa. Me senté sobre la cama, sin quitar el libro de mi cara y este cayó al suelo, quedando boca abajo y abierto. Suspiré profundamente y alargué mi diestra hacia él para recuperarlo, no sin antes revisar la página por la que había quedado abierto. “El camino no elegido”. — ”Aunque tal y como un paso aventura el siguiente, dudé si alguna vez volvería a aquel lugar. — Gruñí mientras cerraba el libro y lo lanzaba al escritorio, junto a las tres katanas. Crují mi cuello a derecha e izquierda sonoramente y me levanté apoyando las manos sobre las rodillas. Era momento de ponerse en marcha.
Enfundé mis botas en mis pies y las até con firmeza, dejando el pantalón por el interior para evitar que el frío invernal entrara por cualquier hueco. Hice lo mismo con la camisa y me puse mi chaleco después, abrochándolo hasta arriba. Tras esto me coloqué los guantes que, aunque mitones, hacían las veces de algo de protección. Ajusté mi cinturón y me acerqué al escritorio, donde las armas y mis herramientas reposaban. A su lado, mi icónico abrigo celeste, el cual me atavié con un gesto circular, rápido y ensayado por encima de mi cabeza. Agarré el Den Den Mushi Blanco y lo coloqué en el bolsillo interior derecho del abrigo para hacer lo mismo con el libro en el lado izquierdo. Acto seguido agarré las dos jeringas de antídoto que le afané al revolucionario que capturamos y las introduje en el bolsillo lateral del pantalón, en mi pernera derecha. Por último, introduje a Saba y Shimei Kaeru en mi cinturón, a mi siniestra y a Yamigiri a mi diestra, ajustando los sageos de todas ellas para evitar que las sayas se fueran volando en un salto. Caminé hacia la puerta y miré atrás con un sentimiento de nostalgia e impotencia que no comprendía. Apagué la única vela que permanecía encendida desde anoche con un soplido y salí cerrando finalmente la puerta, para dirigirme a cubierta.
Allí estaban Sohem, Shoto y Lustig, que curiosamente estaban interactuando como personas normales. El frío en cubierta era mucho más notorio que en los camarotes. Este barco estaba bien aislado en cuanto a elementos se refiere, pero aun así era patente el frío invernal y en cubierta era palpable. Antes de poder siquiera dar cuenta de mi presencia en la escena, una bandada de gaviotas se abalanzó sobre el muelle, dejando caer en cada barco un nuevo ejemplar del periódico OKNews con sus correspondientes nuevos carteles de se busca. Alcé la mano esperando que el emplumado animal dejara caer el ejemplar sobre ella y cuando lo recibí, lo abrí de par en par mientras me acercaba al grupo y comenzaba a leerlo. No acostumbraba a leerlo en voz alta porque la mitad de la noticia eran basura propagandística que solo servía como relleno para editores que no sabían qué incluir buscando una repercusión mayor de la merecida en cada número, así que me limité a leerlo en silencio y resumir las noticias más importantes.
La primera noticia rezaba sobre una independencia en el reino Ryugu, siendo que los Gyojins se habían negado a estar al servicio del Gobierno Mundial. No les culpo. — Movida política en la isla Gyojin. — enuncié mientras continuaba leyendo que ahora era territorio hostil para el Gobierno Mundial y que se desconocía si se contemplaban medidas para otros habitantes fuera de la isla. Después, la que fue la mayor noticia para mí: El capitán de los Alas Negras Yojimbo, el lunarian que derrotó Sohem en Skypiea, había sido capturado y encerrado en Impel Down por nada más y nada menos que el héroe de los cabos gemelos Joe Joestar y esto había dado un ascenso en su carrera hasta el cargo de Vicealmirante. — ¿Estás de broma? — pensaba. — Nuestro viejo amigo marine ascendió. Encerró al lunarian que casi te cargas en Skypiea. — dije alzando la voz pues me alejaba un poco del grupo hacia los barriles y me sentaba apoyando la cadera sobre uno. También mencionaba que Joe había sido desplazado a Sabaody como escolta para una misión de erradicación de criminales. — Y creo que estará aquí. Y con un pez gordo. — dije. — Si Joe era el escolta, su compañía sería alguien importante. Y no se manda a una misión de guerra, a un político, se manda a un soldado. — razoné para mis adentros mientras continuaba las líneas con los ojos de lado a lado.
La siguiente cara en el periódico era la de Triana Tempesta que, presumiblemente, había comenzado a capitanear a los Alas Negras tras la captura del lunarian. — Se recomienda mantener la distancia... — pensé con desagrado. Después una noticia de una don nadie en Matsuri, nada importante, y finalmente algo sobre una subasta con grandes criminales y sin normas. Podría ser una opción interesante para conseguir armas o suministros exóticos si nuestro poder adquisitivo nos lo permite. La siguiente noticia relataba sobre un revolucionario que se creía desaparecido o muerto. Sinceramente, me daba bastante igual, además, pese a no conocerlo, tenía cara de ser subnormal. Si era dinero fácil, un revolucionario menos. — Algo sobre una obra en Padokia. La familia de Tempesta ha abierto un coliseo y se asume que Marines, gente del gobierno o cazadores podrán conseguir premios. — relaté, casi llegando al final, mirando por encima las noticias que parecían no tener ninguna importancia ni relevancia para nuestros fines económicos ni mis planes propios.
Tras esto revisé los carteles de se busca uno a uno y los doblé para meterlos entre el periódico y doblarlo también, lanzándolo a un barril y cruzarme de brazos mirando a ambos lados del Kaiser Panzer, observando diversas embarcaciones con banderas reconocibles mientras activaba mi Haki a máximo rango esperando buscar presencias y descubriendo que, pese a desconocerlas, eran diversas fuentes de emisión. Tras esto, carraspeé dos veces y aclaré mi voz, buscando a Sohem con la mirada. — Creo que podríamos pasarnos por la base de la Marina. — propuse al jefe del gremio — Si han venido a pelear contra criminales, habrá pelea, y si hay gente fuerte, espadas y kanabos nunca sobran. Y a nosotros nunca nos sobra una paga. — sostuve, esperando que mi jefe viera la posibilidad de negocio tan clara como yo. Aunque fuera solo una de las razones por las que querría ir a la base Marina.
Resumen
Inventario
Haki
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