15-02-2025, 11:35 AM
Kisuke iba caminando al lado de Panda, intentando con su propio den den mushi blanco contactar con el Ejército Revolucionario, pero con el mismo resultado que su peludo amigo. Aquello empezaba a tocarle las narices a Kisuke, habían estado meses varados en una isla intentando contactar a sus camaradas sin obtener respuesta, hasta que habían sido ayudados por el hippie aquel, y ahora que las cosas se estaban poniendo complicadas en aquel punto tan importante a escala global, tampoco daban señales de vida; ser revolucionario en ocasiones era muy frustrante.
-Sin duda es algo que tiene que mejorar el Ejército. La organización y el sistema de mandos está bastante descuidado. Tiene sus ventajas, obviamente, pero también inconvenientes como estos.
Se paró al ver que Panda había detenido su marcha y empezaba a hablar de la noticia que había revuelto el estómago de Kisuke un rato antes, la subasta de esclavos. Aquella subasta estaba organizada, según el periódico de Intha, por una reputada familia noble del Gobierno Mundial, lo que implicaba que habría férreas medidas de seguridad.
"¿Por qué tengo la sensación de que vamos a meternos en la boca del lobo?"
Lo que si tenía claro era que al no responder nadie a sus llamadas, era prácticamente seguro que no iban a encontrar a Kihira en el manglar 16 por lo que ir hasta allí carecía de sentido, era mejor tratar de hacer algo productivo en vez de andar deambulando sin tener un objetivo claro, yendo a aquel lugar, al menos, podrían enterarse de algo interesante y quizá, si la suerte les sonreía, lo cual no era nada habitual desde que había entrado a formar parte del Ejército Revolucionario, podrían boicotear la subasta y liberar a gente que iban a convertirse en los juguetes y esclavos de los putos nobles mundiales. Una de las cosas que más detestaba Kisuke del sistema actual era la facilidad en mercadear y traficar con las vidas de otras personas. En especial le dolía el asunto de las mujeres, porque si algo había hecho hincapié la difunta madre de Kisuke era en que su hijo respetase y tratase bien a las mujeres, y sabía muy bien lo que pasaba cuando algún rico hijo de puta "compraba" mujeres; las convertían en esclavas sexuales, y eso era algo que repugnaba hasta el extremo al antiguo pescador.
-Comprendo, no obstante, somos pocos efectivos, y el Panceta no está instruido debidamente aún, así que somos tu y yo. Ese sitio debe estar infestado de agentes del gobierno y marines, por lo que, iremos pero a observar la situación, si se presenta la ocasión de liberar a alguien lo haremos, por supuesto.
Reflexionó unos momentos mirando al gran marrano, mientras sacaba un cigarro más; estaba muy nervioso y la situación estaba desbocándose hacia un punto que le daba mala espina al capitán revolucionario. Siempre podían aprovechar que Comilón no era alguien buscado, y ellos actuar pasando un poco más desapercibidos, puesto que era probable que todas las miradas se centrasen en el cochino gigante.
-Bueno, pues, decidido. Aunque no sabemos donde se celebra la puta subasta así que tendremos que preguntar.
Quizá la mejor opción es que fuese él mismo el que preguntara por la "Gran Subasta" puesto que, visto el racismo que se palpaba en aquel lugar despreciable, no sería raro que tanto Panda como Comi, se pusiesen en peligro al preguntar por ese lugar. Iba a actuar como líder de escuadrón aunque ni mucho menos se sentía como tal. Exhaló una voluta de humo tras dar una calada más a su cigarro, mientras con la mano izquierda se apoyaba en el pomo de la empuñadura de sus katanas.
-Bien, pediré indicaciones a alguien para localizar el sitio, Panda, mantén activo el kenbunshoku en un radio de 100 metros, necesitamos tratar de evitar emboscadas. Comi, tú irás por detrás de nosotros a una distancia prudencial, como si no estuviésemos juntos. Cuando lleguemos, antes de hacer ningún movimiento, observaremos la situación y luego ya veremos si podemos intervenir de algún modo o no, ¿queda claro?
No las tenía todas consigo, pero tampoco podía hacer otra cosa. Por lo que se puso en marcha buscando la maldita Casa de Subastas.
-Sin duda es algo que tiene que mejorar el Ejército. La organización y el sistema de mandos está bastante descuidado. Tiene sus ventajas, obviamente, pero también inconvenientes como estos.
Se paró al ver que Panda había detenido su marcha y empezaba a hablar de la noticia que había revuelto el estómago de Kisuke un rato antes, la subasta de esclavos. Aquella subasta estaba organizada, según el periódico de Intha, por una reputada familia noble del Gobierno Mundial, lo que implicaba que habría férreas medidas de seguridad.
"¿Por qué tengo la sensación de que vamos a meternos en la boca del lobo?"
Lo que si tenía claro era que al no responder nadie a sus llamadas, era prácticamente seguro que no iban a encontrar a Kihira en el manglar 16 por lo que ir hasta allí carecía de sentido, era mejor tratar de hacer algo productivo en vez de andar deambulando sin tener un objetivo claro, yendo a aquel lugar, al menos, podrían enterarse de algo interesante y quizá, si la suerte les sonreía, lo cual no era nada habitual desde que había entrado a formar parte del Ejército Revolucionario, podrían boicotear la subasta y liberar a gente que iban a convertirse en los juguetes y esclavos de los putos nobles mundiales. Una de las cosas que más detestaba Kisuke del sistema actual era la facilidad en mercadear y traficar con las vidas de otras personas. En especial le dolía el asunto de las mujeres, porque si algo había hecho hincapié la difunta madre de Kisuke era en que su hijo respetase y tratase bien a las mujeres, y sabía muy bien lo que pasaba cuando algún rico hijo de puta "compraba" mujeres; las convertían en esclavas sexuales, y eso era algo que repugnaba hasta el extremo al antiguo pescador.
-Comprendo, no obstante, somos pocos efectivos, y el Panceta no está instruido debidamente aún, así que somos tu y yo. Ese sitio debe estar infestado de agentes del gobierno y marines, por lo que, iremos pero a observar la situación, si se presenta la ocasión de liberar a alguien lo haremos, por supuesto.
Reflexionó unos momentos mirando al gran marrano, mientras sacaba un cigarro más; estaba muy nervioso y la situación estaba desbocándose hacia un punto que le daba mala espina al capitán revolucionario. Siempre podían aprovechar que Comilón no era alguien buscado, y ellos actuar pasando un poco más desapercibidos, puesto que era probable que todas las miradas se centrasen en el cochino gigante.
-Bueno, pues, decidido. Aunque no sabemos donde se celebra la puta subasta así que tendremos que preguntar.
Quizá la mejor opción es que fuese él mismo el que preguntara por la "Gran Subasta" puesto que, visto el racismo que se palpaba en aquel lugar despreciable, no sería raro que tanto Panda como Comi, se pusiesen en peligro al preguntar por ese lugar. Iba a actuar como líder de escuadrón aunque ni mucho menos se sentía como tal. Exhaló una voluta de humo tras dar una calada más a su cigarro, mientras con la mano izquierda se apoyaba en el pomo de la empuñadura de sus katanas.
-Bien, pediré indicaciones a alguien para localizar el sitio, Panda, mantén activo el kenbunshoku en un radio de 100 metros, necesitamos tratar de evitar emboscadas. Comi, tú irás por detrás de nosotros a una distancia prudencial, como si no estuviésemos juntos. Cuando lleguemos, antes de hacer ningún movimiento, observaremos la situación y luego ya veremos si podemos intervenir de algún modo o no, ¿queda claro?
No las tenía todas consigo, pero tampoco podía hacer otra cosa. Por lo que se puso en marcha buscando la maldita Casa de Subastas.
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