15-02-2025, 10:20 AM
La puntualización de Kisuke sobre el asunto dio que pensar al panda. En efecto, el vicealmirante Joestar venía en calidad de escolta. No veía error en el razonamiento de su compañero erudito, y por lo tanto podrían asumir como más que probable esa hipótesis. —Una situación peliaguda, si me preguntan... —Anexó el panda pensativo. Kisuke había tenido contacto con Kihira, la gran líder revolucionaria. Sin duda su amigo espadachín era un hombre afortunado. No sólo hablar, sino también ser entrenado por un alto cargo del ejército era un privilegio al alcance de muy pocos. Don Bambú se preguntaba si él también podría recibir algún entrenamiento como aquel algún día. Por lo pronto únicamente había experimentado la tutela de ancianos pero exigentes maestros de dojo. —Manglar 16 pues. —Le dio una palmadita en una sección del brazo a su porcino camarada. —En marcha soldado, vamos a ver si podemos encontrar a los nuestros. —Ordenó Don Bambú con una sonrisa surcándole el rostro. Guardó el periódico y encaminó la marcha hacia el manglar 16 con la esperanza de contactar con el Ejército a lo largo del camino gracias a su den den.
A lo largo del trayecto fue imposible establecer comunicación alguna con el ejército. Don Bambú sostenía en su mano el den den mushi blanco que le había comprado Zorak. El caracolófono estaba activado, buscando la señal de la revolución, pero no había respuesta alguna a ninguna cosa que el panda pudiera decir. —¿Hola? ¿Me recibe alguien? Mooooshi Moooshi. —El sonido de su propia voz era la única respuesta. —Nuestro Líder supremo me perdone, pero habría que invertir un poco más en telecomunicaciones. ¡Aquí no está nadie atento a los caracoles! —Con un chasquido de lengua, Don Bambú dejó descansar a su den den mushi blanco y volvió a abrir el periódico mientras hacían el camino. —No creo que estén allí ya. Están sucediendo demasiadas cosas como para que se queden en una sola posición. —El panda se detuvo de repente. La primera vez que había leído el periódico se había quedado enfrascado en Yojimbo, Triana y después Kovashi, pero entre ellos había una noticia interesante sobre Sabaody. —Se va a celebrar una subasta de esclavos, camaradas. —Comentó al aire, echando un vistazo a los lados para asegurarse de que no les estaban mirando. —Escuchadme atentamente. Si seguimos deambulando por los manglares sin un rumbo seguro vamos a acabar en medio de la purga de la que hablan en la segunda página del periódico. No le haría ascos a una batalla con los marines, pero no me parece la forma más eficiente de abordar esta situación teniendo en cuenta que estamos solos ahora mismo. —Cerró el periódico y lo volvió a guardar. —En cambio se va a celebrar esta subasta para escoria de la alta sociedad donde se va a traficar con personas. —Se cruzó de brazos. Según hablaba del tema iba sintiendo cómo la sangre le subía a la cabeza. —Quizás sea el momento de aprovechar la situación caótica en la que nos encontramos. Infiltrémonos allí, camaradas, y reventemos el lugar. Quizás podamos hacer pasar a nuestro gigantesco amigo por un esclavo en caso de necesidad... ¡Antes de que los aplastes de un manotazo, no te preocupes honhonhon! —Don Bambú apoyó su mano derecha sobre la rodilla izquierda del gigante y su izquierda (envuelta en haki armadura) sobre el hombro del espadachín. —Si el Ejército hace honor a su nombre, estará listo para actuar sobre ese evento con toda su furia. No podemos ser menos. ¿Qué me decís? —
A lo largo del trayecto fue imposible establecer comunicación alguna con el ejército. Don Bambú sostenía en su mano el den den mushi blanco que le había comprado Zorak. El caracolófono estaba activado, buscando la señal de la revolución, pero no había respuesta alguna a ninguna cosa que el panda pudiera decir. —¿Hola? ¿Me recibe alguien? Mooooshi Moooshi. —El sonido de su propia voz era la única respuesta. —Nuestro Líder supremo me perdone, pero habría que invertir un poco más en telecomunicaciones. ¡Aquí no está nadie atento a los caracoles! —Con un chasquido de lengua, Don Bambú dejó descansar a su den den mushi blanco y volvió a abrir el periódico mientras hacían el camino. —No creo que estén allí ya. Están sucediendo demasiadas cosas como para que se queden en una sola posición. —El panda se detuvo de repente. La primera vez que había leído el periódico se había quedado enfrascado en Yojimbo, Triana y después Kovashi, pero entre ellos había una noticia interesante sobre Sabaody. —Se va a celebrar una subasta de esclavos, camaradas. —Comentó al aire, echando un vistazo a los lados para asegurarse de que no les estaban mirando. —Escuchadme atentamente. Si seguimos deambulando por los manglares sin un rumbo seguro vamos a acabar en medio de la purga de la que hablan en la segunda página del periódico. No le haría ascos a una batalla con los marines, pero no me parece la forma más eficiente de abordar esta situación teniendo en cuenta que estamos solos ahora mismo. —Cerró el periódico y lo volvió a guardar. —En cambio se va a celebrar esta subasta para escoria de la alta sociedad donde se va a traficar con personas. —Se cruzó de brazos. Según hablaba del tema iba sintiendo cómo la sangre le subía a la cabeza. —Quizás sea el momento de aprovechar la situación caótica en la que nos encontramos. Infiltrémonos allí, camaradas, y reventemos el lugar. Quizás podamos hacer pasar a nuestro gigantesco amigo por un esclavo en caso de necesidad... ¡Antes de que los aplastes de un manotazo, no te preocupes honhonhon! —Don Bambú apoyó su mano derecha sobre la rodilla izquierda del gigante y su izquierda (envuelta en haki armadura) sobre el hombro del espadachín. —Si el Ejército hace honor a su nombre, estará listo para actuar sobre ese evento con toda su furia. No podemos ser menos. ¿Qué me decís? —
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