Todo sucedió muy rápido. En cuanto decidí saltar, una luz cegadora me alcanzó y me impactó con tal intensidad que me mandó de nuevo al suelo. El calor era infernal y pude sentir como todo mi cuerpo se vio devorado por la explosión, la cual duró solo un instante, pues aquello no era producto de una explosión por pólvora o por fuego. Parecía ser una especie de arma futurista, o como mínimo de alta tecnología. La cabeza me daba vueltas y a duras penas me pude mantener en pie, pero ni 50 disparos como ese me iban a borrar la sonrisa del rostro. El plan era claro y estaba funcionando, de una u otra forma. Comencé a tocar mi cuerpo por todas partes, pues pensaba que mi ropa podía estar en llamas. Maldito robotoide había dañado mi sueter, mi bufanda y mi gorrito que tanto me había costado tejer. Aunque no estaban destruídos, sí que se habían dañado bastante con el impacto. Mientras inspeccionaba mi cuerpo con las manos, busqué con la mirada en el cielo al cretino azulado, pero ya no estaba arriba. "Mierda" Busqué a Grok con la mirada, pues le había visto caer más atrás de mi posición cuando aquel monstruo apareció y le hizo volar del hombro de Ashura.
Vi aún borroso cómo el enorme mastodonte volador iba disparado hacia el pequeño tirador de los Mushoku. Empecé a correr con todo hacia la criatura. Boom. Escuché una detonación cuando iba apenas a 3 metros de iniciar mi carrera. Debía de ser Grok defendiéndose. Otra más. Mi cabeza volvía a estar mejor. Sabía que no podía gritar. Nunca había podido alzar la voz lo suficiente para gritar, pero debía hacer que la banda entendiera el mensaje. Mientras me acercaba al cuerpo del monstruo silbé con fuerza, mientras en mi puño se formaba la habitual esfera sísmica. Si mis compañeros eran lo bastante listos y habían escuchado mi explicación mientras veníamos en camino, sabían lo que venía. Lamentablemente no había tiempo de medir mis puños. Por un instante vi por el rabillo del ojo una mancha verde moverse. Era la rana. No retrocedía a pesar de la situación. Bien.
Corrí hasta que tuve al cuerpo de aquella máquina del demonio a 5 metros y salté para tenerle a tiro y dije:
SILVERQUAKE, justo cuando le encajé un derechazo cruzado de forma perpendicular en la cabeza. El aire se quebró y su cuerpo crujió. La onda de choque explotó más fuerte de lo normal. Sin perder ni un instante volví a cargar mis dos manos y esta vez le conecté dos golpes más, también perpendiculares en sus rodillas, mi zurda a su rodilla derecha y viceversa. Ambos golpes explotaron también. Sabía que aquella bestia no tardaría en reaccionar, así que me alejé del sitio, saltando 15 metros de vuelta en la dirección de la que había venido, sin quitarle ni un instante la mirada de la bestia. El cazador era yo, no él.
Atentos todos. El plan sigue en pie. Denle con todo-Gin dije a mis compañeros sin verlos, mientras sostenía la mirada contra aquella máquina maldita, con mis brazos en guardia y mis puños apretados. No pensaba darle tregua a esta hojalata.
Vi aún borroso cómo el enorme mastodonte volador iba disparado hacia el pequeño tirador de los Mushoku. Empecé a correr con todo hacia la criatura. Boom. Escuché una detonación cuando iba apenas a 3 metros de iniciar mi carrera. Debía de ser Grok defendiéndose. Otra más. Mi cabeza volvía a estar mejor. Sabía que no podía gritar. Nunca había podido alzar la voz lo suficiente para gritar, pero debía hacer que la banda entendiera el mensaje. Mientras me acercaba al cuerpo del monstruo silbé con fuerza, mientras en mi puño se formaba la habitual esfera sísmica. Si mis compañeros eran lo bastante listos y habían escuchado mi explicación mientras veníamos en camino, sabían lo que venía. Lamentablemente no había tiempo de medir mis puños. Por un instante vi por el rabillo del ojo una mancha verde moverse. Era la rana. No retrocedía a pesar de la situación. Bien.
Corrí hasta que tuve al cuerpo de aquella máquina del demonio a 5 metros y salté para tenerle a tiro y dije:
SILVERQUAKE, justo cuando le encajé un derechazo cruzado de forma perpendicular en la cabeza. El aire se quebró y su cuerpo crujió. La onda de choque explotó más fuerte de lo normal. Sin perder ni un instante volví a cargar mis dos manos y esta vez le conecté dos golpes más, también perpendiculares en sus rodillas, mi zurda a su rodilla derecha y viceversa. Ambos golpes explotaron también. Sabía que aquella bestia no tardaría en reaccionar, así que me alejé del sitio, saltando 15 metros de vuelta en la dirección de la que había venido, sin quitarle ni un instante la mirada de la bestia. El cazador era yo, no él.
Atentos todos. El plan sigue en pie. Denle con todo-Gin dije a mis compañeros sin verlos, mientras sostenía la mirada contra aquella máquina maldita, con mis brazos en guardia y mis puños apretados. No pensaba darle tregua a esta hojalata.
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