15-02-2025, 12:55 AM
Ante las numerosas noticias con las que fuimos bombardeados en el periódico, pude notar que a todos nos había causado algún tipo de reacción, por mínima que fuera. Ciertamente el ejemplar llevaba de todo un poco para agitar el bote (nunca mejor dicho). En mi caso, la noticia del destino de Kenjo se me hizo muy alegre, en contraste con la de las dificultades que posiblemente enfrentaríamos nosotros al encontrarnos aquí ahora mismo.
Si he de premiar las reacciones, sin duda el primer puesto se lo llevó Ashura, quien me logró sorprender con un abanico de emociones, pasando primero por la furia al saberse igualado, o superado (no sé ni me importa) por alguno de los tipos de los carteles, para luego recibir con interés la noticia de la purga que llevaba a cabo la marina y luego con sorpresa la noticia de Kenjo y sus vacas. Ante mi comentario de cautela, el demonio estalló en una alharaca de gritos y manotazos al aire diciendo que no le tenía miedo a nada ni a nadie y que podían venir a por él, etc. Las mismas sandeces de capitán malote de siempre a las que ya estaba acostumbrado, más nunca aburrido. Mientras el demonio descargaba su veneno (sabía que seguía molesto más por la primera noticia que por las que le habían seguido), se giró hacia mí y me dijo que más que un caramelo, me daría como regalo adelantado de cumpleaños el día más importante en la historia de aquellos marines que osaban atentar con nuestra existencia. Fue entonces que de su boca salieron las palabras mágicas. Allí lo tenía de frente, mirándome con esa cara mitad furioso, mitad ansioso, con esa sonrida endemoniada que ya sabía yo a lo que iba, cuando dijo:
así que, podemos empezar a llamar su atención por dónde tú quieras
Había dicho antes que si íbamos a salir a buscar algo, debíamos hacerlo pronto, y Ashura quería salir a buscar sangre. Entonces debíamos buscar a esa gente que quería purgarnos más temprano que tarde. Seguía pensando que la idea de cruzarnos con un almirante era algo muy por encima de nuestras capacidades, especialmente con los nuevos reclutas en nuestra banda. Sin embargo, si asestábamos un golpe bien apuntado en el lugar correcto, hasta la fortaleza más grande caería, y nuestro nombre resonaría en su frustrado plan de purga.
Respondí a su mirada ansiosa de sangre con unos ojos plateados que brillaban de determinación, y en mi rostro surgió una sonrisa de complicidad. Una sonrisa casi tan ansiosa de guerra como la suya: ¿Sabes, Demonio? Siempre he creído que el hombre adecuado en el sitio equivocado puede cambiar el rumbo del mundo-Gin - Dije mientras le extendía por completo mi brazo, mostrándole mi puño derecho- Cambiemos el mundo echando abajo esa maldita casa de subastas-Gin. Y luego buscamos un buen pastel.
Si el capitán había dudado en el pasado de mi apoyo a esta empresa, ahora le dejaba claro que no era el caso. Contaría conmigo allí a donde fuera a causar dolor a esos corruptos de la marina y sus amos. Al fin y al cabo, soy un depredador. Soy el maldito Destructor Plateado. Ya no soy la presa indefensa de la marina, ni el producto del capricho de algún noble hijo de puta. Si querían mi cabeza o la de mis compañeros, se enfrentarían al poder de destruirlo todo.
Me giré a los demás y dije con el permiso del capitán unas palabras en mi clásico todo de voz que aunque neutro, carecía de tranquilidad: No confundan mi llamado a la cautela con miedo-Gin. Vamos a buscar a esas escorias que se creen con derecho de "purgarnos"-Gin y a hacer mierda su casa de esclavistas. Aunque no será fácil - Miré a los 3 jóvenes piratas- Tenemos que cuidarnos en la lucha y evitar hacer alguna imprudencia que pueda costarnos la vida-Gin. Ahora, vamos a buscar mi regalo.
Empecé a andar y bajé del Niebla, con la misma determinación que había entrado al cuartel de Neur hacía unos meses. Sabía que enfrentaría un reto mucho mayor esta vez, pero ahora no éramos solo tres almas furibundas: Éramos 7 piratas dispuestos a dejar claro un punto a los perros sin criterio de la marina. El mensaje debía ser claro, y esta vez tenía la responsabilidad de abrir el camino para que los 3 novatos en nuestras filas alcanzaran su libertad.
Marchamos juntos hacia la casa de subastas. El regalo era para mí, pero la sorpresa sería para nuestros enemigos. Caminé con mis hermanos una vez más a la batalla. Estaban equivocados si creían que les temíamos. Yo no soy una gacela herida, sino un jodido león, y mis hermanos también lo son, porque marchamos juntos. Y los leones solo marchan con otros leones. No con hienas.
Si he de premiar las reacciones, sin duda el primer puesto se lo llevó Ashura, quien me logró sorprender con un abanico de emociones, pasando primero por la furia al saberse igualado, o superado (no sé ni me importa) por alguno de los tipos de los carteles, para luego recibir con interés la noticia de la purga que llevaba a cabo la marina y luego con sorpresa la noticia de Kenjo y sus vacas. Ante mi comentario de cautela, el demonio estalló en una alharaca de gritos y manotazos al aire diciendo que no le tenía miedo a nada ni a nadie y que podían venir a por él, etc. Las mismas sandeces de capitán malote de siempre a las que ya estaba acostumbrado, más nunca aburrido. Mientras el demonio descargaba su veneno (sabía que seguía molesto más por la primera noticia que por las que le habían seguido), se giró hacia mí y me dijo que más que un caramelo, me daría como regalo adelantado de cumpleaños el día más importante en la historia de aquellos marines que osaban atentar con nuestra existencia. Fue entonces que de su boca salieron las palabras mágicas. Allí lo tenía de frente, mirándome con esa cara mitad furioso, mitad ansioso, con esa sonrida endemoniada que ya sabía yo a lo que iba, cuando dijo:
así que, podemos empezar a llamar su atención por dónde tú quieras
Había dicho antes que si íbamos a salir a buscar algo, debíamos hacerlo pronto, y Ashura quería salir a buscar sangre. Entonces debíamos buscar a esa gente que quería purgarnos más temprano que tarde. Seguía pensando que la idea de cruzarnos con un almirante era algo muy por encima de nuestras capacidades, especialmente con los nuevos reclutas en nuestra banda. Sin embargo, si asestábamos un golpe bien apuntado en el lugar correcto, hasta la fortaleza más grande caería, y nuestro nombre resonaría en su frustrado plan de purga.
Respondí a su mirada ansiosa de sangre con unos ojos plateados que brillaban de determinación, y en mi rostro surgió una sonrisa de complicidad. Una sonrisa casi tan ansiosa de guerra como la suya: ¿Sabes, Demonio? Siempre he creído que el hombre adecuado en el sitio equivocado puede cambiar el rumbo del mundo-Gin - Dije mientras le extendía por completo mi brazo, mostrándole mi puño derecho- Cambiemos el mundo echando abajo esa maldita casa de subastas-Gin. Y luego buscamos un buen pastel.
Si el capitán había dudado en el pasado de mi apoyo a esta empresa, ahora le dejaba claro que no era el caso. Contaría conmigo allí a donde fuera a causar dolor a esos corruptos de la marina y sus amos. Al fin y al cabo, soy un depredador. Soy el maldito Destructor Plateado. Ya no soy la presa indefensa de la marina, ni el producto del capricho de algún noble hijo de puta. Si querían mi cabeza o la de mis compañeros, se enfrentarían al poder de destruirlo todo.
Me giré a los demás y dije con el permiso del capitán unas palabras en mi clásico todo de voz que aunque neutro, carecía de tranquilidad: No confundan mi llamado a la cautela con miedo-Gin. Vamos a buscar a esas escorias que se creen con derecho de "purgarnos"-Gin y a hacer mierda su casa de esclavistas. Aunque no será fácil - Miré a los 3 jóvenes piratas- Tenemos que cuidarnos en la lucha y evitar hacer alguna imprudencia que pueda costarnos la vida-Gin. Ahora, vamos a buscar mi regalo.
Empecé a andar y bajé del Niebla, con la misma determinación que había entrado al cuartel de Neur hacía unos meses. Sabía que enfrentaría un reto mucho mayor esta vez, pero ahora no éramos solo tres almas furibundas: Éramos 7 piratas dispuestos a dejar claro un punto a los perros sin criterio de la marina. El mensaje debía ser claro, y esta vez tenía la responsabilidad de abrir el camino para que los 3 novatos en nuestras filas alcanzaran su libertad.
Marchamos juntos hacia la casa de subastas. El regalo era para mí, pero la sorpresa sería para nuestros enemigos. Caminé con mis hermanos una vez más a la batalla. Estaban equivocados si creían que les temíamos. Yo no soy una gacela herida, sino un jodido león, y mis hermanos también lo son, porque marchamos juntos. Y los leones solo marchan con otros leones. No con hienas.
Resumen
Datos de interés
Rapax
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